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52 Los domingos DOMINGO 18 12 2005 ABC EJECUCIONES EN ESTADOS UNIDOS Pena de muerte Coreografía de un ajusticiamiento La polémica ejecución esta semana del reo Stanley Tookie Williams ha servido para ilustrar las estrictas, detallistas y morbosas regulaciones de la pena de muerte en Estados Unidos POR PEDRO RODRÍGUEZ CORRESPONSAL EN WASHINGTON l documento en cuestión es conocido asépticamente como Procedimiento operacional número 770 de la prisión de San Quintín Son 43 páginas que detallan al milímetro toda la coreografía de cómo llevar a cabo una ejecución en California. Un guión, mezcla de regulaciones burocráticas y película morbosa, seguido paso a paso en once penas de muerte cumplidas en San Quintín desde 1992 y repetido una vez más al comienzo de esta semana con la polémica ejecución del supuestamente redimido co- fundador de la mafia juvenil Crips Stanley Tookie Williams, condenado por cuatro asesinatos para robar un total de 220 miserables dólares. Sin que haya prosperado ningún recurso judicial de última hora y con el rechazo de clemencia por parte del gobernador Arnold Schwarzenegger, la pena capital de Williams se puso en marcha de acuerdo a las regulaciones el pasado 26 de octubre cuando uno de los máximos responsables de la prisión de San Quintín, J. D. Stokes, se presentó en la celda de este notorio reo C 29300 para comunicarle la orden de ejecución a cumplir el pasado lunes. Notificación con la que se empezó a desmantelar toda la vida carcelaria que este reivindicado preso ha mantenido en el último cuarto siglo. Desde 1981, Williams ocupaba una celda individual en el corredor de la muerte de San Quintín, la famosa prisión en la bahía de San Francisco que alberga a un total de 5.500 presos de los cuales más de seiscientos están condenados a la pena capital. Tras confirmarse la fecha de ejecución, Tookie fue encadenado y trasladado, como marca el procedimiento, a un calabozo especial en la zona norte del recinto. A cinco días de su cita con la inyección ha sido vigilado de forma permanente por múltiples funcionarios, que han E El próximo, un ciego en silla de ruedas, de 76 años WASHINGTON. P. R. Los dilemas éticos para el gobernator no se han agotado con la ejecución de Tookie El siguiente caso también complicado está protagonizado por otro múltiple asesino- -Clarence Ray Allen- -que tiene fijada su cita con la inyección letal para el próximo 17 de enero. El problema es que justo el día antes de su ajusticiamiento, por ordenar desde la cárcel el asesinato de tres personas, el reo cumplirá 76 años de edad. Legalmente ciego y confinado a una silla de ruedas, Allen tiene todas las papeletas para convertirse en el preso con más años y mayores problemas de salud ejecutado en California desde la restauración de la pena de muerte en 1978. A diferencia del popular Williams, el caso de este septuagenario que el año pasado sufrió un masivo ataque cardiaco no ha generado grandes campañas de respaldo pero si está planteando todo un debate sobre lo apropiado de ejecutar a presos de la tercera edad. En un fenómeno que se extiende por todos los Estados Unidos, las canas se acumulan en los corredores de la muerte con un lapso medio de en torno a veinte años entre crímenes y ejecución. Aún así, las diversas legislaciones penales no contemplan la posibilidad de jubilación con respecto a la pena de muerte. Lo que en la práctica puede terminar por confundir las diferencias entre este castigo y la eutanasia. A las puertas de San Quintín los manifestantes aguardaron hasta el último minuto que un milagro salvara al reo descrito en un registro las actividades del preso a intervalos de quince minutos. Sus últimos carceleros han tenido la obligación de reportar al director de San Quintín cualquier comportamiento inusual del condenado, en parte para evitar incidentes como el protagonizado en 1967 por Aaron Mitchell, condenado por el asesinato de un policía de Sacramento. En vísperas de su ejecución, el reo empezó a gritar que era la encarnación de Cristo y se cortó las muñecas. Para evitar estos arrebatos suicidas, el reglamento insiste en que el capellán de la prisión debe visitar a estos presos en la recta final de sus vidas con el fin de evaluar su bienestar espiritual y emocional y actitudes o pensamiento sobre la muerte y morir Sólo abrazos breves Durante esos días finales, Williams ha tenido el privilegio de recibir más visitas de lo habitual, lo que se ha traducido en un desfile de amigos y famosos siempre bajo la supervisión de guardias. Según el procedimiento 770, el preso y el visitante o visitantes pueden abrazarse brevemente o estrechar la mano al comienzo y el final de la visita. Ningún otro contacto físico será permitido Sus abogados también han tenido oportunidad de reuniones adicionales con su cliente pero con la limitación de traer a la cárcel solamente un bolígrafo o lápiz, un cuaderno y los necesarios materiales legales Tres días antes de su ejecución,