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ABC SÁBADO 17 12 2005 Opinión 3 LA TERCERA DE ABC NO TENEMOS PATRIOTISMO EUROPEO POR FRANCISCO RODRÍGUEZ ADRADOS DE LAS REALES ACADEMIAS ESPAÑOLA Y DE LA HISTORIA La historia de las grandes naciones es búsqueda de unión sobre un trasfondo histórico y aun, como dije, mítico. Pero la historia de Europa es desunión política continuada entre los herederos del imperio romano, al tiempo que unificación cultural... L mínimo SÍ de España, casi de compromiso, y los sonoros NO de Francia y Holanda a la Constitución europea, han provocado miles de comentarios y explicaciones. Que si era poco social o demasiado liberal o aumentaba el paro. Es algo más simple: la unidad política europea no llega a la gente. Es un cálculo de economistas y políticos- -razonable o no, modificable en todo caso- -que no llega al corazón. No existe el patriotismo europeo. Y hay miedo al intervencionismo de gentes de Bruselas y Estrasburgo sentidas como ajenas y lejanas. Miedo a los tres pisos de gobierno, de los cuales el de arriba y el de abajo- -Europa y las Autonomías- -rebajan el poder del Gobierno de la Nación. Efectivamente, en el sentir de la gente existe una Europa cultural, apenas una Europa política. La Europa cultural existe desde griegos y romanos, a través de la Edad Media, el Renacimiento, la Ilustración, el XIX y el XX, hasta hoy. Aunque flojea, debilitada por los ataques al Humanismo, el Cristianismo, la Historia, todos somos más o menos los mismos. Muchos nos hemos movido por esta Europa, aprendiendo, enseñando. Sin necesidad de Unión Europea. En cierto modo, si ya la legislación española nos da miedo, ¡qué no será la europea! Vean por ejemplo el proyecto de Bolonia para las Universidades. Nos vemos impotentes ante una especie de monstruo lejano, inaccesible. Esto no quiere decir que una concordancia política no sea necesaria. Aunque puede haber una unidad cultural sin unión política: así en la Grecia antigua. La unión política la impusieron desde fuera los macedonios y duró poquísimo (como otras uniones artificiales, por ejemplo, la de la antigua Yugoslavia) En cuanto a Europa, los intentos de unión política han sido, hasta ahora, un fracaso. Echemos una ojeada. El último imperio romano era ya una Europa unitaria, con equilibrio entre el Imperio y el Papado. Luego Roma fue el modelo de los reinos nacionales. E la NATO por ejemplo, rebasaban Europa, o una parte de Europa, nos llevaban a América. No entro en el detalle: el caso es que, dentro de la unidad atlántica, en Europa se fue creando un hueco que solo esperaba ser llenado con la integración política. El tratado de Maastricht (1991) principalmente económico, abría ya esa vía. Se ha ido implementado. Ahora quería culminar en la Constitución: ha tropezado. Pero quizá a partir de ahí se logre una forma de integración más modesta, no una especie de Superestado con todas las consecuencias. La gente no lo aprecia. Es cosa de los políticos, ya dije, más que de los pueblos. La gente, en general, utiliza a Europa para su beneficio: ayudas agrícolas y otras, becas erasmo subvenciones diversas, puestos bien pagados. Armas de doble filo (arrasar viñedos no es a la larga bueno; las becas erasmo están despoblando nuestras Universidades, inutilizándolas) Otros usan Europa para presumir: euro- es ya casi super o estupendo los más tontos dicen eso de ya somos europeos En fin, se utiliza a Europa como una tercera vaca, tras la de las Autonomías y la del Gobierno. Pero es una vaca que a veces cornea. Entonces, protestan contra Europa, con y sin razón. Limita nuestra agricultura y pesca, produce la inflación con el euro, no es sino una panacea para un grupo de burócratas lejanos. Es algo incontrolable. Eso dicen. O sea: no hay sensibilidad europea, ni patriotismo europeo. Con lo que queda de patriotismo español, por ejemplo, podemos al menos protestar, soportamos nuestras desdichas. Pero someternos a ese nuevo amo nos parece demasiado. Por supuesto, buena parte es salvable, un acuerdo es necesario. Es lo mejor de nuestro tiempo el que hayamos acabado con las guerras europeas, luego mundiales. Pero si culturalmente somos europeos (mejor ya, universales) políticamente, la verdad, no creo que haya muchos patriotas europeos. Y sin patrio- tismo, no hay nación. Y es que, como nación, Europa es artificial: ha fracasado siempre, ahora está en pleno desconcierto. Una cura de adelgazamiento, como proponen los ingleses, no le vendría mal. Crear naciones mediante una síntesis artificial, en torno a una mesa de debates, es difícil, creo que jamás se hizo. Las naciones europeas, que luego se pusieron a luchar insensatamente entre sí, son otra cosa. Fueron creaciones históricas y aún míticas, tras largos procesos. España, sobre la diócesis Hispania, de Diocleciano, y el reino visigodo (los musulmanes no lograron que se borrase esta idea) Italia, sobre el Imperio romano; Francia, sobre el reino de los francos, pronto extendido; Alemania, sobre los pueblos y los mitos germánicos; Inglaterra, sobre los romanos, los anglos y los normandos... Todo natural, aceptado por el pueblo. Nuestras naciones se curtieron en guerras, vieron luego que eran insensatas y las dejaron, por fortuna. Pero una nación Europa solo la han divisado los políticos, no los pueblos. Igual es el caso de las naciones grandes de otros continentes. Las colonias americanas del Atlántico estaba unidas por la huida común de la persecución religiosa; luego, por la independencia de Inglaterra y por la expansión hacia el Oeste y el Sur, a expensas de indios y de mejicanos. Empresas comunes. India, por el recuerdo de los viejos imperios de Asoka, los Gupta, los mongoles, los británicos. Podríamos seguir. La historia de las grandes naciones es búsqueda de unión sobre un trasfondo histórico y aun, como dije, mítico. Pero la historia de Europa es desunión política continuada entre los herederos del imperio romano, al tiempo que unificación cultural. Ahora acabó esa desunión. Pero muchos, creo que la mayoría, no sentimos a Europa como un estado. Es una construcción intelectual de los Monet, Schumann, Adenauer, Delors que, ya se ve, muchísimos rechazan. Pero Papa e Imperio chocaron, hasta con Carlos V. Y el Imperio que este último representaba lo ninguneaban Francia, Inglaterra, Holanda, los protestantes alemanes. Hubo que desistir de él. Y luego, cuando Napoleón quiso traernos una especie de Europa ilustrada, le dijimos que no: nosotros y otros muchos. Siguieron los enfrentamientos europeos: desde la época de Bismarck, y aun antes, entre el bloque de Francia e Inglaterra y el de los imperios centrales. Culminaron en las dos horribles guerras europeas. En la segunda Hitler intentó su unificación, también luego Stalin la suya. Fracasaron. Fue, después, un aire fresco la pacificación de Francia y Alemania, desde que buscaron acuerdos, no conquistas. Surgieron instituciones como el Consejo de Europa, la Comunidad del Carbón y del Acero, la Comunidad Económica Europea: un tratado firmado en Roma, claro reconocimiento del modelo romano. Aunque era más Economía que Humanismo. En fin, otras instituciones de finalidad política, A pesar de todo lo que tenemos en común, seguimos sintiéndonos diferentes. En las lenguas (por muy penetradas del léxico cultural greco- latino que estén todas) en la manera de vestir, de comportarse, de comer, en todo. Tenemos tolerancia, admiración a veces, aprendemos. Pero nos sentimos diferentes. Y recibimos mal las órdenes de organismos que se nos antojan inalcanzables, lejanos. Son fuente bienvenida cuando nos dan algo tangible, pero no encuentran comprensión en otro caso. Quizá con el tiempo. La unión política europea ha llegado demasiado tarde. O demasiado pronto. Y además, ni siquiera es la contrapartida de una cultura. Nuestra cultura está ya extendida por el ancho mundo. Está más próxima la de Hispanoamérica que la de Turquía. Y está próximo el modelo que se extiende ahora por todas partes, de la China a las naciones musulmanas. Digan lo que digan, choque con los obstáculos que choque. Unirse más de lo que es necesario para defender intereses comunes sin herir los propios, parece superfluo y arriesgado. Ya se está viendo.