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ABC MARTES 27 12 2005 Cultura 55 EL GENOMA LITERARIO FERNANDO IWASAKI Agatha Christie, en su casa de Wallingford, Berkshire ABC i algo demuestra que el personal se aburre en las universidades es que cada cierto tiempo aparece alguien con una investigación absolutamente chorra, creyendo que ha puesto el huevo filosofal ¿Cómo se cóme éso de que el éxito de Agatha Christie se debe a la segregación de serotonina y endorfinas que ciertos neurolingüistas pretenden reproducir a través de un programa que ha descifrado las pautas neuroinformáticas de las novelas de Agatha Christie? Hay que ser lingüista computacional para zambullirse en un charco así. Creo en el talento individual de artistas y escritores, y estoy absolutamente convencido de que ninguna máquina o programa sería capaz de sustituir al individuo creador. Imaginemos que en lugar de las novelas de Agatha Christie, los neurolingüistas de marras vuelcan en sus ordenadores las recetas de cientos de libros de cocina. ¿Alimentarían a sus hijos con los platillos inventados por las computadoras? Probablemente no, porque las palabras más repetidas nunca serían las que equivalen a los mejores ingredientes, sino más bien a los condimentos. A fines de los 60, la multinacional IBM se propuso volcar en un súpercomputador los datos de los Beatles y de los mejores músicos norteamericanos, con la finalidad de acabar con la hegemonía musical del cuarteto de Liverpool. El resultado fue una banda llamada los Monkeys, que fracasó estrepitosamente a pesar de las series de TV, de las millonarias campañas publicitarias y de los mashup musicales fraguados por ordenador, porque nunca- nunca- nunca fueron los Monkeys una competencia real para los Beatles. ¿Entonces por qué tendría que funcionar el invento con Agatha Christie? No seré yo quien niegue que los lectores segreguen más serotonina y endorfinas en cuanto lean palabras como chica agradable o sonrió pero soy de los que piensan que una cosa es la lingüística y otra cosa es el lenguaje. ¿Por qué nos conmueve un poema? Porque aparte de los signos lingüísticos existen la memoria, la experiencia y las vivencias que dotan de sentido a aquellos signos. Por lo tanto, si al amable y bucólico lector jamás le ha sonreído una chica agradable, lo más probable es que no segregue ni mijita. Hace más de un siglo Pavlov descubrió que su perro empezaba a salivar en cuanto escuchaba el tañido de la campana que anunciaba la comida. Cien años más tarde, un neurolingüista descubre que comenzamos a serotoninar y endorfinar en cuanto leemos ciertas palabras. ¿Y quién dice que sólo sería posible conseguirlo leyendo palabras cognoscibles? Me viene a la cabeza el célebre capítulo 68 de Rayuela y se me sale la serotonina apenas recuerdo que cuando él le amala- S Una cosa es la lingüística y otra cosa es el lenguaje. ¿Por qué nos conmueve un poema? Porque aparte de los signos lingüísticos existen la memoria y la experiencia ba el noema, a ella se le agolpaba el clémiso ¿A quién no le gustaría que lo ordopenaran hasta el límite de las gunfias Me endorfino de sólo pensarlo. Todos los escritores dueños de un estilo y de una prosa original son susceptibles de ser dilucidados por un neurolingüista a través de sus pautas neuroinformáticas. Pienso en las fórmulas retóricas de los poemas homéricos, por ejemplo. Pienso en la inconfundible prosa borgeana, por caso. Pienso en las ficciones de sir Arthur Conan Doyle o H. P. Lovecraft, cuya eficacia narrativa depende de ciertas convenciones y repeticiones. ¿El éxito de Sostiene Pereira se explicaría por la cantidad de veces que sostiene Pereira ¿Y qué pasaría con Finnegans Wake de James Joyce? Desde que los científicos descifraron la secuencia completa de los tres mil millones de letras químicas del genoma humano se ha producido un repentino auge de la ciencia- ficción, la política- ficción y ahora la literatura- ficción. El genoma literario de Agatha Christie ha sido descifrado y pronto le seguirán el de Kipling, Proust o García Márquez, aunque este último ya lo descifró Isabel Allende. Pero no. Lo primero que el personal tiene que saber es que la clonación, los programas informáticos y la manipulación neurolingüística no garantizan ni la repetición de obras literarias ni la repetición de individuos. Como en el caso de los signos lingüísticos en la poesía, un individuo no es solamente su carga genética, sino la suma de sus experiencias. Podríamos tener ADN de Sigmund Freud y clonarlo para los restos, pero ese clon de Freud nunca barruntaría nuevas teorías psicoanalíticas, porque Freud sin su mamá no habría intuido el complejo de Edipo. ¿Qué le diría Ortega y Gasset a su clon? Tú eres yo, pero sin mis circunstancias Y lo segundo que el personal debe saber es que la neurolingüística puede ser una carrera muy apañada para nuestros hijos, porque dentro de poco todos los discursos electorales serán redactados según las pautas neuroinformáticas de las revistas de cotilleo y de los periódicos deportivos.