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10 La Entrevista DOMINGO 18 12 2005 ABC EDUARDO GARCÍA DE ENTERRÍA Autor de Manuel Azaña. Sobre la autonomía política de Cataluña No veo otra salida que la rectificación del PSOE en la reforma del Estatuto catalán MADRID. Sólo un profundo estudioso, lector compulsivo de toda su obra, es capaz de combinar con esa mesura la admiración y la crítica al diseccionar la figura de Manuel Azaña. El mismo equilibrio con el que Eduardo García de Enterría, que fuera juez del Tribunal Europeo de Derechos Humanos, prestigioso catedrático (emérito) de Derecho Administrativo, premio Príncipe de Asturias 1985 (este año, de la Fundación Gabarrón) y cántabro de Vega de Liébana (1923) aprueba con nota la solución que encontró el presidente de la República al difícil Estatuto catalán que llegó a las Cortes en 1931. Aunque abusó de la retórica al darles alas antes de gobernar, García de Enterría defiende en Manuel Azaña. Sobre la autonomía política de Cataluña (Editorial Tecnos, 2005) que supo encajar las demandas catalanas en la Constitución Su asesoramiento a Calvo Sotelo y a Felipe González para conformar los Estatutos de Autonomía avalan su trayectoria. -Al leer su análisis sobre los escritos de Azaña, a pesar de remitirnos a los años 30, da la impresión de que no ha pasado el tiempo: España, antes y ahora, frente a su sempiterna cuestión territorial... -Pues más o menos, sí. No es sorprendente si se tiene en cuenta que la Constitución del 78 acoge el sistema de la de 1931. En el panorama universal del derecho comparado había federalismo, había confederación... Pero esto, que es el Estado regional, que no es una federación, tampoco una mera descentralización administrativa, lo inventa Azaña. En efecto, lo que el libro viene a demostrar es que los problemas que tuvieron entonces son los problemas que tenemos ahora. -Y que la Historia se repita, ¿quiere decir, como apuntan algunos, que el problema de los nacionalismos no ha terminado de resolverse? -Yo creo que el sistema constitucional se encajó bien. Donde está hoy el problema es en que la articulación de la mayoría del PSOE está en brazos de los partidos nacionalistas, unos partiditos que no llegan en conjunto al millón de votos (aparte del PNV, que ése es otro tema) Eso es lo que ha creado el problema actual, y hay cada vez más voces dentro del PSOE que proponen un pacto con el PP. Ahí está Ibarra, que se ha levantado del lecho del dolor y lo primero que dice es que esto no puede ser, que hay que pactar con el PP. Porque un partido como el PSOE, que ha sido uno de los partidos esenciales en la aprobación de la Constitución del 78, no puede tomar otro rumbo. -Para solucionarlo, ¿usted cree más en una reforma de la Ley Electo- Con un ojo en el Estatuto de 1931, parte de la simple convicción de que el texto catalán no va a salir. Ni el PSOE puede aprobar algo inconstitucional, ni CiU y ERC pueden aceptar recortes TEXTO: MANUEL ERICE FOTO: SIGEFREDO ral o en la voluntad política, más coyuntural, de los grandes partidos? -Yo no creo tanto en una reforma legal como en que los dos grandes partidos asuman su responsabilidad... Es verdad que podría ser un buen instrumento, pero, en todo caso, también pasaría por un consenso entre los dos grandes partidos. Es la base de todos los estados desarrollados, como se acaba de ver ahora en Alemania de una manera espectacular. Hombre, yo no sé si nuestra política ha llegado a ese estado de madurez suficiente para un pacto así, pero lo que supimos hacer en la transición es el consenso sobre los asuntos básicos. -Pero, ¿es sólo una cuestión de sumar la mayoría para gobernar? Felipe González también tuvo que pactar con los nacionalistas, pero el actual presidente del Gobierno ha impulsado abierta y personalmente, de la mano de los nacionalismos, un proceso de reformas de los estatutos de autonomía. -Con todos los respetos para el presidente del Gobierno, eso es un disparate. Despierta los viejos fantasmas y supone una ruptura. Y en todo caso, de reformar algo, lo lógico sería que esos estatutos se aprobaran otra vez con el consenso del PP y el PSOE. Le tengo que decir que, modestamente, tuve el honor de presidir una comisión de expertos con Calvo Sotelo y González. Conmigo estuvieron, del PSOE, Tomás de la Quadra (luego ministro) y Francisco Sosa Wagner, y del PP, Santiago Muñoz Machado y Ramón Fernández... Los estatutos se aprobaron por consenso. Pero eso no es tan nuevo. Lo que es nuevo, lo que provoca la crispación, donde están los excesos en realidad, donde está, incluso, la puesta en cuestión del porvenir del país, es en el proyecto de Estatut ése que han mandado los catalanes, que es completamente infumable. No hay duda de que va contra la Constitución, y si el Gobierno tuviera la intención de aprobarlo así, sería rechazado por el Tribunal Constitucional. Eso lo sabe todo el mundo. Ese proyecto no puede ser aprobado. -Volvamos a tomar como referencia los años 30. ¿Hemos pasado de conllevar con Aznar y González, el problema nacionalista, como proponía Ortega, a intentar solucionar- lo de una tacada integrándolo con Zapatero, como Azaña antes de gobernar? ¿Se puede establecer ese paralelismo entre Azaña y Zapatero? -Hombre, Azaña tenía las ideas muy claras y muy claros los principios. Era menos tacticista que el señor Zapatero. Él se encuentra con un proyecto de Estatuto como el que tenemos encima de la mesa. Es más, en el del 31 se hablaba del ejercicio del derecho de autodetermiación y, encima, el proyecto no era tal proyecto, como ahora, sino que venía como Estatuto. Por si fuera poco, la legitimación era casi absoluta: lo apoyaron todos los ayuntamientos y sólo cuatro concejales en contra en toda Cataluña. Y en el referéndum popular, en el que aún no votaban las mujeres, de 792.574 votos emitidos, sólo en contra 3.286. Es mucho más fuerte que esto, ¿no? Y sale airoso. -Bien es cierto que el primer Azaña por decirlo de alguna forma, había llegado a abrir la puerta a la independencia. -Pero eso lo dice cuando no tiene responsabilidades de gobierno, cuando sa- Un paralelismo inicial pendiente de dilucidar Manuel Azaña y José Luis Rodríguez Zapatero parten de una admiración compartida hacia la personalidad catalana y ambos dan esperanzas a los nacionalistas. Azaña da marcha atrás al gobernar. En el caso del presidente actual, está por ver. ARENGA AL CATALANISMO Azaña, antes de gobernar: Concibo a una Cataluña con las instituciones que quiera darse Y si algún día decidiera ella remar sola en su navío, sería justo permitirlo Zapatero, en la campaña electoral: Aceptaré el Estatuto que apruebe el Parlamento de Cataluña LA GESTIÓN DEL ESTATUTO Azaña, ya presidente: No podemos salirnos de la Constitución, y mucho menos a la hora de ver el Estatuto catalán, que precederá a los demás Zapatero se refiere cada vez con más frecuencia al marco constitucional Falta saber qué pasará con el proyecto