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ABC VIERNES 23 12 2005 Opinión 5 MEDITACIONES HÉLICES UNQUE, tras las fiestas navideñas y en cosa de dos semanas, los quioscos volverán a llenarse de fascículos y cacharritos, hay quienes deciden comenzar una colección a partir de un primer regalo, más o menos simpático, de los que suelen circular estos días en cajas envueltas con papel de colores y lazos. No va a ser el caso de la presidenta de la Comunidad de Madrid, en cuya mesa de trabajo no dejan de aterrizar helicópteros de plástico y hojalata- -todos preciosos y bienintencionados, sobra decirlo- -con los que amigos y compañeros la felicitan por su afortunada y airosa salida del accidente aéreo de Móstoles. Al principio le hacían cierta gracia, pero la cosa está empezando a congestionar el tráfico de su paciencia. Otro helicóptero para el mueble, improvisado hangar de un flota de chascarrillos. MARCO AURELIO A LEER Y PENSAR LECHE EL HUMO DE BIRKENAU DE LIANA MILLU Ediciones El Acantilado Barcelona, 2005 196 páginas 14 euros C Entre tinieblas Hay algo tan brutal como atractivo en este libro, que parece escrito ayer, aunque se editó en 1947. El mismo año que el gran Primo Levi, un presentador tan conmovedor como excepcional, editó Si esto es un hombre Porque de la actualidad de su contenido caben pocas dudas: hace escasas fechas un presidente de Irán negaba el Holocausto. La pisana Liana Millu supo demasiado bien de qué se trataba y sobrevivió para contarlo. Profesora, periodista y resistente fue deportada a Auschwitz- Birkenau y en estos seis relatos sobre la experiencia femenina en las condiciones extremas de un campo de concentración muestra la paradoja de la voluntad humana de vivir contra toda esperanza. Apenas visible en el libro, evoca sobre el humo y la nada los destinos de Lily, enviada a la muerte por celos, la embarazada María, la madre y el hijo que se electrocutan al abrazarse a través de la alambrada, o las hermanas holandesas que eligen destinos distintos, una el burdel, otra el hambre. Más allá de la grosería de tanta maldad brutal, obscena y banal, todas son evocadas con perfiles definidos y despedidas con aprecio: habitan en nuestra memoria. MANUEL LUCENA GIRALDO ONDENSADA. Muy emotivo el elogio de la hojalata por Antonio Burgos, del martes pasado. Nos forjó la hojalata, pero, en Bilbao, a las tapas de los refrescos no les llamábamos tapas ni chapas, como en otras partes, sino iturris. No es el nombre que en vascuence les conviene (iturri vale por fuente, hontanar, manantial) Deriva de una marca de gaseosa, Iturrigorri, tomada a su vez de un topónimo que significa fuente roja y que antaño daba nombre a una romántica vaguada bilbaína, ya echada a perder en tiempos de Unamuno, como él decía, por el fatídico mineral El formato del botellín de Iturrigorri remedaba el de la primitiva cocacola, esa zarzaparrilla yanqui hipócritamente legalizada en su país de origen según Evo Morales, gran esperanza de los cocaleros. A las chapas, los niños andaluces les ponían fotos de Gento y Puskas y jugaban con ellas partidos de fútbol. Los de Bilbao ilustrábamos los iturris con imágenes de Anquetil y JON Bahamontes y les hacíamos correr la JUARISTI Vuelta a España, lo que demuestra que vivíamos en una nación de naciones y no nos dábamos cuenta. Al maestro Burgos lo conocí en Sevilla, el año setenta. Ya no jugábamos a chapas iturris, y menos mal, porque habría sido un problema. No sé qué habríamos podido hacer con una chapa de Marcelino y un iturri de Jesús Loroño. Deduzco, sin embargo, que la Bildung nacional de nuestra generación, por lo que cuenta Burgos, se mantenía, ya entonces a duras penas, sobre el culto común a la leche condensada, con cuyos botes fabricaban zancos Antonio y sus amigos. Yo la asocio, en cambio, con el descubrimiento de la angustia metafísica. En cada bote de leche condensada figuraba una lechera que llevaba sobre la cabeza un bote de leche condensada y en él otra lechera con otro bote y así sucesivamente. Fue la primera puesta en abismo que descubrí, antes de familiarizarme con la etiqueta del Anís del Mono. La lechera del bote era una estupenda variante de la fantasiosa lechera de la fábula de Samaniego, lograda réplica española de otra de La Fontaine. Vecino de Bilbao, donde lo visitaba Jovellanos, Samaniego escribió sus fábulas en verso castellano parala educación moral de los alumnos del Real Seminario Patriótico Vascongado: Oh, jóvenes amables que en vuestros tiernos años al templo de Minerva dirigís vuestros pasos, seguid, seguid la senda en que marcháis guiados, a la luz de las ciencias, por profesores sabios Don Félix María de Samaniego, como buen ilustrado, creía en la virtud redentora de las ciencias. La etiqueta de Anís del Mono, que representa a un mono aferrando una botella en cuya etiqueta puede verse un mono con otra botella en la cual, etcétera, lleva, como todos recordarán, un lema positivista: La ciencia lo dice y yo no miento Su autoría suele atribuirse al pintor barceloní Ramón Casas, pero tengo mis dudas. Casas realizó, en efecto, el cartel de 1928- Señora con mono -para el famoso anís de Badalona. La etiqueta es anterior. El artista, quienquiera que fuese, fundió en la cara del mono los rasgos del fundador de la firma licorera, Vicente Bosch, con los de Charles Darwin. Como icono publicitario, fue todo un hito y no le ha perjudicado incorporar, en sus versiones más recientes, gafas de sol y otros adminículos. En su tiempo, se convirtió en emblema de los evolucionistas españoles. Por su parte, los antidarwinianos, adictos al anís navarro Las Cadenas ¡Vivan Las Cadenas! adaptaron a las nuevas circunstancias el fiero grito de Prim en la guerra de África: ¡Leña al Mono! Del optimismo dieciochesco de Samaniego, estamos ya muy de vuelta. Pero el darwinismo social goza todavía de predicamento entre los retoños de la posmodernidad periférica (lo de linchar indigentes en noches de farra, por ejemplo, se adelantaron a hacerlo en Bilbao, hace pocos años, y no precisamente bandas de los suburbios) Al final, es lo que pasa cuando la educación consiste, como decía Chesterton, en convencer al ciudadano en ciernes de que su abuelo era un chimpancé y de que puede contentarse con la esperanza de engendrar un animal másevolucionado de raza superior. Mala leche y condensada. Eso están mamando las pobres criaturas.