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ABC DOMINGO 18 12 2005 Los domingos 57 res y ganar unas cien rupias al día (dos euros) para buscar un trabajo. Es una generación de jóvenes donde la mayoría ha ido a la escuela. Por ello esperan conseguir un trabajo, pero cuando llegan al mercado laboral no tienen oportunidades explica Vannesa. El resultado es la frustración, el desánimo y la idea de acabar con sus vidas. Además, la mayoría de ellos, a pesar de vivir en minúsculas casas, tienen acceso a la televisión en la que contemplan la vida de otros jóvenes a los que quieren emular. cosa que nunca alcanzarán. A todo lo anterior se unió una curiosa circunstancia: Las depresiones fueron más frecuentes porque tras el tsunami perdieron la televisión con la que entretenerse, y el aburrimiento agravó el trauma psicológico cuentan los trabajadores sociales. Tierras para los intocables Además de la pesca, la recuperación de las tierras de cultivo, salinizadas por las aguas, continúa siendo uno de los desafíos más importantes en los que trabaja Ayuda en Acción. En India, existen unos 160 millones de dalits, de intocables. En un férreo sistema de castas están condenados a realizar trabajos en condiciones de semiesclavitud, se les niega la entrada a los templos, sacar agua de los pozos comunitarios o se les sirve la comida en platos y vasos distintos. Pero ahora, y gracias al trabajo de las ONG por mejorar la situación, una pequeña de comunidad de dalits ha conseguido tierras para cultivar. En cualquier catástrofe son los colectivos más vulnerables los más zarandeados por la tragedia. De los cerca de 300.000 muertos que provocó el tsunami, más de la mitad eran mujeres y niños. Mujeres que tuvieron menos suerte que Mary, que logró huir cuando vio acercarse la gran ola. Una experiencia que le provocó el aborto del niño que esperaba. Ahora, sostiene en sus brazos a un nuevo hijo cuyo nombre significa amanecer Mary lo tiene claro: No quiero que sea pescador, prefiero que sea policía Babu, que sobrevivió al tsunami, se asoma al lugar en el que se encontraba su casa antes del maremoto, en el distrito de Nochi Kuppan casas construidas por la ONG. Durante el trayecto que separa Ennore del lugar donde estaba su casa antes del maremoto (Nochi Kuppan) permanece callado, observando. Hace un día gris y la lluvia arrecia por momentos mientras el viento jalea las olas del Índico que se estrellan contra las piedras de la playa. Es la primera vez que regresa y cuando entra en el terreno alambrado no disimula su emoción. Aquí estaba mi vida. Aquí nacieron mis hijos... explica sobre una superficie en la que ya no queda nada de su casa, ni de las de las 650 familias que allí habitaban. Antes tenía dinero y podía mandar a mis hijos a la escuela. Era feliz dice con la mirada perdida. sadillas... intentos de suicidio. A un par de kilómetros de la playa, Paranthaman sale de su casa y se levanta la camiseta para mostrar unas enormes cicatrices. El trauma psicológico que sufrió tras el desastre fue tal que intentó quemarse a lo bonzo. El mar destruyó las pocas oportunidades de trabajo que había. Sentí que era una carga para mi familia y decidí acabar con ello relata este joven de veintiún años que gracias al trabajo de las ONG ha tenido acceso a un tratamiento médico y psicológico. He aprendido la lección- -dice- Si volviera a ocurrir no lo haría. Sólo correría más rápido El tsunami se llevó las ya mermadas esperanzas de muchos jóvenes de conseguir una vida mejor. Soñaban con dejar de ser pescado- Intentos de suicidio Una alegría que muchos tardarán en recuperar. Retomar la vida después de un desastre puede llevar unos 5 años, esto con ayuda psicológica acompañada de la vuelta al trabajo o la escuela y la reconstrucción de sus hogares argumenta Niveditha, trabajadora social de la ONG local Nimhans. Son múltiples los problemas que los voluntarios se han encontrado durante meses: estados de shock, depresiones, pe- El Gobierno indio está utilizando el tsunami como excusa para desplazar a los afectados a zonas del interior y poder privatizar la costa Las mujeres ayudan a sus maridos pescadores a vender la mercancía Mary sostiene en su brazos a su pequeño