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8 Opinión VIERNES 16 12 2005 ABC LA BURBUJA CARTAS AL DIRECTOR Pueden dirigir sus cartas a ABC: Por correo: C Juan Ignacio Luca de Tena, 7.28027 Madrid Por fax: 913.203.356. Por correo electrónico: cartas abc. es ABC se reserva el derecho de reducir los textos de las cartas cuyas dimensiones sobrepasen el espacio destinado a ellas. Mañana en EL HUMO CIEGA TUS OJOS ULIÁN Marías escribió hace tres décadas que cuando quería medir el grado de libertad del que podía disfrutar en un país se hacía siempre tres preguntas: ¿Qué puedo hacer? ¿Qué no puedo hacer? ¿Qué me pueden hacer? Desde entonces, cada vez que he visitado un país me he hecho siempre esas mismas tres preguntas. El resultado ha sido una lista personal e intransferible LUIS IGNACIO de países en PARADA los que las libertades que los ciudadanos pueden ejercer no están en proporción con su aparente grado de democratización... y viceversa. Y he llegado a tres conclusiones. Primera, que, en las dictaduras todo lo que no es obligatorio está prohibido, pero sólo viven bien los que deciden qué es obligatorio. Segunda, que en las democracias, todo está permitido menos lo que está expresamente prohibido, pero los que mejor viven son los que establecen las prohibiciones. Tercera y paradójica, que cada vez hay más obligaciones y más prohibiciones. En un libro titulado España inteligible Julián Marías escribía en 1985 que frente a la idea de que España es un país anormal conflictivo, irracional y enigmático, un conglomerado de elementos múltiples y que no se entienden bien, España es coherente y sólo ocurre que a algunos les parece una herejía la idea de que pueda ser normal una realidad colectiva humana y por tanto inteligible. Si el filósofo desaparecido ayer se hubiera hecho ayer mismo las tres preguntas que empleaba para medir el grado de libertad de los países, habría llegado a la conclusión de que hay quienes se empeñan en seguir dando argumentos para que España sea cada vez menos inteligible. Porque, con la que está cayendo en materia política, autonómica y económica, el humo cegaba los ojos de los políticos que estaban entusiásticamente dedicados a prohibir el tabaco y a hacer obligatoria una nueva asignatura de Educación para la Ciudadanía Señores, lo que preocupa a la ciudadanía es saber ¿qué puede hacer? ¿qué no puede hacer? y ¿qué le pueden hacer? J El punto de vista del historiador Es llamativo que entre laabundante bibliografía sobre Franco y su régimen no haya aparecido hasta ahora una obra de síntesis en torno a sus rasgos principales. Eso he intentado hacer yo en mi último libro, y, consciente de los riesgos de las síntesis, he propuesto en él un debate sobre la dictadura por encima de los furores todavía presentes, muchos de ellos artificiosos. Podemos y debemos contemplar con serenidad nuestro pasado. César Alonso de los Ríos, en un artículo titulado El gran error de Pío Moa pone el dedo en la llaga al observar cómo el problema del franquismo es el de la democracia en España. De ahí concluye que mi libro defiende al franquismo y constituye una condena indirecta de la democracia A su juicio, una cosa es que el recuerdo de la República y de la guerra llevase a millones de españoles a temer la inseguridad de cualquier cambio político, y otra cosa es justificar el autoritarismo, el desprecio a los derechos humanos y, en definitiva, el sacrificio de la voluntad general a unos intereses personales y de grupo Quiero recordar que la Generación del 36, los Laín y los Ridruejo, los Aranguren y los Tovar, los Areilza y los Ruiz Jiménez, nunca se arrepintieron de haberse adherido al alzamiento porque lo consideraron un hecho históricamente necesario. Lo que nunca justificaron fue la resistencia de Franco y sus sucesivos equipos a encontrar salidas Este planteamiento mejora los habituales en el mundillo autodeclarado progresista, tan próximo a los totalitarismos de izquierda y tan empeñado en hacernos comulgar con ruedasde molinotales como las excelencias de la República o la defensa de la libertad por los marxistas, los anarquistas, los racistas del PNV o los golpistas de Companys y Azaña, bajo el protectorado de Stalin. Tales absurdos han formado el nervio de una historiografía tan vasta como basta, con pretensiones académicas y persistente aún hoy, si bien harto debilitada. Con todo, Alonso de los Ríos escribe desde el punto de vista (lícito, claro) del ideólogo, mientras que yo lo hago como historiador. El ideólogo condena defiende justifica o deplora lo cual no es negativo por principio, pero constituye un peligro para el historiador, quedebe evitar la tentación de erigirse en juez del pasado y distribuir sentencias a diestra y siniestra. La historia y la vida humana son demasiado misteriosas, y nuestro conocimiento de los hechos demasiado insuficiente, y de ahí la vanidad de tales juicios. El historiadordebe examinar lospersonajesy partidosdesde elpunto de vista de su coherencia ideológica y comparándolos con sus actos y con las alternativas en el contexto real, no con algún desiderátum ético ideal. Así, los partidos de izquierda, consecuentes con sus ideas mesiánicas, destruyeron la democracia en dos fases: la insurrección del 34 y el Frente Popular. Esa destrucción causó la guerra, y no a la inversa. Franco no se alzó contra una democracia, sino contra un proceso revolucionario. El ideólogo puede lamentar que la derrota de la revolución no se debiera a un líder o partido democrático, pero el historiador ve enseguida la imposibilidad de tal cosa, porque: a) un sistema de libertades no puede funcionarsi optapor subvertirlo el grueso de la izquierda (o de la derecha, pero en el caso español fue aquella) y b) porque había muy pocos demócratas y liberales a aquellas alturas de la experiencia republicana. Por ello la victoria de Franco originó un sistema autoritario, pero muy preferible, sospecho, a la alternativa totalitaria opuesta. Alguien debía enfrentarse a la revolución, y si ese alguien fue Franco, eso cuenta en el balance, y eso debe agradecérsele, como concluía cuer- damente el gran liberal Gregorio Marañón. También plantea Alonso de los Ríos, implícitamente, la duración del franquismo. Él mismo responde al mencionar la Generación del 36. Pero ésta ¿qué representaba? Casi nada, y por ello, por querer influir algo, algunos de sus hombres entraron en montajes comunistas ¡unos demócratas! como el Pacto para la libertad Y podrían hacérseles críticas más severas, como indico en el apéndice sobre el episodio Solyenitsin. La dictadura se mantuvo porqueno tuvo alternativa razonable. Los vencidos en el 39 jamás hicieron el menor examen de sus responsabilidades, y siguieron siempre encarnando unas políticas que Azaña describe como demenciales. En cuanto a la monarquía, sólo podía traerla el propio franquismo, y lentamente, pues la izquierda la detestaba, y la mayoría de la derecha no la apreciaba. El PCE, única oposición real y algo influyente, era comunista. Y para qué hablar de ETA. El franquismo no tuvo oposición democrática de alguna entidad, y eso debe constatarlo el historiador como el hecho que es, sin lamentaciones vacuas. Así, la democracia nunca pudo venir de la oposición real, y terminó trayéndola el sector reformista del régimen, otro hecho histórico evidente, pero a menudo mal comprendido. Para don César, el franquismo supuso el sacrificio de la voluntad general a unos intereses personales y de grupo No sé si la voluntad general existió alguna vez, pero, por interés particular o no, el franquismo venció a la revolución, libró a España de los horrores Llegan las navidades Las fiestas están muy cerca, y con tal motivo la revista Mujer Hoy muestra en su portada unos contenidos de lo más navideños: Un menú perfecto para sibaritas, cocinillas y aprendices un forma de lucirte ante tus invitados, con sugerencias culinarias de lo más exóticas. Además, en la sección de decoración, un amplio reportaje sobre cómo decorar tu casa estos días tan especiales, pinturas brillantes, estampados de colores y telas de algodón... y todo sin gastar mucho dinero. También, para las más presumidas, la revista incluye un especial accesorios (bolsos, joyas, cinturones etc) Los complementos serán los protagonistas. de la Guerra Mundial, y dejó un país próspero y ajeno a las pasiones de antaño. Estos son también hechos constatables, no opiniones, y gracias a ellos hemos tenido luego treinta años de libertades... amenazadas hoy por orates que quieren derrotar a Franco y dicen que representan voluntades generales Valgan estos apuntes para iniciar un posible debate. Y ahora, saliéndome del papel del historiador, aseguro a mi crítico, cuyos trabajos aprecio mucho, que soy demócrata, y por ello celebro que la democracia llegara en buenas condiciones y sin rupturas que nos hubieran devuelto a la epilepsia republicana. También me alegro de que, aunque las libertades políticas hayan llegado más tarde que en el resto de Europa occidental, las debamos a nosotros mismos, y no a la intervención de USA como casi todos los demás países europeos. Pío Moa Madrid.