Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
4 Opinión LUNES 26 12 2005 ABC PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO LUCA DE TENA PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA CONSEJERO DELEGADO: SANTIAGO ALONSO PANIAGUA DIRECTOR: JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS Directores Adjuntos: Eduardo San Martín, Juan Carlos Martínez Subdirectores: Santiago Castelo, Rodrigo Gutiérrez, Carlos Maribona, Fernando R. Lafuente, Juan María Gastaca, Alberto Pérez Jefes de área: Jaime González (Opinión) Mayte Alcaraz (Nacional) Miguel Salvatierra (Internacional) Alberto Aguirre de Cárcer (Sociedad- Cultura) Ángel Laso (Economía) Jesús Aycart (Arte) Adjunto al director: Ramón Pérez- Maura Redactores jefes: V. A. Pérez, S. Guijarro (Continuidad) A. Collado, M. Erice (Nacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura) E. Ortego (Deportes) F. Álvarez (TV- Comunicación) L. del Álamo (Diseño) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) Director General: Héctor Casado Económico- financiero: José María Cea Comercial: Laura Múgica Producción y sistemas: Francisco García Mendívil UN INTELECTUAL DE SU TIEMPO E EL REY Y EL CONSENSO CONSTITUCIONAL OBRE el Rey y su función constitucional se han escrito y se han dicho cosas fuera de lugar. Para la izquierda republicana el Jefe del Estado debería abstenerse de cualquier pronunciamiento o intervención de carácter político; para una derecha extremosa y abrupta, Don Juan Carlos tendría que implicarse activamente y de forma comprometida en la política cotidiana para una defensa, supuestamente más eficaz, de determinados valores constitucionales y, en particular, el de la unidad nacional. Sin embargo, el Rey ha estado y está en su sitio. Ni debe callar lo que ha dicho ni es conforme a su función constitucional pronunciarse en foros distintos y de maneras diferentes a los que ha utilizado para hacer vigentes los principios constitucionales más básicos de nuestra convivencia. Sus mensajes navideños- -que hoy ABC repasa de manera exhaustiva- -demuestran que el Rey, con firmeza pero con argumentos persuasivos, ha venido apelando a los criterios que hicieron de la Transición un capítulo ejemplar en todo el mundo occidental. La afirmación del Monarca según la cual España es una gran Nación encierra un nítido llamamiento a las fuerzas políticas parlamentarias para que no alteren la sustancia de la cohesión de los pueblos de España que alcanzó en la Constitución de 1978 una doble formulación, útil y, a la vez, respetuosa con el desafío de la unidad. Las preocupaciones del Rey, puestas de manifiesto en el mensaje del pasado sábado, conectan de la misma manera con las inquietudes profundas de la sociedad española y demuestran que el Jefe del Estado ha establecido desde su proclamación- -este año ha hecho tres décadas- -una singularísima sintonía con el pueblo español, que, sin atavismos ni visceralidades, sino con sentido común y de la historia, sigue apostando claramente por la forma monárquica del Estado frente a escarceos demagógicos- -supuestamente progresistas- -que tratan de recuperar una especie de mitología republicana. La legitimidad de la Monarquía española, que la Constitución se limita a reinstaurar en Don Juan Carlos y en sus sucesores, no procede de ningún título otorgado, sino de la dinámica histórica, de la fidelidad dinástica y del respaldo democrático a la Constitución de 1978. No puede olvidarse que- -como hoy también se rememo- S ra en las páginas de ABC- -en pleno franquismo, el 19 de marzo de 1945, el padre del Rey, Don Juan de Borbón, Conde de Barcelona, expuso a los españoles desde el exilio de Lausana (Suiza) su apuesta y la de la dinastía por un régimen parlamentario plenamente democrático. Sesenta años después, su hijo, Don Juan Carlos, atenido a un estatuto constitucional que le permite amplias facultades de arbitraje y moderación para el ejercicio de su alta magistratura, puede contemplar con satisfacción cómo la Corona ha hecho realidad aquella aspiración. Se refirió Don Juan Carlos al nacimiento de su última nieta, la Infanta Leonor, primogénita de los Príncipes de Asturias, que, en palabras del Rey, amplía y garantiza la sucesión Oportuna referencia que es también una contundente invocación a un futuro de la propia institución que, con su habitual capacidad de adaptación, está llamada a ofrecer a nuestro país una instancia de permanente estabilidad. La Monarquía requiere de un basamento jurídicoconstitucional que sea coherente con su propio origen y funcionamiento. El Estado autonómico, que se fundamenta en la unidad nacional y en la autonomía de las regiones y nacionalidades de España, constituye una fórmula idónea para conciliar intereses contrapuestos y atemperar las tradicionales tensiones segregacionistas que algunos territorios españoles han venido planteando desde hace muchas décadas. En definitiva: la Monarquía es la forma de Estado que se erige en la mejor y más idónea, suprapartidista y equilibradora. Los mensajes del Rey- -uno tras otro- sus comportamientos, siempre dentro de los márgenes de la Constitución; la discreción con la que ejerce sus competencias cerca de las fuerzas políticasy las instituciones, y su enorme autoridad moral componen el cuadro de una Jefatura del Estado que es, sin duda, de los mejores logros de la democracia española. Quienes pretendan desestabilizarlo se equivocarán, porque, aunque la Corona carece de elementos de coerción para defenderse, concita el consenso, el afecto y el respeto mayoritarios, de tal manera que, además de ser una institución política, es histórica, social y cultural. De ahí su arraigo y la empatía del Rey con su pueblo. N el primer mensaje navideño de su pontificado, el Papa Benedicto XVI instó a la construcción de un nuevo orden mundial basado en relaciones éticas y económicas justas, revelador diagnóstico que pone de manifiesto unos planteamientos que distan mucho de esa visión conservadora que, en su acepción más reduccionista y peyorativa, aducen los críticos de la figura del Santo Padre. En un discurso en el que la palabra más pronunciada fue paz el Papa hizo un recorrido por los grandes problemas del mundo para detenerse especialmente en el terrorismo, la pobreza humillante la proliferación de las armas, las pandemias o el deterioro ambiental, entre otros grandes asuntos. No fue una mera relación de males y desgracias mundiales, porque el Papa aportó, con arrojo y sin complejos, su particular visión, demostrando en todo momento un conocimiento sobre el terreno que desmonta las críticas interesadas de quienes pretenden presentarlo como un hombre de Benedicto XVI AP REPLIEGUE DE IRAK UANDO el presidente Bush parecía reponerse de la depresión demoscópica norteamericana que comenzaba a reflejar el reproche por la invasión de Irak, nuevas dificultades le acosan. De una parte, el Congreso le está regateando la prórroga de la normativa antiterrorista- -la llamada Patriot Act -adoptada con carácter excepcional tras el 11- S; y de otra, están saliendo a la luz prácticas de espionaje telefónico no sólo en los Estados Unidos, sino, desde allí, sobre las comunicaciones en terceros países. Mientras tanto, el secretario de Estado de Defensa ha visitado Bagdad y ha asegurado que, de manera progresiva y en función de las circunstancias internas- -y entre ellas, el resultado y aceptación de las elecciones en Irak- las tropas de la coalición se irán retirando. De modo inmediato lo harán hasta 8.000 de los casi 140.000 soldados norteamericanos, pero los ritmos se escapan a la agenda de la Casa Blanca y dependen de circunstancias muy aleatorias. Sea como fuere, lo cierto es que el sistema norteamericano se enfrenta a decisiones sustanciales: cerrar, cuando sea posible, el capítulo de la intervención en Irak en unas C condiciones que justifiquen la guerra y, de modo más doméstico, encontrar el punto de equilibrio entre la seguridad y la libertad. Lo mismo que en Gran Bretaña con la política de Tony Blair, en Estados Unidos George Bush considera que sólo reforzando las facultades ejecutivas de control para ganar en seguridad se logra hacer más sólida y consecuente la libertad. La capacidad del terrorismo para utilizar la tecnología- -sea la telefonía móvil o la red- -como instrumento de sus propósitos criminales emplaza a los legisladores y a los gobiernos a someter a revisión equilibrios anteriores y optar por fórmulas- -las llamadas del mal menor -que compatibilicen mejor que ahora la libertad y la seguridad. El espionaje- -que desmantela el derecho a la intimidad y reduce las garantías de la ciudadanía frente a los poderes públicos- -es una práctica que debe someterse a controles judiciales, que deben velar, además, por la utilización de las facultades de los Ejecutivos en este ámbito. Se trata de que la guerra de Irak no produzca más daños colaterales que los estrictamente necesarios. rígidos e inflexibles planteamientos, confundiendo, interesadamente, las convicciones y los principios con una supuesta ideología reaccionaria. Benedicto XVI, que desde el punto de vista formal ha impuesto una notable impronta personal a sus intervenciones públicas y unos modos y maneras diferentes a los de su predecesor a la hora de comunicarse, realizó un contundente y esperanzador alegato en favor de la unidad- una Humanidad unida podrá afrontar los numerosos problemas demostrando un conocimiento exhaustivo y detallado de las grandes dolencias y conflictos mundiales. Especialmente significativa fue su visión de las nuevas tecnologías y su deriva ética. Es verdad que en los últimos siglos se han logrado muchos progresos en el campo técnico y científico. Pero si el hombre de la era tecnológica- -dijo- -se encamina hacia una atrofia espiritual y a un vacío del corazón, corre el riesgo de ser víctima de los mismos éxitos de su inteligencia y de los resultados de sus capacidades operativas Acertado diagnóstico que evidencia la capacidad moral e intelectual del Santo Padre y su valerosa y decidida apuesta por la espiritualidad en conexión permanente con la razón. Benedicto XVI pone en su justa dimensión el valor de los avances en la llamada edad moderna, pero rechaza taxativamente que la ciencia y las nuevas tecnologías sirvan, por sí solas, para iluminar al hombre y al mundo