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ABC LUNES 26 12 2005 51 Tomás Marco estrenará mañana en Albacete su ópera El Caballero de la Triste Figura Sophie Auster, hija del escritor norteamericano Paul Auster, debuta a los 18 años con su disco Actes sud DE QUIÉN SON NUESTRAS TINIEBLAS JESÚS GARCÍA CALERO Retrato del melancólico Jovellanos, de Goya, también presente en la muestra, lo mismo que esta obra renacentista de Hilliard lía. 5. El XVIII: las Luces y sus sombras. 6. El Romanticismo, o la muerte de Dios. 7. La naturalización de la melancolía en la era de la psiquiatría. Y 8. Melancolía de los tiempos modernos, el ángel de la Historia. Clair ha trabajado veinte años en componer y recomponer los elementos de ese inmenso fresco, que ha tardado casi una década en llegar a ser una realidad material definitiva, con un éxito rotundo. La exposición deslumbra y está acompañada por un centenar de obras, ensayos, antologías, glosando la historia de la misteriosa imbricación de genio, locura y melancolía. Un proyecto muy ambicioso y brillante. Algunas de estas obras, como los grandes óleos de David Caspar Friedrich, o la Melancolía de Durero, han sido objeto de legendarias exégesis de los más grandes maestros, como Panofski. Sin embargo, el talento, la erudición y la inmensa finura crítica de Jean Clair radican en su meticuloso trabajo de coleccionista buscando, descubriendo y catalogando el rastro fáustico de la melancolía a través de toda la historia general de nuestras artes y culturas, hasta discernir algunos rasgos esenciales, semilla de incontables obras maestras y enfermedad del espíritu que ha devorado a hombres y pueblos. La historia de la filosofía (Pascal, etc. la medi- Seña de identidad España hubiese merecido un capítulo entero de la muestra. O una exposición semejante, paralela, para ilustrar cómo esa enfermedad del espíritu ha sido un motor saturnal de la historia española. Quevedo y Goya son dos de los pilares fundacionales del proyecto que se desprende de esa magna exposición. Don Quijote, el Cántico Espiritual y Goya serían la epifanía del Saturno español que devora a sus hijos en el celebérrimo cuadro. El retrato de Jovellanos es otro rostro melancólico de la misma historia, un hombre que intenta combatir la pesadilla de la España negra. Jean Clair ha evitado cualquier nacionalismo a la hora de esbozar la cartografía de su exposición, donde la cronología sirve de hilo conductor. Las breves pero capitales pinceladas hispánicas (Goya) son suficientes para poner en evidencia que la melancolía de nuestro Saturno es algo más que una pintura negra es una enigmática y pavorosa seña de identidad cainita. cina (Freud, etc. la religión (San Juan o Port- Royal, etc. las literaturas (Burton, etc. son el contrapunto indispensable que el gran arte ilustra de manera soberana, abriendo inmensos campos de trabajo y sugestiones. Para el gran público La exposición demuestra que el genio y la locura de la melancolía fueron y quizá sigan siendo uno de los motores del arte y las culturas donde se funda nuestra civilización. Al mismo tiempo, basta recordar a Quevedo Miré los muros de la patria mía... o el Saturno de Goya, sin olvidar el Ángel de la historia de Klee Walter Benjamín, para advertir hasta qué punto esa enfermedad del espíritu tiene una diversión carnívora, palmaria y desolada. Melancolía. Genio y locura en Occidente también es una exposición pedagógica, dirigida al gran público. Los especialistas y el público más o menos culto descubrirán inmensos territorios por explorar. Pero el gran público descubre algo todavía más precioso: fabulosos mares y corrientes iluminados por una luz tan pura y nueva como melancólica. Pero, de alguna manera, la exposición que ha desplegado sus alas en el Grand Palais de París también cuenta el melancólico viaje del eclipse, el ocaso histórico de Europa. a melancolía- -etimológicamente, bilis negra- es el humor tenebroso que excede la naturaleza de otras enfermedades, que se conforman con atacar al cuerpo o bien afectar al ánimo. Pese a estar documentada desde la Antigüedad- -fue motivo en el islam para recomendar la ingesta de vino- resulta una enfermedad en extremo contemporánea. Pero la melancolía no es mera acidia, sino que otorga al enfermo un regusto por su estado del que sólo le distraen las cosas bellas: de ahí su importancia en la historia de la cultura. Le distraen en la medida que le concentran, ¡oh, círculo vicioso! Y aquí entra el museo. Objetos inútiles, bellísimos, simbólicos, de significado dudoso y maleable, como el ánimo crepuscular: gemas, sustancias nobles de variado origen: el ámbar o el bezoar, el coral o el oro, la madreperla o el marfil. Objetos para contemplarse uno mismo mirándolos, objetos sujetos- -a uno mismo- que ceñimos a nuestros sentidos agrisados, fetiches para días de fina lluvia o tiradas de dados trucadas para cada nueva respiración. Puestos uno contra otro forman, qué duda cabe, un museo de rarezas maravillosas, de arte extraño e inútil. Curiosa afinidad- -Jean Claire la destaca- -la del hombre que debía ser la medida de todo: abundan los compases, las escuadras, los astrolabios- -con su cuadrante de sombras- los péndulos y todo aquello que simboliza el inútil afán humano de medir la realidad, algo que nos define como especie. Y relojes, pequeños autómatas que nos hacen soñar con ser dueños del tiempo que, tarde o temprano, más nos siega que nos sosiega. El mundo gira y gira melancólicamente. Y nosotros, pasajeros del mundo, escrutamos nuestra tiniebla desde la oscura lucidez de la melancolía. Porque ya lo dijo René Char: En nuestras tinieblas no hay un sitio para la Belleza. Todo el sitio es para la Belleza L Las Luces y sus sombras El siglo XVIII crea un orden racional del que la melancolía es desterrada y enviada a los estratos de la sinrazón y la locura, el asilo y el manicomio. Mas la razón acaba dibujando el contorno de su contraria: la subjetividad interior. De su exploración nacerá el Romanticismo. Dios ha muerto En pleno Romanticismo Nietzsche proclama la muerte de Dios y desde entonces la soledad del hombre está prisionera en el mundo. La melancolía se radicaliza, es desesperación (Baudelaire) la que el arte retrata con el hombre en medio de la gran ciudad. La naturalización Nace la psiquiatría y la melancolía- -lo mismo que su otro polo, la manía- -se convierte en privilegiado objeto de estudio, en uno de los topos de la nueva ciencia del hombre. En ese contexto, Van Gogh retrata a su querido doctor Paul Gachet. El ángel de la Historia Todo se agrava con los efectos de la historia y el final catastrófico de las ideologías y las utopías sociales. La estética aleja del mundo y el totalitarismo favorece el repliegue melancólico. El arte atraviesa estos infiernos- -a veces invisibles- -con Zoran Music o Hopper.