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ABC JUEVES 22 12 2005 25 Sadam Husein denuncia en una nueva comparecencia judicial que fue torturado por las tropas de EE. UU. Repsol YPF mantiene su voluntad de diálogo con las nuevas autoridades bolivianas tras la victoria de Morales La Gran Manzana vivió ayer su segunda jornada de la huelga de Metro y autobús. La ciudadanía recurrió a la marcha atlética mientras los taxis hacían su agosto en diciembre Bajo cero y a pie por las calles de Nueva York TEXTO: JOSE LUIS DE HARO. SERVICIO ESPECIAL FOTO: AP NUEVA YORK. Manhattan se despertó ayer en su segunda jornada de huelga en el sistema de transporte con un sentimiento entre resignado y melancólico. Los más de siete millones de ciudadanos que utilizan a diario el Metro y los autobuses deambulaban con medias sonrisas entre la escarcha y las frías temperaturas, a la espera de que las conversaciones entre los sindicatos y las autoridades superen sus diferencias para solventar un conflicto cabeza que está registrando pérdidas de cientos de millones de dólares y que parece que no tendrá fin de manera inmediata. Nunca antes los neoyorquinos habían añorado tanto sus cálidos vagones subterráneos como lo llevan haciendo durante estos dos últimos días. Con las conversaciones estancadas, un juez decidió imponer una multa a la Unión de Trabajadores del Transporte (TWU) que obliga al sindicato a pagar un millón de dólares por cada día que continúe el parón laboral. Con esta medida se esperaba que los trabajadores adelantaran su vuelta a las negociaciones, pero al final de la jornada de ayer los abogados de ambas partes seguían peleando. bitada cifra de 300 millones para los días consecutivos que dure la revuelta. Los comerciantes y los dueños de restaurantes y bares se echaban las manos a la cabeza, al observar cómo la semana anterior a Navidad, conocida por el suculento aumento de las ventas hasta en un 20 por ciento, se iba al traste, ya que los consumidores debían enfrentarse a elevadas facturas de taxi y gasolina. Muchas empresas se vieron obligadas a dar vacaciones a sus trabajadores o a creerse la excusa del tráfico para los retrasos de más de dos horas. A la caza del taxi Mientras, los ciudadanos se las ingeniaban para utilizar cualquier medio que les permitiera llegar a tiempo hasta sus destinos, y la gran mayoría se conformaban con sus piernas. Algunos madrugadores se aventuraban a cazar la marabunta de taxis que se hacían hueco entre el caos circulatorio. Cabe recordar que bajo el plan de contingencia impuesto por las autoridades, todos los vehículos que entraban en la isla de Manhattan, centro neurálgico de la urbe, entre las 5 y las 11 de la mañana, debían contar al menos con cuatro ocupantes, por lo que muchos hicieron nuevas amistades con desconocidos para poder abordar los codiciados vehículos amarillos. Por otro lado, los neoyorquinos mostraban su desconfianza hacia el gremio de taxistas, que está haciendo su agosto con la situación. Los más honrados ponían en marcha el contador, pero otros aplicaban una controvertida tarifa por zonas, que encarecía considerablemente el viaje de los usuarios. Las horas punta en las estaciones de Grand Central y Pennsylvania Station eran un cúmulo de abrigos y gorros en La Quinta Avenida, cerrada ayer al tráfico, fue ocupada por viandantes y bicicletas movimiento. Esto parece un concierto de rock afirmaba Dana Berkowitz, en referencia a la gran cantidad de gente que se abría paso en una de las estaciones. Hace demasiado frío para enfrentarse a una situación así explicaba un viandante que planeaba caminar 25 calles con temperaturas que alcanzaban los 6 grados bajo cero. Mientras bicicletas, patines y patinetes competían con el tráfico en las calles, el alcalde de la ciudad, Michael Bloomberg, se unía a los miles de transeúntes que cruzaban a pie el puente de Brooklyn y aseguraba que la ciudad estaba funcionando demasiado bien dadas las circunstancias. Además, lanzaba un dardo envenenado contra los sindicatos acusándoles de ser responsables de este caos. Por su parte, los piquetes agolpados en el límite entre el Bronx y la Gran Manzana manifestaban su malestar por ser tratados como la basura de la ciudad Al menos, las jornadas de paro no han registrado actos violentos y sólo un policía tuvo que ser atendido, por haber sido golpeado accidentalmente por un camión. Multa de un millón de dólares La sanción impuesta por el magistrado responde a la violación por los empleados de la Autoridad Metropolitana del Transporte (MTA) de una ley estatal que prohíbe a los trabajadores públicos declararse en huelga. Por su parte, los sindicatos, que consideran excesiva la norma, no dudaron en apelar el castigo inmediatamente. De momento, se han registrado pérdidas de 400 millones de dólares durante el primer día de paro, que según los expertos podrían rebajarse a la no tan desor-