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ABC LUNES 26 12 2005 Opinión 5 MEDITACIONES GANSO MERKEL A figura de Angela Merkel, la mujer que desatascó la última cumbre comunitaria, se hace grande, dentro y fuera de Alemania, a medida que pasan los días. Su manera de preparar el ganso navideño- -lavarlo, salarlo, rellenarlo con hierbas y manzana y después coserlo- -ha sorprendido gratamente a los alemanes, que poco a poco van descubriendo el lado más amable de una mujer que ha hecho de la normalidad una de sus más atractivas señas de identidad. Merkel, el valor de lo corriente, ha conseguido granjearse la simpatía de quienes antes la veían gris, fría y distante. El ganso de la canciller, que debe criarse en libertad- -en la medida de lo posible- -y huir de la grasa, ha sido un hallazgo que ha disparado su popularidad cuando se cumple apenas un mes de su llegada al Gobierno. MARCO AURELIO L LEER Y PENSAR QUÉ GRANDE ES EL CINE FRANCIA EN DECLIVE DE NICOLAS BAVEREZ Gota a Gota Madrid, 2005 118 páginas 19 euros Aviso para navegantes Nicolas Baverez ha escrito un excelente trabajo en que diagnostica con precisión las causas que han hecho de Francia un país, según reza el título del libro, en declive. ¿Por qué Francia, como señala el autor, se ha convertido en el enfermo de Europa? Porque las instituciones combinan autocracia e impotencia, porque la autoridad va a la baja y la irresponsabilidad al alza, porque la presidencia acumula reveses políticos y diplomáticos. Y a todo ello hay que añadir una economía de productividad limitada, una alta tasa de desempleo y una deslocalización al orden del día. ¿Qué hacer? Recuperar la autoridad y la responsabilidad políticas perdidas, superar la demagogia y el aislamiento diplomático, olvidarse de apadrinar supuestas grandes causas que se agotan en sí mismas, responder al desafío del terrorismo y a la balcanización del planeta, liberalizar la economía, flexibilizar el mercado laboral, invertir en innovación e investigación y desarrollo. Si es cierto que Nicolas Baverez está pensando en Francia, no es menos cierto que el lector español se siente aludido por el análisis del ensayista francés. ¿O es que quizá no podría escribirse un libro titulado España en declive Un aviso para navegantes. MIQUEL PORTA PERALES STA noche se emitirá por última vez Qué grande es el cine Aguardo con expectación la despedida de José Luis Garci a los espectadores, en la que imagino que explicará las razones por las que un programa ya longevo- -algo más de diez años- -desaparece de la pantalla; razones que me resisto a creer que se reduzcan a ese mutuo acuerdo que divulgaron hace algunas semanas las notas de prensa. Pero, dejando a un lado este extremo controvertido, quisiera rendir homenaje a un programa sin otra divisa que la proclamación de un amor tumultuoso y sin condiciones al cine, que es tanto como decir a la vida. Estrenado en la época de García Candau, cuando gobernaban los socialistas, el programa fue removido por aquella efímera Mónica Ridruejo que los populares colocaron como directora de RTVE; a buen seguro, aquel apartamiento JUAN MANUEL fue un acto reflejo de sectarismo, DE PRADA luego por fortuna reparado. Sospecho que este segundo apartamiento no se reparará. Así se consumará la paradoja: un programa cuyo estreno propició un gobierno socialista será finiquitado cuando los socialistas vuelven a estar en el poder. Por Qué grande es el cine han desfilado colaboradores de las más diversas adscripciones ideológicas. Quizá esta sea la enseñanza más hermosa del programa: más allá de las naturales discrepancias, el cine se erigía para todos en un bendito oasis de entendimiento. Como colaborador del programa, tengo que resaltar también que los debates que seguían a la proyección de las películas eran siempre una formidable excusa para la discusión estética e intelectual, algo a lo que desgraciadamente parece haber renunciado el medio televisivo. En Qué grande es el cine se diseccionaba la película que ese día se había programado, pero con E frecuencia la película en cuestión se convertía en una gozosa coartada para hablar de literatura, de arte y, en general, de todas esas efusiones del espíritu que hacen más transitable nuestra andadura por la tierra. Y todo ello, además, sin que nadie avasallase a nadie. Quizá a este clima de cordial fluencia colaborase un hecho en sí mismo anecdótico, pero extrañamente significativo: Qué grande es el cine era el único programa de la televisión mundial donde no estaba prohibido fumar. En realidad, allí nada estaba prohibido, salvo la falta de pasión. Nunca fue Qué grande es el cine un programa mimado, o siquiera respetado en la medida de sus merecimientos. Empujado hacia horarios progresivamente tardíos que exigían a sus espectadores una aportación de heroísmo o una propensión al insomnio, escasa y desganadamente promocionado, desplazado arbitraria o alevosamente en su fecha de emisión, a veces insuficientemente provisto de películas (que, sin embargo, eran luego emitidas en la madrugada) la historia de Qué grande es el cine es la crónica de una supervivencia contra tirios y troyanos. Incluso se empezaron a divulgar especies afrentosas contra los colaboradores del programa: que si eran tipos (y tipas) pedantes (ahora, por lo que se ve, la pasión es pedantería) que si cobraban millonadas (cuando lo cierto es que se trataba del programa más módicamente pagado y de costes más exiguos de cuantos amueblan la parrilla televisiva) y no sé cuántas vilezas más. Pero los espectadores que han distinguido Qué grande es el cine con su fidelidad numantina saben que, mientras duró o lo dejaron durar, este programa fue un remanso donde florecía la inteligencia. Ojalá ese remanso ahora borrado de la programación se mantenga vivo en su memoria, con ese resplandor plateado, levemente tamizado de humo, que tienen las mejores películas y los mejores sueños.