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ABC DOMINGO 18 12 2005 La Entrevista 11 len de la dictadura en el año 30. En cuanto gobierna y le llega ese embolado, se responsabiliza y no tiene el menor equívoco en afrontarlo de una manera seria. Dice: aquí tenemos la Constitución, se somete a las Cortes y todo esto fuera. Y eso que lo han mandado para que no lo toquemos, como dice en su diario. Y sin embargo, coge ese toro y lo domina. Y es su discurso más importante. Salva esa cuestión e inventa el sistema de Estado regional, que no se conocía. ¿Es acertado pensar entonces que Azaña y Zapatero, aunque parten de un inicio similar, parecen seguir luego procesos distintos: que el primero es atrevido en la oposición y se modera, y el segundo, al menos de momento, mantiene su apuesta? -Sí, sí, eso es así. -Aunque es llamativa la coincidencia inicial en el encendido reconocimiento que ambos tienen hacia la personalidad de Cataluña, y ambos, con discursos algo poéticos. ¿A qué se debe? -Realmente, lo que hace Azaña es un poco retórico, porque en el año 30 ni siquiera existía Esquerra Republicana. Cataluña estaba representada por la Lliga de Cambó, con su España gran, Cataluña gran Quiere agradar, porque allí no había surgido ese movi- No apoya al nacionalismo vasco porque lo considera clerical ¿Cómo encara Azaña el resto de los nacionalismos, sobre todo el vasco? -Bueno, él, para el nacionalismo vasco, tenía una objeción previa. El nacionalismo vasco no lo apoya, aunque aprueban en octubre del 37 el Estatuto buscando la incorporación a la República. Él es contrario desde el primer momento porque dice que no quiere crear allí una república del Vaticano. Para Azaña, el Partido Nacionalista Vasco es un partido clerical. ¿Y su relación con el nacionalismo vasco fue siempre así de negativa? -Sí, fue muy mala. Nunca quiso saber nada de ellos. En los artículos que recoge el libro, en el que saca a relucir su idea sobre el nacionalismo con el bautizado por él como eje Barcelona- Bilbao en esos artículos habla categóricamente contra ellos. Que se quieren ir de España, etcétera... -O sea, que el plan Ibarretxe ni se lo habría planteado. -No, con toda seguridad. ¿Y el nacionalismo gallego? -En el caso del gallego, el BNG es el partido con menos peso de todos los nacionalistas. Además, el gallego no es tan reivindicativo, es más escéptico. ¿Le parece legítimo que las autonomías de las que hablamos, las que tuvieron estatuto durante la República, vuelvan a recibir más distinciones en este nuevo proceso? -Es que no hay otro margen que el que marca la Constitución, porque el sistema autonómico se basa en ella. Como jurista, el dictamen del Estatuto es muy fácil: si supera la Constitución, no se puede hacer Guerra no está solo en el PSOE. El partido acabará dominando a su secretario general miento nacionalista. Él va como intelectual, como presidente del Ateneo de Madrid. Hasta un mes antes del 14 de abril (de 1931, día de proclamación de la República) no se organiza ERC, que es la que acaba trayendo estas gallinas, ¿no? -Y, por ahora, es un partido decisivo. Aunque su peso entonces fuera grande, hoy tiene la llave de los dos gobiernos, autonómico y nacional. -Hombre, en la época de la República era absolutamente dominante. Hoy, yo creo que aunque tenga la llave, que Entre los escritos políticos y la literatura de Manuel Azaña, el catedrático se decanta claramente por los primeros es verdad, es algo coyuntural. Le favorece el reparto de fuerzas y la falta de una mayoría. ¿Y no sorprende que Azaña vincule el futuro de la República a la solución a la cuestión catalana? -Sí, eso es así. Pero, fíjese. En el acto de presentación de este libro en el Senado, Isidri Mola, del PSC, que es el último que habla, dice que hay que hacer lo que dice Azaña y dejarse de historias. ¿Cree que Zapatero acabará limpiando el Estatuto como una patena y encajándolo en la Constitución? -Lo tiene difícil. Por un lado, no lo queda más remedio. El PSOE no puede seguir otro camino que el de la Constitución y el consenso. Pero, por otro, a poco que quiten del proyecto, van a agraviar a los otros (los nacionalistas) El propio Carod lo ha dicho estos días, que ve una actitud de marcha atrás de Zapatero. El problema es que quieren cambiarnos a todos el estatus para que tengan lo que quieren ellos, y eso no puede ser. Ese partidito del señor Carod, esas fantasías del nieto de Maragall... En fin, como jurista, el dictamen es muy fácil: si supera la Constitución, no se puede hacer. Son los límites conceptuales de que hablaba Azaña. -Y técnicamente, ¿cómo se las va a apañar Alfonso Guerra, presidente de la Comisión Constitucional, para hacer ese encaje que logró alguien de la formación jurídica de Azaña? -Yo creo que Guerra no está solo. Está Ibarra, está Chaves, que es el presidente del PSOE, está Bono... Yo creo que aquí el partido acaba dominando a su secretario general. Yo creo que después de esas veleidades que se ha permitido el presidente del Gobierno, tiene que estar ahora asustado. Es que no veo otra salida que una rectificación del PSOE. ¿Es la financiación el problema más importante de este Estatuto? -Lo ha dicho Solbes y es así, porque todo el dinero que se quedan de más hay que quitárselo a todos los demás. Eso rompería la unidad económica y la solidaridad entre territorios que consagra la Constitución. Por eso, no se puede aprobar... Pero, yo voy a hacer un pequeño pronóstico: que Convergencia, que ya en su día reconoció que ese estatuto le parecía una fantasía, pues si les quitan lo que les plantearon para que se mantuvieran, que es el sistema tributario, pues se retiran y se acabó.