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74 Espectáculos VIERNES DE ESTRENO King Kong, frente a frente con Ann Darrow, a quien da vida la actriz Naomi Watts Esta semana ha llegado a las pantallas españolas una de las películas más esperadas de la temporada: King Kong Peter Jackson ha dejado la Tierra Media para rodar una nueva versión de esta particular historia de la bella y la bestia Un Don Juan llamado King Kong TEXTO E. RODRÍGUEZ MARCHANTE ara llegar a la conclusión de que estamos ante el más emocionante, pasional, romántico y conmovedor King Kong nunca visto, hay que iniciar el camino con una frase que tal vez parezca chiste o boutade, pero que es tan cierta y comprobable como la fiebre consumista en estas fechas prenavideñas. Esa frase podría ser: el gorilón es el mejor actor de cuantos aparecen en ésta y en otras muchas películas. Así es, ese amasijo de trapos, cueros, lanas y pulsos digitales transmite tanta ternura y fiereza, tanta pasión y compasión, tanta fuerza y P delicadeza y tanta seguridad y soledad, que convierte todo lo demás de esa grandísima, espeluznante y enternecedora historia en accesorio (un complemento ciertamente espectacular y apabullante, digno de su director) Y aunque parezca ridículo, ahora habría que discernir entre lo que es talento propio del muñeco gorila y lo que es de construcción del personaje por parte de un tipo también grandote y peludo llamado Peter Jackson. Cuando un personaje pasa en el breve (aquí, no tan breve, pues dura tres horas) tiempo de la película de ser el villano a ser el héroe, del terror a la ternura, es que todos han contribuido a enriquecerlo, hacerlo grande y complejo, desde el guionista y el director hasta, naturalmente, el actor que lo encarna. En este caso, la importancia del trapo actor es menor, lógicamente, que la que tiene Peter Jackson, que ha construido un King Kong extraordinario y sobrecogedor, en todos los sentidos. De tal modo transmite sensaciones el monstruo a través de su cartón piedra (hay que decir que no hay ningún gorila en el zoo con más pinta de gorila que él) que podemos reconocer en él sentimientos que otros actores no consiguen encontrar y trasladar sin palabras, como el orgullo, el reproche, el perdón, los celos, el sentido de la protección, el de la propiedad... El talento de Peter Jackson para darle vida fascinación y gancho al muñeco podría cristalizarse en dos momentos geniales de la película: en uno de ellos, el gorila ha salvado a su chica de las garras de tres tiranosaurios, ella está exhausta, aterrada y al tiempo impresionada por él, por su fuerza y por su voluntad de protegerla... Y él, que la sabe ya entregada y fascinada, y que recuerda