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16 Nacional POLÉMICA POR LA BURLA AL PRESIDENTE ELECTO DE BOLIVIA SÁBADO 24 12 2005 ABC La Cope asume que Losantos ha traspasado la línea marcada por los estatutos de la cadena Los gobiernos de Bolivia y de España dan por zanjado el incidente tras las excusas públicas b El secretario general del PP, Ángel Acebes, acusa a Moncloa de exagerar el incidente y de buscar el enfrentamiento con la cadena de los obispos G. LÓPEZ ALBA C. DE LA HOZ MADRID. La cadena Cope, cuya titularidad corresponde a la Conferencia Episcopal, asumió ayer, tras reunir a su Consejo de Administración, que Federico Jiménez Losantos, responsable del espacio en el que se emitió la burla al presidente electo de Bolivia, Evo Morales, ha traspasado la línea marcada por los Estatutos de Radio Popular (Cope) que exigen el debido respeto a las personas y a las instituciones legítimas según un comunicado leído en un informativo de la emisora emitido al comienzo de la tarde. Tras las disculpas públicas de la cadena, los gobiernos de Bolivia y de España dieron por zanjado el incidente, que ha provocado un conflicto diplomático entre ambos países e involucrado al Vaticano. El secretario de Estado de Comuni- Comunicado de la Cope Ante la polémica suscitada por la actuación del Grupo Risa el pasado miércoles en La Mañana de la Cope, el Consejo de Administración de esta Cadena desea aclarar que nunca ha sido su intención faltar al respeto al presidente electo de Bolivia, ni dificultar el normal desenvolvimiento de las relaciones internacionales de nuestro país. Por eso, lamentamos que dicha actuación haya traspasado la línea marcada por los Estatutos de Radio Popular, que exigen el debido respeto a las personas y a las instituciones legítimas. En consecuencia, el Consejo de Administración de Cope pide disculpas por la mencionada emisión a las personas e instituciones afectadas. En todo caso, la mencionada actuación tuvo lugar en un contexto humorístico que sólo pretendía provocar la diversión al hilo de la actualidad. Por último, la Cadena Cope manifiesta su aprecio y respeto por el pueblo y las instituciones democráticas de Bolivia, un país hermano al que deseamos los mejores éxitos para el futuro Evo Morales, ayer, a su llegada a la sede del sindicato de los mineros bolivianos cación, Fernando Moraleda, manifestó que el Gobierno da el incidente por zanjado después de que la cadena de la Conferencia Episcopal haya pedido disculpas y también, y esto es importante, de que la embajada de Bolivia en Madrid se haya dado por satisfecha por las explicaciones Minutos antes, el encargado de negocios de la embajada de Bolivia en España, Álvaro Pozo, previa consulta a su cancillería, manifestó que su país se da por satisfecho con las excusas de ayer, al tratarse de una disculpa pública que hace mención al candidato electo y al pueblo boliviano tal y co- EL RENCOR, MAL CONSEJERO CARLOS SECO SERRANO C REO que el máximo error del Gobierno Rodríguez Zapatero- al que yo saludé con esperanza, y no me duelen prendas, cuando tomó la decisión de retirar nuestras tropas de Irak- ha sido su empeño evidente en resucitar la guerra civil. El actual Presidente vive en el rencor. No le satisfizo la modélica transición que propició el Rey y llevó a cabo Adolfo Suárez, porque aquella reconciliación de las dos Españas se basaba en el olvido- ambas tenían mucho que olvidar- Para Rodríguez Zapatero, la transición debió consistir, por parte de la España vencedora- que conservaba todos los poderes- en el contrito reconocimiento de que la razón estaba con la España vencida; de que sólo en aquella- la vencedora- hubo crímenes y represión sangrienta; en fin, en una inversión de los términos España- anti España ahora a favor de la proscrita por Franco. Desgraciadamente, la verdad vivida por los que fuimos testigos de aque- lla catástrofe- que catástrofe sin paliativos fue- es que la guerra incivil- así la llamaría justamente Unamuno- estalló, como el resultado final de la división entre dos Españas que, ya radicalmente enfrentadas durante los breves años de la II República, se vieron separadas por simas de odio y de sangre en 1936. A partir de aquí, las culpas se repartieron a partes iguales; pero lo cierto es que el desafío inicial- el repudio de la templanza- vino desde la izquierda, y lo formuló de manera explícita Álvaro Albornoz con aquella desdichada frase: No más abrazos de Vergara, no más pactos del Pardo. Si quieren hacer la guerra civil, que la hagan (corría el año 1932) Aunque parezca paradójico, la larga duración del régimen impuesto por los vencedores facilitó el éxito de la reconciliación preconizada y llevada a feliz término por don Juan Carlos. Se habían sucedido varias generaciones desde la catástrofe; y fue posible que el anhelo de libertad democrática se expresara en aquel lema tan repetido entonces. ¡Libertad sin ira, libertad! Para los que pensaban, y piensan, como Zapatero, debió gritarse algo muy distinto: Libertad con ira Siempre he pensado que el episodio en que quedó, por fin cumplido el mensaje y el programa de paz interior preconizado por el Rey tuvo lugar en el verano de 1976 y durante la visita que don Juan Carlos hizo a Galicia: cuando éste rectificó- devolviéndole su auténtico significado- el artículo del Código de Justicia Militar que aplicaba la máxima pena a los rebeldes contra el Gobierno legítimamente constituido; artículo que según los salvadores de 1936 se aplicaría precisamente a los que no se quisieron rebelar en 1936. El Rey devolvió el honor a cuantos habían sido víctimas de su estricto sentido del deber. Pero sin contrapartida vindicativa alguna para los que entonces lo entendieron de otra mane- ra. Era un símbolo, y mucho más que un símbolo. Los seguidores de Zapatero no lo ven así. En el programa de los que hoy intentan revivir a su favor la guerra que perdieron, se incluye el empeño de demostrar lo indemostrable: esto es, que la llamada primavera trágica nada tuvo de trágica; que España vivía en el mejor de los mundos durante aquellos meses de 1936. Es curioso que los historiadores británicos que ahora pretenden asumir la reconstrucción objetiva de los hechos, para que los españoles nos enteremos de una vez, se afanen- con petulancia indudable- en el mismo sentido. Me ha hecho mucha gracia el terminante desmentido que el hoy tan leído Beevor aplica a la leyenda según la cual, las mujeres del Frente Popular coreaban este edificante lema: ¡Hijos sí, maridos no! ¡Cuántas veces lo escuché yo, en 1936, por las calles de Melilla! Aunque se trate de detalles al parecer inocuos, igualmente el ilustre historiador demuestra su ignorancia cuando atribuye el sincorbatismo impuesto por los revolucionarios, a que hacía mucho calor en Madrid por entonces. (He recordado el delicioso artículo en que el hoy injustamen-