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ABC MIÉRCOLES 21 12 2005 Opinión 3 LA TERCERA DE ABC LA IDENTIDAD FEROZ POR ÁLVARO DELGADO- GAL ESCRITOR Y PERIODISTA No nos definen ni el idioma, ni la profesión ni el partido al que votamos. Las últimas son circunstancias que intervienen en nuestra existencia, no instancias en que se halla subsumida nuestra personalidad... OS nacionalistas gallegos han tendido las redes sobre el Bierzo y los concejos del costado occidental asturiano. Tal se deduce al menos de las disposiciones adicionales con que se cierra su propuesta de Estatuto. Del Bierzo sé poco, pero conozco, palmo a palmo, las sierras celtas que en cordales sucesivos se precipitan desde el curso alto del Navia hasta las tierras muelles y fértiles de la rasa marina. La Nueva España, en su edición del 11 de diciembre, reproducía un mapa de la zona, con la línea intermitente que para el BNG señala el contorno natural de Galicia. El cabo sur de la línea se apoya en el límite oriental de Ibias. El cabo opuesto llega al litoral y coincide con la quebrada del río Barayo, que es también el quicial sobre el que giran, dándose la espalda, los concejos asturianos de Navia y Valdés. Desde la raya del Barayo hasta Ribadeo median cerca de cuarenta kilómetros. Los chicos del Bloque reivindican por tanto una porción de Asturias no pequeña, máxime si se tiene en cuenta que la provincia va ganando corpulencia y espesor conforme se procede de Oriente a Poniente. L ¿En qué se apoya el irredentismo del Bloque? En esencia, en argumentos lingüísticos. En Barayo empieza, según los filólogos, el astur galaico, un brote lateral e híbrido del gallego. En el Estatuto asturiano del 81, se mencionaba sólo el bable. Luego, la administración del Principado ha decidido reconocer la existencia de un habla peculiar a la comarca. En una ley de los noventa sobre cuestiones referidas a la protección de la lengua, se distingue el bable asturiano del gallego asturiano. Finalmente, y para evitar quizá alusiones al idioma rival, se bautizó el habla dominante en la región con el nombre de fala. La fala ha terminado por adquirir un modesto relieve administrativo. Algunos institutos de enseñanza primaria o secundaria ofrecen clases de fala. Un profesor puede evitar el traslado a la otra punta de la provincia, promoviéndose como titular de clases de fala. También existen piques ideológicos. Una asociación llamada Xeira defiende la teoría de que la fala no es bable, y tampoco es gallego. Otra, residenciada en Illano y ligada a elementos del Bloque, ha entrado en sintonía con tesis galleguistas. Al noventa y nueve por ciento de la población, sin embargo, se le da un ardite saber de dónde viene lo que habla. Habla la fala, si es que la habla, en los bares y en casa, y cambia de registro y adopta el castellano cuando pega la hebra con un ovetense o un madrileño, o en el trance de presentarse a unos exámenes en la universidad o a unas oposiciones. Sobre esto, volveré dentro de un momento. Ahora, quiero seguir hablando del Bloque. El nacionalismo lingüístico del Bloque no es menos respetable, ni menos absurdo, que el nacionalismo lingüístico de Maragall. Es exactamente el mismo. La idea matriz se remonta a Herder, el padre del nacionalismo romántico. Herder situó las distintas lenguas en un marco providencialista. Dios había querido edificar un universo prolijo y rico en singularidades, y creó especies distintas, razas distintas, e idiomas distintos. Cada uno encierra su gracia, su embrujo. Se ha dicho con frecuencia que el respeto de Herder hacia todas las culturas existentes refleja una mentalidad cosmopolita, incluso liberal. La doctrina berliniana del pluralismo de los valores arranca de Herder y Vico. Pero creo que Herder es ambiguo, incluso peligroso. Momigliano propinó un pescozón importante a Isaiah Berlin alegando precisamente que se empieza por la exaltación populista de las culturas y se termina donde quizá sea mejor no llegar- On the Pioneer Trail The New York Review of Books, 11- 11- 1976- Yo añadiría más: Herder, movido en parte por su afición a las metáforas biologistas, es propenso a confundir no sólo la nación con la lengua, sino ésta con la propia constitución síquica y hasta fisiológica del hablante. Valga la siguiente cita, extraída de Ensayo sobre los orígenes del lenguaje Nuestra lengua materna fue el primer mundo que vimos, las primeras sensaciones que sentimos. ¡el lenguaje se convierte en linaje! El equívoco pervive en los nacionalismos lingüísticos contemporáneos, con una novedad que está ausente de Herder: se combina el populismo herderiano con una concepción colbertiana del poder, y se intenta garantizar la persistencia o recuperación de una cultura acudiendo a la autoridad de una administración centralizada. toma en consideración del Estatuto catalán. PSC, CiU, PNV o BNG concurrieron en dar por supuestos principios difícilmente aceptables. Por ejemplo, que la nación es la expresión de una cultura. O que el sujeto político por excelencia es una cultura nacional, coextensiva con el territorio que intrínsecamente le corresponde. Si usted ha nacido en Fonsagrada, su destino ineludible es ser súbdito de la oligarquía política que desde los edificios oficiales de Santiago vigila y guarda el gallego. Si usted es de Navia, mala suerte. Ha nacido con el pie cambiado, y debe ser redimido por sus soberanos naturales. El desenlace es que los nacionalistas lingüísticos reclaman no sólo respeto hacia el ejercicio de un idioma, sino, a manera de complemento, toda la artillería intimidatoria de que dispone el Estado moderno. No otro es el motivo de que, a sus especulaciones filológicas, unan el independentismo. De ahí, también, que sean enemigos sistemáticos de la libertad individual. Se pudo observar el fenómeno, con claridad penosa, en el debate reciente sobre la Por fortuna, esto suena a chino a los naviegos, tapiegos o castropolenses. El comportamiento cotidiano de los asturianos occidentales demuestra que uno puede hablar una cosa y sentirse ligado a una comunidad donde se habla otra. En Navia se suele ser o del Oviedo o del Sporting. Incluso hubo una peña del Athletic de Bilbao, que ignoro si perdura. Pero hasta donde se me alcanza, ningún nativo es del Celta o del Dépor. ¿Qué pasa? Pues nada. Un político al uso diría que es posible compartir varias identidades: la gallega- -o astur galaica- -por el idioma, la asturiana por el deporte, y la española- -por el idioma otra vez, y por muchas razones más- Pero yo me resisto a este discurso, profundamente desorientador. De hecho, no se comparten identidades, por la razón sencillísima de que sólo hay una identidad. Uno es idéntico a sí mismo, y distinto de cuantos no son uno mismo. Se trata de un principio lógico fundamental, que no debemos olvidar por atronador que sea el ruido de fondo. La clave está en otro sitio. La clave reside en el hecho de que no nos definen ni el idioma, ni la profesión ni el partido al que votamos. Las últimas son circunstancias que intervienen en nuestra existencia, no instancias en que se halla subsumida nuestra personalidad. Para apreciarlo, basta alejarse un instante del guirigay conceptual y léxico en que nos ha sumergido la pugna territorial española. La circunstancia de ser padre es sin duda más determinante que la de hablar gallego o bable. ¿Vamos por ahí luciendo, los que somos padres, nuestra identidad de padres? ¿Experimentamos los padres un sentimiento peculiar de succión, una como gravitación que la PATERNIDAD- -con mayúsculas- -ejerce sobre el centro de nuestras almas? ¿Tenemos que hacer equilibrios para avenir nuestra identidad de padres con la de cónyuges o hermanos? No. Y si alguien nos conminara a que nos definiéramos como padres cuando pedimos una caña de cerveza o vamos al cine, mandaríamos al impertinente a paseo. El río, en fin, se ha salido de madre. No permitamos que nadie interpele a nuestras identidades. Primero, porque es una falta de educación. Segundo, porque sólo los fanáticos creen conocer cuál es la suya. Tercero, porque no es verdad que la conozcan. La han adquirido en los grandes almacenes de la ideología, regentados por señores insoportablemente pelmas.