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ABC VIERNES 16 12 2005 Espectáculos 73 VIERNES DE ESTRENO Sara Forestier y un puñado de actores noveles, a las órdenes de Abdellatif Kechiche, protagonizan La escurridiza, o cómo esquivar el amor una película sobre los suburbios parisinos que explica muchos de los antecedentes de las llamas que invadieron París Amar antes del cólera TEXTO: ANTONIO ASTORGA MADRID. Antes de que París ardiera como Mississippi, en una urbanización de viviendas de protección oficial del extrarradio parisino, habitada por inmigrantes, pasa un ángel declamando con pasión la obra de Pierre Carlet de Marivaux (1688- 1763) El juego del amor y del azar Ese ángel se posa en la mente y en los ojos de Lydia (Sara Forestier, premio César como mejor actriz revelación) ferviente admiradora del autor, que ensaya junto a sus compañeros de clase una representación de esta pieza teatral para el fin de curso. Voltaire sostenía que el teatro de Marivaux no era otra cosa que el arte de pesar huevos de mosca en balanzas de telas de araña. Trescientos años después, las obras de Marivaux han alcanzado una perpetua actualidad y lo han convertido en el segundo autor más representado después de Molière. No es de extrañar, pues, que el director francés Abdellatif Kechiche haya elegido un puñado de buenos actores y de adolescentes que por vez primera se asomaban al séptimo cielo del cine para rodar en un suburbio de París y explicar por qué París ardería algún tiempo después. El excelente resultado es La escurridiza, o cómo esquivar el amor estupenda película que ha arrasado en los prestigiosos César (mejor película, mejor director, guión y actriz revelación) y que ha superado en taquilla a cintas como Los chicos del coro o Largo domingo de noviazgo El ángel de amor y azar que se posó en Lydia también hizo parada y fondo en Abdelkrim, Krimo, un tímido barbilampiño que se queda prendado de Lydia. Tras descubrir el amor, Krimo intentará declararse a Lydia y para ello empleará toda su táctica posible evitando caer en el ridículo. Abdellatif trata de demostrar en esta película- -explica Sara Forestier- -que en esos suburbios hay proyectos humanos de vida que no siempre son delincuentes. De hecho se ha demostrado que el 60 por ciento de las personas detenidas tras esas revueltas no tenían antecedentes penales. Han sido revueltas de malestar de vida. La gente ha dicho: No podemos más porque pedimos trabajo y queremos trabajar, pero no nos lo dan. Toda esa situación lleva a que los seres humanos oprimidos exploten. En esos suburbios viven personas muy buenas que hacen su vida Krimo podrá expresar con el texto de Marivaux lo inconfesable: su pasión por Lydia, pero su insobornable timidez le tenderá una trampa. Cuando Marivaux plantea una fiesta de los sentimientos y de las sensanciones en sus juegos de amor y azar, Krimo interpreta a Arlequín como si estuviera actuando bajo las órdenes de Bergman; es decir, como si no pasara nada. Sara Forestier, en una imagen de La escurridiza, o cómo esquivar el amor Lutero Una de romanos EE. UU, 121 m. Director: Eric Till Intérpretes: Joseph Fiennes, Claire Cox, Peter Ustinov, Benjamin Sadler, Bruno Ganz ANTONIO WEINRICHTER Hay todo un género de películas ambientadas en el interior de la institución de la Iglesia católica, a la que presentan como un poder con estructuras y razones de estado a veces muy terrenas. Del gran clásico El cardenal a la reciente denuncia de Amen estas películas no suelen profundizar demasiado en cuestiones religiosas por la evidente y loable razón de evitar herir la fe de los creyentes y también porque estas materias no resultan muy cinematográficas: en el fondo se trata de un subgénero del cine de romanos (nunca mejor dicho) que aprovecha sobre todo el incomparable marco vaticano y la ritualización de la jerarquía cardenalicia. El problema al que se enfrenta este biopic de Lutero es que quiere seguir el modelo de estas grandes producciones históricas pero al mismo tiempo elige un protagonista cuyo empeño épico fue, al menos en un Joseph Fiennes interpreta a Lutero principio, una crítica de ciertas costumbres de la práctica religiosa, como ese pionero ejemplo de marketing de la venta de indulgencias. Esta parte teológica se soluciona con un par de discursos del monje agustino antes de centrarse en el verdadero tema de la película: la constitución de la iglesia alemana como un poder autónomo de Roma, una visión nacionalista de esos dos poderes enfrentados desde el punto de vista alemán (no hay que olvidar que el film es una producción de esta nacionalidad) Así, el Lutero de Joseph Fiennes (que pone aquí su cara de época ensayada en Shakespeare in love se desdibuja como personaje dramático en cuanto entra en liza el duelo entre el príncipe alemán Peter Ustinov (que sale casi a título póstumo) y los príncipes de Roma. A nosotros la Reforma nos queda- -en todos los sentidos- -un poco lejos por lo que debemos contentarnos con un espectáculo competente que no pasará a la posteridad.