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20 Nacional DOMINGO 18 12 2005 ABC ÁLVARO DELGADO- GAL CADA COSA A SU TIEMPO E l lunes pasado, en el Foro de ABC, Artur Mas apretó las mandíbulas y subrayó los perfiles más rigurosos, menos hospitalarios, de la formación que preside. Dijo que había cosas del Estatut que no le gustaban, pero que había que separar la paja del grano. Los aspectos del documento con que CiU se identifica política y moralmente son en esencia tres: el reconocimiento de que Cataluña es una nación, el autogobierno y el modelo bilateral de financiación. Señaló que el proceso negociador está todavía muy verde, y que no aceptaría enmiendas que desvirtuaran el núcleo de la propuesta estatutaria. En el coloquio subsiguiente, José Antonio Zarzalejos aludió a la reforma del sistema de mayorías que permitirá a CiU y Esquerra- -salvo que se repita la sorpresa del jueves- -retirar el texto del Congreso en caso de desavenencias insalvables con el PSC. Mas repuso que era natural que los nacionalistas adoptaran ciertas cautelas, porque no existe una garantía de acuerdo sobre mínimos. Y añadió más cosas, porque no es posible pegar la hebra sin que a uno se le suelte un poco o un mucho la lengua. Dijo que los españoles no están preparados aún para tolerar una reforma agravada de la Constitución. Ahora bien, si la reforma se estimase pertinente, CiU sería la primera en celebrarla. ¿Entonces? La conclusión, para mí, es evidente. Los convergentes no pedirán que se llame reforma a la reforma, pero sí que el desenlace práctico sea equivalente al de una reforma en toda regla. Finalmente, ¡ay! Mas invocó la cosoberanía. No se puede ser más claro. Ello introduce una dificultad hermenéutica. La claridad de Mas va a contrapelo de lo que se está oyendo en Barcelona, o incluso en Madrid. Con arreglo a la tesis dominante, CiU es consciente de que su electorado no quiere romper la baraja. De aquí, algunos infieren que el maximalismo de CiU es táctico y que en algún momento seremos testigos de una aproximación rápida de posiciones. Se habla incluso de un acuerdo fiscal secreto, mucho más blando que el diseñado inicialmente por Castells, el consejero socialista de Economía. En opinión de este columnista, lo único seguro es que no se sabe nada. Contra la hipótesis pastelera obran consideraciones de peso. Una es que la pro- puesta estatutaria está construida para que el pasteleo sea especialmente difícil. Otra, que el canje de ERC por CiU es complicado, y probablemente inhacedero antes de que se celebren nuevas elecciones en Cataluña. Para entonces, se habrá aprobado el Estatut. En tercer lugar están las manifestaciones explícitas de los convergentes. Muchos las echan a barato, en el entendimiento de que la falta de escrúpulos de los políticos es infinita. Yo no he llegado todavía tan lejos. No creo que sea sencillo hacer exactamente lo contrario de lo que se dice que se va a hacer. En consecuencia, me alarma que, a medida que se acerca el momento de la presunta rectificación, el claudicante in pectore persevere en los gestos que peor le dejarán frente a la galería cuando cambie la dirección del viento. Estoy, en resumen, perplejo. Sólo barrunto, con escepticismo entreverado de aburrimiento, que terminaremos por asistir a una chapuza fenomenal. Los convergentes no pedirán que se llame reforma a la reforma, pero sí que el desenlace práctico sea equivalente al de una reforma en toda regla de la Constitución Mi composición de lugar es más o menos como sigue. CiU no se bajará los pantalones, y el Gobierno no se bajará tampoco los pantalones. Lo primero significa que Mas y su equipo sólo bendecirán un texto que amplíe ostensible, inequívoca, dramáticamente, la jurisdicción de la Generalitat. Y lo segundo significa que el Gobierno dará la batalla en el único terreno que le importa. O sea, el fiscal. El Gobierno no está en situación de permitirse una rebaja que deje sin recursos, de la noche a la mañana, a su clientela subsidiada. Negociará fórmulas más o menos historiadas y generalizables en teoría a otras comunidades. Se tratará, sin embargo, de un ajuste de efectos pasajeros, ya que en el medio o largo plazo, el Estado no puede garantizar la fiscalidad si se ha despotenciado antes en los demás frentes. Lo demuestra la evolución del Concierto vasco, el cual ha convertido a Vasconia en una región exenta, no porque estuviera así previsto, sino porque es imposible que el Estado tutele sus intereses después de haber renunciado a los mecanismos de control de que disponen las administraciones razonablemente organizadas. CiU hará valer el acrecimiento de la soberanía catalana y justificará sus cesiones en financiación afirmando que un partido responsable está obligado a grandes sacrificios. Artillada por los logros que haya obtenido en los terrenos judicial y competencial, preparará, a no mucho tardar, el próximo asalto.