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26 Internacional LAS FINANZAS DE LA NUEVA EUROPA SÁBADO 17 12 2005 ABC El Gobierno británico concluye la presidencia menos europea Tony Blair ha dedicado el semestre a defender los intereses propios frente a los de la UE b Ha habido presidencias poco eficaces o más o menos simpáticas, pero hace mucho tiempo que no se había visto una política tan descarada en favor de sí mismo E. SERBETO. CORRESPONSAL BRUSELAS. La presidencia británica que ahora concluye pasará a los anales comunitarios como una de las más cicateras que se recuerden. El primer ministro Tony Blair no se ha preocupado ni de disimular que todas sus decisiones estaban orientadas hacia los intereses británicos y no para preservar la conveniencia general de la Unión Europea, como se espera del país que ejerce la presidencia semestral. Blair fue quien más expresamente se opuso a la propuesta luxemburguesa de perspectivas financieras presentada el pasado mes de junio, en la que en realidad era uno de los países más beneficiados. Pero lo que no podría haberse imaginado entonces es que en su primera propuesta alternativa, una vez que Londres asumía la presidencia, se incluyese una mejora del saldo británico de más de siete mil millones de euros, la única mejora en relación a las cuentas que se habían dejado atrás. Nunca antes se había visto a una presidencia que en lugar de tratar de avanzar hacia el acuerdo, aprovechara su posición preeminente para quedarse con el dinero que le sustrae a la política de cohesión. Naturalmente se trataba de una estratagema para ampliar el margen de maniobra en las negociaciones posteriores, pero aun así resulta injustificable por mucho que el ministro de Asuntos Exteriores, Jack Straw, dijera que se trataba de una decisión justa La única justificación es que al tratarse el cheque del resultado de un tratado internacional, cada cambio que se haga a su funcionamiento, sobre todo si se trata de reducir su montante, debe ser ratificado por el Parlamento británico, lo que hoy por hoy no es tan sencillo. Después de su derrota en la Cámara cuando propuso endurecer las medidas policiales contra el terrorismo, el premier británico está viendo las orejas del lobo de la bancada laborista, desde donde apremia la sombra de Gordon Brawn, precisamente a cargo ahora de las finanzas públicas. Por esa razón, fuentes diplomáticas europeas dijeron que el oasis de la cumbre de Hampton Court (donde se logró un consenso para hacer un esfuerzo por lograr un presupuesto) se terminó con aquella votación parlamentaria. Zapatero y Merkel estrechan sus manos durante la reunión de ayer en Bruselas EPA Hasta el último momento Pero con oasis o sin él, los británicos no han hecho ningún esfuerzo por parecer que tenían un interés en parecer políticamente vinculados con el destino de la Unión Europea. Hasta el último momento han demostrado que la política interna pesaba infinitamente más que los intereses europeos y aún ayer el portavoz de Blair, Tom Kelly, organizó sus comparecencias no teniendo en cuenta la marcha de las negociaciones de la cumbre de Bruselas, sino solamente el horario de la rueda de prensa diaria que se celebra en Londres. Y para que quedase claro, todas sus apariciones se han realizado con conexión de videoconferencia con la capital británica y con la participación de los periodistas locales, claramente más preocupados por los asuntos domésticos que por los europeos. Blair ni siquiera ha respetado el compromiso de que no se organizarían cumbres fuera de Bruselas, salvo en circunstancias excepcionales, y cuando le convino convocó la de Hampton Court, con el objetivo evidente de llevar el agua de las perspectivas financieras a su molino e intentar dejar a Francia sin apoyos para mover el suyo. Es cierto que los británicos no se han caracterizado nunca por su fervor europeísta y son los únicos que por ahora han enviado a la Eurocámara diputados independentistas que abogan llanamente por la retirada de Gran Bretaña de la UE. Y de hecho, Blair es, guste o no en Bruselas, lo más europeísta que hay en el Reino Unido. La maquinaria de La Moncloa se empleó a fondo para mostrar al Gobierno en el centro de la pelea y desterrar la imagen de un presidente hastiado y encerrado en su despacho Zapatero ya no se aburre LUIS AYLLÓN Londres no ha ahorrado estratagemas para ampliar su margen de maniobra en las negociaciones sobre el presupuesto BRUSELAS. Esto no es Barcelona. Nadie podrá decir que José Luis Rodríguez Zapatero se aburrió en esta cumbre. Ni que la pasó encerrado en su despacho sin ver a nadie esperando acontecimientos, como dicen que ocurrió en junio. Eso se acabó. Zapatero no paró. Sus reuniones llegaron incluso hasta el primer ministro búlgaro, pasando por Ángela Merkel. A Zapatero no le desanimó que cuando comentaba a la Merkel su debut diciendo: Es un buen primer consejo le replicara: Por ahora, no Su objetivo era Chirac con quien se vio varias veces y a quien ligó su destino. A cada movimiento británico nueva reunión con el gran aliado. A cada modificación de las propuestas, nueva consulta con los técnicos españoles en un despacho lleno de gente. No hay tiempo para siestas como la que se echó el luxemburgués Juncker. Esto ya no es lo que fue. Las cosas han cambiado mucho y el aparato propagandístico de La Moncloa se puso las pilas y terminó exhausto, a base de comparecer ante los periodistas. Había que desterrar la imagen de un Zapatero aburrido y apático y mos- trarlo en frenética actividad, en el centro de la pelea, presto a defender los intereses españoles y europeos. El secretario de Estado de Comunicación, Fernando Moraleda, omnipresente, fue el principal ariete de las consignas y, a la vez, una especie de Iker Casillas que despejaba toda pregunta que llegaba a su área, sin concretar en exceso las pretensiones españolas, pese a las reiteradas demandas de los periodistas. Y, al final, defendiendo con uñas y dientes que el mérito de poner a los británicos contra las cuerdas era también de Zapatero, y no de franceses y alemanes como había pregonado Chirac. Y como todos buscaban colgarse la medalla anticheque Tony Blair decidió vengarse. No contento con tener de mal humor a la mayoría de sus colegas europeos, les ofreció un vino inglés para regar el complicado almuerzo de ayer en Bruselas. Se trataba un Biddenden Ortega 2004, del condado de Kent, a un precio de unos 100 euros el lote de 12 botellas, cantidad suficiente para castigar a los jefes de Estado y de Gobierno sin que el cheque británico sufriera mucho.