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ABC VIERNES 16 12 2005 Cultura MUERE UN MAESTRO DE LA LIBERTAD 57 SÓLO ADMIRACIÓN Y AGRADECIMIENTO ESPERANZA AGUIRRE GIL DE BIEDMA Presidenta de la Comunidad de Madrid L a noticia de la muerte de Julián Marías me ha llenado de profunda tristeza. Hace algo más de un año, cuando Julián Marías cumplió noventa, tuve la suerte de que me recibiera en su casa, adonde fui para felicitarle por su cumpleaños y para expresarle, una vez más, mi admiración y mi respeto por su ingente obra intelectual y por el inmenso ejemplo de integridad moral que siempre nos ha dado. Allí, en su casa, encontré a un Julián Marías ya bastante débil de piernas, con problemas de vista, pero esplendorosamente vivo y brillante de memoria y de juicio. La verdad es que salí de aquella larga entrevista que mantuvimos en su despacho, lleno hasta el último rincón de montones de libros y papeles, con la sensación de haber estado junto a un gigante de la vida intelectual española de los últimos setenta años. Julián Marías, con los problemas físicos lógicos a su edad, me había dado una exhibición de sus infinitos conocimientos sobre historia, literatura, filosofía y también sobre cine, sostenidos todos en una memoria prodigiosa para las citas, las referencias y las fechas. Hay un famoso verso que Jorge Guillén dedicó a don Ramón Menéndez Pidal- -del que, por cierto, también puede considerarse discípulo a Marías- Buscad sus pares, pocos Así quería expresar su admiración por la obra de otro de los grandes de la auténtica cultura española de todos los tiempos. Pues bien, creo que a Julián Maríasse le pueden dedicar también esas palabras del poeta. Pocos, muy pocos, pueden presentarse ante la Historia con una obra intelectual tan cumplida, tan llena, tan profunda y tan preocupada por explicar lo que pasa y lo que nos pasa. Nunca fue Marías un pensador encerrado en su torre de marfil, nunca se limi- tó a cultivar la filosofía pura- -y eso que fue uno de los primeros, si no el primero, en conocer a fondo la obra clave de Heidegger, que es el filósofo por excelencia del siglo XX- Siempre procuró iluminar a sus infinitos lectores con sus reflexiones sobre la realidad cotidiana, española y no española. Unas reflexiones siempre llenas de inteligencia, por supuesto; de amplitud cultural- -su cultura era absolutamente universal- de profundidad y de rigor intelectuales. Y, sobre todo, siempre llenas de sentido común- -ese sentido común que ahora echamos tanto en falta en nuestra vida pública- de bondad y de generosidad. Una bondad y una generosidad que en Maríashan sido proverbiales durante toda su vida. Probablemente es el intelectual español al que peor ha tratado el establishment político y universitario en los últimos tiempos, hasta el punto de que para la Universidad española es hoy una falta imperdonable que Marías no haya enseñado nunca en sus aulas. Sin embargo, Julián Marías jamás ha dedicado ni una sola línea a quejarse. Todo lo contrario. Represaliado, de verdad, al final de la guerra, siempre hizo gala de un optimismo vital admirable y, a base de un trabajo y un esfuerzo inmensos, supo encontrar la manera de llevar a cabo, incluso en aquellos años de represión, una obra intelectual absolutamente impar. Hoy, a la hora de su desaparición física, quiero testimoniar mi admiración por la magnífica persona que ha sido Julián Marías y mi agradecimiento por la monumental obra intelectual que ha llevado a cabo durante toda su larga vida dedicada al estudio, la reflexión y el trabajo intelectual, una obra que va apermanecer entre nosotros y que nosotros vamos a continuar leyendo y apreciando. DON JULIÁN SANTIAGO CASTELO P En la Academia, con Rosales, Cela y Laín Entralgo Pero esta última matización, este último rasgo, es como una afirmación más de la proporción, el equilibrio, el seny característicos de Marías. El seny expresión catalana, tiene su equivalente castellano, más que en la palabra sensatez en esta otra: mesura La mesura, cualidad casi insólita en el español medio, es, FOTOS: ABC quizá, lo que mejor define a Julián Marías: al hombre, al pensador, al escritor. Ésa es su gran lección, la que nos ha dado a todos, la que espero que desde su obra siga dando a las nuevas generaciones españolas, que son, cuando menos, nuestra gran esperanza, pero también nuestra gran preocupación. ara los redactores de ABC Julián Marías era, sencillamente, don Julián. Casi toda su vida estuvo ligado a esta Casa, desde que, siendo un joven intelectual, quiso, en los trágicos meses de enero a marzo de 1939, poner la voz de su cordura en los editoriales de aquel ABC de Madrid, secuestrado por la República. Agonizaba ésta y aquel muchacho de apenas veinticinco años intentaba agilizar la capitulación de Madrid, llamando a la concordia y queriendo evitar aún más derramamientos de sangre. Vuelto ABC a sus legítimos dueños, la liberalidad de Juan Ignacio Luca de Tena fue llamando a sus publicaciones a los perseguidos por el nuevo régimen. Desde José María Massip a José Carlos de Luna, desde Ramón Pérez de Ayala a Azorín; desde Miguel Pérez Ferrero a Lorenzo López Sancho. Y a Julián Marías. Hasta ahora. A mí me tocó, en los últimos veinte años, la honrosa tarea de hablar con él cada semana. Don Julián era un pozo de sabiduría, de inteligencia, de sagacidad, de patriotismo, de religiosidad. A simple vista parecía huraño y hasta antipático, pero bajo esa especie de coraza anidaba un hombre con una ternura emocionante, con una bondad de niño, con unas ingenuidades increíbles. Asombraba su sentido del periodismo. Si le llamaba pidiéndole una Tercera de urgencia, ya sabía de antemano que me iba a decir que no. Alegaba sus muchos quehaceres, refunfuñando, sus libros, sus conferencias... Al cuarto de hora él mismo te telefoneaba para decir cuándo tenía que ir el motorista a recoger el artículo. Y era una pieza impecable. España ha perdido a uno de sus pensadores más eminentes. La Casa de ABC y quienes trabajamos en ella, a un colaborador excepcional, a cuyo lado siempre se aprendía algo.