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ABC SÁBADO 24 12 2005 Opinión 7 ÁNGEL CÓRDOBA de producir una norma, la ley Audiovisual, que ha causado perplejidad, inquietud y rechazo en el mundo de la información. La oposición al texto legal es prácticamente unánime entre los representantes de la profesión periodística y se basa, principalmente, en una cuestión que conviene analizar con detalle. Sólo así puede llegarse a un correcto entendimiento de lo que de verdad se esconde en el debate que acaba de abrirse, y cuyo final me atrevo a augurar líneas más abajo. Se recrimina a la norma- -y por ende a sus patrocinadores- -que restablezca, sin llamarlo así, un sistema de control político de la información. La posibilidad de que un órgano de origen político, en virtud de una resolución de naturaleza administrativa- -aun cuando ésta siempre sea controlable por los jueces- pueda incluso suspender un medio de comunicación no tiene sólo que ver con la prohibición constitucional (también en su artículo 20) de la censura previa, sino más aún con el derecho de todos a saber, de la que ésta no es sino una salvaguardia. Estoy convencido de que es un error político y, sobre todo, jurídico enfrentarse al mundo informativo de esta forma. Conviene recordar una vez más que la libertad de expresión es fundamento y condición necesaria del propio sistema democrático, del que gozan por igual todos los ciudadanos, a los que protege frente a cualquier injerencia de los poderes públicos que no esté apoyada en la Ley, e incluso frente a la propia Ley en cuanto ésta intente fijar otros límites que los que la propia Constitución admite (sentencia del Tribunal Constitucional 12 82, de 31 de marzo) El Parlamento de Cataluña acabará rectificando, bien por decisión propia tras la avalancha de críticas fundadas, bien por imposición del Tribunal Constitucional. LA ESPUMA DE LOS DÍAS VERDADES Y MENTIRAS ORAS y horas de debate parlamentario para saber si un resultado es un éxito o no dan que pensar en el relativismo de las verdades y en el absolutismo de las mentiras. Sin embargo, lo esencial de la verdad es que sólo hay una- la tuya, guárdatela mientras que las mentiras son múltiples y compatibles. En el debate sobre los presupuestos europeos para el período 2007- 2013, primero vino el desacuerdo sobre los resultados en términos numéricos, y ahí Rajoy y Zapatero dieron suficientes pistas para que cualquier espectador neutral se percatara de que España va a perder muchos euros. Entre la polvareda de términos de pago y MANUEL ÁNGEL términos de compromiMARTÍN so de flecos y retales, de porcentajes y estimaciones, el españolito vislumbra que vendrán 43.000 o 39.000 millones de euros menos, y tiembla o se queda indiferente según sea de sensible a las cifras astronómicas o a las profecías apocalípticas. Pero después tienen importancia dialéctica las razones: si es porque somos más ricos, si es porque Aznar dejó una herencia ruinosa o porque el Gobierno actual no hace los deberes, negocia mal, sonríe demasiado o se cansa pronto. Alguna cosa saltó a la vista, como que a Zapatero le ponen en las fotos de familia casi en el marco y que Merkel no es dicharachera ni entra al trapo de la simpatía del español. Finalmente, una vez rechazado el acuerdo sobre resultados y razones, se acomete con vehemencia la disparidad en las valoraciones, o sea si el desenlace puede considerarse un éxito o no, siendo ésta la verdad suprema, la que tiene venta y resume toda la anterior hojarasca contable y argumentativa. Aquí no hay matices ni vasos a medias, sino visiones exaltadas de recipientes rebosados, de un lado, y otras que sólo ven el vaso tan vacío que es epítome de la pertinaz sequía que nos invade. Nuestro presidente siempre y en todo se valora muy alto, por lo que no es raro que la diferencia con la nota que le da la oposición sea grotesca. Allí, en el Congreso de los Diputados, estaban los de CiU para poner unas gotas de seny destilado, también algún lugar común- -que ya es un éxito haber llegado a cualquier acuerdo- -y algún lugar imaginario- -que Europa resucita- y ya de paso hacerse notar como aliado alternativo. Verdad ni mentira existen en política, sino percepciones inducidas, y ahí es donde el poder choca contra algunos medios de comunicación, que son su asignatura pendiente una vez aprobada la voladura de la separación de poderes y la descarada intervención en la economía. Que el poder político pueda taparles la boca o imponer la autocensura es un inicuo sueño totalitario hecho realidad demasiadas veces. Las especiales leyes audiovisuales tienen esa lógica y ese peligro, porque quien define la veracidad define la mentira, la culpa, los fracasos siempre ajenos y los éxitos siempre propios. H goza, a diferencia de las demás, de una clara eficacia institucional, pues se afirma, en última instancia, como garantía de una opinión pública libre, indispensable para la realización del pluralismo político, valor esencial del Estado democrático. Sin ella quedarían sin contenido real otros derechos consagrados por la Constitución. Como decía Benjamín Franklin, no puede existir lo que llamamos libertades públicas sin libertad de expresión No es ésa la dirección que se observa en un acontecimiento recentísimo. El Parlamento de Cataluña acaba He empleado tres años de mi vida en estudiar, en exclusiva, la libertad de expresión y sus límites. Fruto de ese trabajo son mis dos tesis doctorales sobre la materia. Ya la Constitución republicana de 1931, en su artículo 34, establecía la imposibilidad de suspender a ningún periódico sino en virtud de sentencia firme. Así ha sido hasta la aparición de la reciente ley Audiovisual. Con esa imposibilidad se pretende, hoy y ayer, favorecer el clima de libertad necesario para el ejercicio sin trabas de la libertad de información. Quizá sea eso, precisamente, lo que se ha querido combatir con la desafortunada iniciativa legislativa del Parlament. PALABRAS CRUZADAS ¿Debe Zapatero romper las negociaciones sobre el Estatuto? QUE LO DEJEN EGURO que es una barbaridad defender que se abandone definitivamente la negociación, pero semanas de encuentros secretos y filtraciones que indican por dónde van los tiros llevan a la conclusión de que nada bueno va a salir de las negociaciones, excepto que Maragall va a perder el sillón de la Generalitat más pronto que tarde y veremos a Artur Mas allí instalado, lo que sería una buena noticia- -no hay color entre uno y otro- si no fuera porque previamente habrá llegado a unos acuerdos con Zapatero que son nocivos para toda España. Lo que se negocia coloca a Solbes- -de lo mejor del Gobierno- -en una situación imposible, deshará el buen trabajo hecho en la Transición, dará alas a los independentistas radicales vascos, que PILAR juegan a lo que juegan, y obligará a miles CERNUDA de ciudadanos catalanes y no catalanes a replantearse la continuidad de vivir en Cataluña, porque hablar español podrá convertirse en un reto, aparte de un inconveniente insalvable si se pretende trabajar en esa Comunidad. Para salir lo que nos tememos que salga, mejor rompe la baraja. Porque no hay vuelta de hoja: lo que hay es inadmisible, y si sale un Estatut suavizado que permita a Zapatero salvar la cara no se habrá puesto fin a un problema, ya que los nacionalistas no se conformarán con los recortes. Presentarán reivindicaciones en cuanto el Gobierno necesite sus votos. Al tiempo. MEJOR SEGUIR S R OMPER es palabra que en política, y en la vida, resulta poco aconsejable. Mejor, casi siempre, ir poco a poco. Comprendo que esto no me va a colocar entre los más populares de la clase, pero pienso que si Zapatero logra cambiar el Estatut convirtiéndolo en constitucional y que el cuatripartito lo acepte como su norma fundamental habrá prestado un eficaz servicio a la convivencia entre los españoles. Mientras que, si ahora ZP rompe las negociaciones, el conflicto con los nacionalistas catalanes (que son casi todos) se enconará y se perpetuará. Llegados a este punto en el que tantas insensateces se han cometido, me parece que es mejor un Estatut evolucionado hacia las playas de lo tolerable que un no- Estatut que desenterraría las haFERNANDO chas de guerra. Aún es posible que CataJÁUREGUI luña se sienta a gusto en el Estado español, una realidad de siglos a la que yo llamo España. Estamos a punto de conseguirlo, a menos que las voces airadas de los talibanes de uno y otro lado acaben de hundirnos la esperanza. Sí, ZP se ha equivocado bastante en la gestión de este problema, que heredó; Maragall se ha equivocado aún más, y es un problema. Pero la solución reclama pragmatismo, negociación- -que implica que todos traguemos sapos, como siempre- -y paciencia, mucha paciencia. Ahora, como decía Pío Cabanillas, lo urgente es esperar. Y no gritar demasiado fuerte. ¿Y usted qué opina? Déjenos su mensaje o su voto en la página web www. abc. es eldebate