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ABC JUEVES 22 12 2005 Opinión 5 MEDITACIONES POLIGLOTÍA EER en inglés se ha convertido en una de las principales actividades del dietario intelectual de José María Aznar. Ensayo, novela, poesía... Devora páginas y páginas escritas en ese idioma. Tan al pie de la letra se ha tomado el bilingüismo que en apenas un año ha multiplicado por cuatro su rapidez en la lectura de la lengua de Shakespeare. Por contra, el kilómetro de carrera le sale ahora más lento que cuando estaba en La Moncloa. Con el inglés y los viajes no hay manera de bajar la marca. En enero comienza una gira exterior de Asia a América que le mantendrá un mes fuera de España y en la que, en detrimento de la ingesta diaria del idolatrado helado de café con el que postrea, podrá demostrar su poliglotía. Del aquel catalán hablado en la intimidad al howareyou y las clases en Georgetown. Todo un tránsito. MARCO AURELIO L LEER Y PENSAR TRIPLICAR EL DINERO DE EUROPA DEL SISTEMA PENITENCIARIO EN ESTADOS UNIDOS DE A. TOCQUEVILLE Y G. DE BEAUMONT Tecnos Madrid, 2005 363 páginas 25 euros Tocqueville va a América Encompañía de Gustave de Beaumont, colega, amigo y, posteriormente, editor de su obra, Alexis de Tocqueville emprende viaje a América en abril de 1831, con el encargo del Gobierno francés de investigar los principios teóricos y prácticos del sistema penitenciario en Estados Unidos a fin de cotejarlos con otros modelos ya conocidos y sopesar sus virtualidades. De esta experiencia surge el informe, minucioso y muy documentado, que aquí puede leerse. Durante su estancia de nueve meses en el Nuevo Mundo nace, asimismo, el interés por saber más del carácter de sus gentes y sus instituciones. Tocqueville toma buena nota de ello, y de aquella impresión surgirán sus textos fundamentales, La democracia en América (1835,1850) y El Antiguo Régimen y la Revolución (1854) Enéstos lleva a cabootro contraste: el ejemplo norteamericano de revolución y democracia liberal y el modo republicano francés. De momento, el joven Tocqueville examina las perspectivas de reforma de la institución penitenciaria con vistas a su mejora, no para cuestionarla o darse a la banalidad. Los nuestros son otros tiempos. Ahora, en el bicentenario del nacimiento de Tocqueville, es un buen momento para comprobarlo. FERNANDO R. GENOVÉS IENTRAS los estados europeos no tripliquen su aportación a la comunidad, la UE avanzará con lentitud, a veces al borde del precipicio. Cuando el 16 de diciembre la Unión cerraba en Bruselas sus presupuestos para 2007- 2013 (862.400 millones de euros) la mayoría de los estados miembros defendían un aumento presupuestario: aunque reconocían la dificultad de conseguirlo hoy. Las heridas de los dos NO, francés y holandés, al tratado constitucional europeo no se han cerrado todavía. Aunque haya algo cierto: si los presupuestos alcanzan el 3 por ciento del PIB de la Unión, la vuelta atrás sería quizá imposible. Triplicar el presupuesto de la UE no significa aumentar los impuestos sino reducirlos. Ahorraríamos sin duda. Imaginemos que la Unión dotara con 2,6 billones de euros sus próximas cuentas, en 2013- 2019, en vez de los 862.400 millones actuales. El presupuesto federal de Estados Unidos (al que DARÍO hay que añadir la carga fiscal de los 50 VALCÁRCEL estados) seguiría siendo mayor, del orden de 12,5 billones de euros para esos seis años. Distancia grande pero asumible. Recordemos que son los estados de la UE, no la Unión como tal, quienes han de hacer frente a las grandes partidas presupuestarias: militar, interior, seguridad social, enseñanza, sanidad, obras públicas... La Unión tiene que coordinar, promover, impulsar, investigar. Un presupuesto europeo del 3 por ciento frente a un 16 por ciento norteamericano se explicaría. Dos dirigentes franceses mantienen el objetivo del 3 por ciento: el actual primer ministro, Dominique de Villepin, y Lionel Jospin en la oposición socialdemócrata. Los dos han dirigido un gobierno y los dos pueden ser candidatos en las presidenciales de 2007. Sólo un presupuesto que triplique al actual puede relanzar los programas europeos. Sólo un aumento de ese calibre puede asegurar un esfuerzo sostenido en I+ D. Pensemos también en el significado de la última ampliación, ocho estados antes controlados por la Unión M Soviética, desaparecida en 1991. Los polacos, bálticos, húngaros, checos, eslovenos forman hoy parte de la Unión Europea. El 1 por ciento actual es modesto, de acuerdo: pero de los 862.400 millones de euros presupuestados para seis años, 150.000 millones irán a parar de modo directo a los ocho estados ex comunistas, algo así como 25 billones de antiguas pesetas, a la que deberán sumarse otras ayudas (casi 90.000 millones para desarrollo agrario y más de 22.000 para I+ D) ¿Qué significa esta lluvia de dinero? Que al cabo de veinte años, como ocurrió en España, esos ocho países serán irreconocibles. El grado de progreso material, de seguridad jurídica y de libertad habrá crecido exponencialmente. Volvamos la vista atrás. ¿Hubiéramos imaginado en 1990 a los polacos, húngaros, checos, bálticos lejos del bloque soviético, integrados en la Unión y en la OTAN, en poco más de una década? A veces Europa ha descarrilado, en 2005 sin ir más lejos. ¿Pero no ha sabido encarrilarse de nuevo, rápidamente, recuperar el rumbo? ¿No era impensable ver a Polonia, Hungría y los demás en la Unión Europea? Con enormes dificultades, las perspectivas financieras de la Unión para 2007- 2013 han acabado por encajar. El resultado final se debe, en gran parte, a la generosidad de Alemania, de los nórdicos y del Benelux, siete países que no presumen de largueza sino que la ejercen. La honorable solución ha tenido un eco inmediato en Hong Kong. La noticia del desbloqueo en Bruselas estalló el sábado como una bomba de optimismo en la Organización Mundial del Comercio. Ambas cumbres se enfrentaban a dificultades aparentemente insolubles. Hubo un juego paralelo entre una y otra. Aunque esto no pueda examinarse aquí. En Bruselas surgió in extremis un principio de acuerdo sobre el desmantelamiento de las subvenciones agrarias, que comenzará en 2008- 9. Eso empujó a Brasil, India y a los países del G 20, también a los norteamericanos, a encontrar un final honorable (con un protocolo en defensa de los estados africanos más pobres) Bruselas y Hong Kong nos dejan ver un mundo menos desequilibrado.