Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC LUNES 19 12 2005 Deportes 97 En un caso inédito en el deporte de elite, la pasada semana el presidente de los Miami Heat se convirtió también en su entrenador oficial. Consuma así el sueño del dueño del Alavés, que también lo es de manera oficiosa. Pero hay muchas diferencias Riley- Piterman, sin punto de comparación T. GONZÁLEZ M. A. BARBERO MADRID. Los dos protagonizan una situación única en el deporte de alto nivel. Los dos son presidentes de un club y los dos son entrenadores de su equipo. Esa ambivalencia es, junto a un ego satisfecho, la única coincidencia entre los estadounidenses Pat Riley y Dimitri Piterman, porque la trayectoria de ambos, uno en el baloncesto, otro en el fútbol, son incomparables. Son como el sol y la luna, polos opuestos. Ucraniano de nacimiento, estadounidense de adopción, el cambio de pasaporte de Piterman es un dato más de su intrusismo en otros mundos. Mientras Riley lleva toda una vida de éxitos en el baloncesto, antes como jugador, ahora como entrenador, Dimitri fue un saltador de longitud que posteriormente se enriqueció como promotor inmobiliario y que en el año 2001 saltó al fútbol con la adquisición del Palamós. Mientras Pat fue una figura de la NBA vestido de corto y después lo ha sido vestido de largo, arriba (la presidencia) y abajo (entrenador) Piterman quiere hacerse un nombre en el fútbol a fuerza de adquirir acciones de los clubes, sentarse en el banquillo y dar la nota con actitudes dictatoriales de emperadores trasnochados. Mientras Riley ha sido elegido el mejor técnico en los equipos que ha dirigido, al presidente del Alavés no se le conocen méritos para mandar tácticamente a un futbolista. Su único mérito es convertirse en el dueño de la entidad y querer imponer que con la propiedad tiene derecho a hacer lo que quiera. Es simple casualidad que coincidan por ser presidentes y entrenadores, pero sus actos les califican. Pasen y lean: una estrella frente a un utillero... Pat Riley Cuarenta años de baloncesto. Figura universitaria y profesional antes de ser el rey de los banquillos. Estrella de la NBA. En nueve años jugó en tres equipos y ganó un anillo con los Lakers (1972) Se retiró en 1976 como campeón del Oeste con los Suns. Mejor entrenador en tres equipos. En los Lakers, los Knicks y los Miami Heat. Un líder reconocido. Con cuatro anillos, es el segundo técnico más victorioso de la historia. Figura de culto. Es una referencia en el deporte americano. El motivador de América. Las empresas le fichan como conferenciante. Icono mediático. Ha presentado programas de televisión. Activista social. Recauda millones para los pobres. Enamorado de su imagen. Fue el modelo de Armani en los ochenta. El ego se hace ambición. Le acusan de volver al banquillo sólo porque ve la posibilidad de comenzar otro Showtime con Shaq y Wade. Dimitri Piterman Un advenedizo del fútbol. Ex saltador de longitud, empresario inmobiliario, llegó al fútbol al comprar el Palamós en 2001. Un intruso en la Liga. Entró en el Racing en enero del 2003 y se nombró entrenador. En julio de 2004 saltó al Alavés. Entrenador sin currículo. Para eludir la reglamentación y estar en el banquillo se ha inscrito como delegado de campo, como utillero y hasta como el fotógrafo 191 para pisar el césped de El Sadar. Un líder en provocaciones. Se ríe de la FEF con sus regates para estar en los banquillos. Piensa que ser el dueño de un club le permite todo. El culto al cuento mediático. Va de moderno. Motiva a los jugadores con música marchosa v come con ellos. El desmotivador de la prensa. Exige a los periodistas de Vitoria ser socios del Alavés para trabajar en el club. Un icono contra la libertad. Veta a los informadores- -los castiga con un mes sin entrar al club- -si publican cosas que, siendo ciertas, perjudican a su entidad y no ofrecen una imagen constructiva y positiva del Alavés. Un fanfarrón social. Le gusta romper el molde de los dirigentes con su soberbia y su carencia de respeto profesional por los entrenadores y jugadores. Imagen desastrosa. Su desnudo en una revista le define. Los aficionados y los otros accionistas del Racing no le podían ni ver y le echaron. En el Alavés va por el mismo sendero. Un ego subido. Sufre la egolatría de ser el dueño del Alavés y querer acaparar toda la imagen del equipo.