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ABC VIERNES 16 12 2005 Opinión 7 en octubre de 1982 se operó no un cambio de Gobierno, sino un cambio de régimen. Y esto es una peligrosa falsedad. Se está produciendo algo que no existía en absoluto, y que me inquieta profundamente: la exasperación. Innumerables españoles, de todos los estratos sociales, de todas las ideologías, se sienten incómodos, vigilados, manipulados, hostigados. Cuando quieren proyectar algo se encuentran con que el Poder ha intervenido ya- -o va a intervenir- -para limitar sus posibilidades o para orientarlas en cierta dirección determinada. Esa dilatación de los pulmones que suele llamarse libertad resulta más difícil. Cuando se mira el periódico se encuentra en él cada día una nueva regulación, una restricción, un cambio, por lo general no deseado, en todo caso no consultado. La mayor parte de la información encubre esto, y es parte de esa orientación: respecto del pasado, respecto del valor de los cambios propuestos, acerca de las posibilidades del futuro. Hay muchos españoles que se dan cuenta de todo esto; pero son más los que tienen pocos recursos para superar la manipulación informativa: tienen una vaga impresión de estar siendo utilizados, llevados no se sabe bien adónde; sienten un indeciso malestar; pero tardan en enterarse, en saber a qué atenerse. LA ESPUMA DE LOS DÍAS UN PENSADOR EJEMPLAR C Marías, en su discurso pronunciado en la entrega de los ABC Cavia de 1985, ante Don Juan de Borbón, Guillermo Luca de Tena y Chumy Chúmez limitado para dejar la sociedad española transformada, quizá de manera irreversible; para llevarla adonde acaso no quiera ir. Pero al mismo tiempo, mezclada con cierta desconfianza, se percibe una voluntad de continuar, un mal disimulado deseo de que sea para siempre que me recuerda demasiado la actitud que se dibujó en 1939. Esto puede parecer excesivo; pero si se repara en la manera oficial de referirse al pasado inmediato, a la fase inicial y creadora del Reino de España, en que se operó la inmensa transformación del Estado mediante un consenso- -tal vez excesivo- en libertad y contando con todos, esa impresión se refuerza de un modo inquietante. Hay una equívoca propensión a asimilar ese periodo con los cuarenta años que lo precedieron, con el largo tiempo que en un quinquenio se transformó sin violencia ni heridas. Se quiere insinuar que Pero al fin se enteran; pueden tardar dos años, acaso tres, pero la perplejidad no es ilimitada. Richelieu se preguntaba si se debe dejar que el pueblo viva a su gusto el pueblo acaba por advertirlo, quizá con irritación. Cuando en un país hay que realizar ciertas operaciones- -por ejemplo económicas- -urgentes, indispensables, penosas, hay que cumplir tres condiciones. La primera, explicarlas, justificarlas, conseguir la aceptación de la inmensa mayoría. La segunda, no ir al mismo tiempo en sentido contrario: por ejemplo, no sumar a la austeridad de unos el despilfarro de otros, no intenta convertir al país en una minoría de trabajadores y una mayoría de parásitos. La tercera, la más importante, no provocar fricciones que hagan imposible el asentimiento; no hostigar, una tras otra, a las fracciones del cuerpo social para convertirlo en otra cosa, en lugar de dejarlo inventar, proyectar, realizar con holgura y espontaneidad las transformaciones que broten de su fondo creador y fecundo. Me parece un deber- -ya urgente- -advertir estos riesgos, antes de que se consume lo que no se ha producido por fortuna, pero algunos de cuyos síntomas me parecen inconfundibles, y que se van a acentuar si no se vuelve a inyectar la libertad en el mecanismo de la democracia: la ruptura de la concordia. PALABRAS CRUZADAS ¿La cogestión tributaria abre la puerta a la independencia fiscal autonómica? GESTIÓN COMPARTIDA, NO CEDIDA OS dos grandes impuestos, IRPF e IVA, se reparten entre gobierno central y autonómicos, exceptuados el vasco y el navarro. Así se construye la corresponsabilidad fiscal. Así debe ser el modelo descentralizado, metafederal que induce nuestra Constitución. La corresponsabilidad requiere compromiso de las administraciones autonómicas con el gasto y el ingreso y traducirse en cooperación en la gestión. Una Agencia Tributaria estatal ajena a las administraciones tributarias autonómicas sería un error. También que se desentienda de la recaudación e inspección para recibir lo que cada autonomía, con criterios más o menos objetivos, le quiera entregar, como apunta el proyecto de Estatuto cataFERNANDO G. lán. URBANEJA Este modelo requiere cooperación, y superar desconfianzas, sobre todo la comezón de soberanía fiscal. Fragmentar los grandes impuestos sería un fatal error. Compartir su gestión es coherente con la letra y espíritu de la Constitución y de su capítulo VIII, con el que se puede estar de acuerdo o no, pero que hay que materializar en la práctica. Las comunidades gestionan el gasto de más del 60 por ciento del Presupuesto (excluido el sistema de pensiones) y no pueden seguir en el limbo de la ignorancia de la gestión de los grandes impuestos. Quien gasta tiene que responsabilizarse del ingreso. PASTELEOS Y HUMAREDAS L E L estratégico giro del PSOE hacia el nacionalismo debía generar tensiones, también en el campo fiscal. La participación en la gestión del IRPF es una expresión tan vaga que eventualmente puede querer decir cualquier cosa, que es lo propio de gobernantes sin principios. Puede presentarse como corresponsabilidad fiscal según la cual quien gasta debe recaudar. Pero esa idea tiene límites difusos, porque es fiscalmente responsable una administración regional que recaude todo y negocie bilateralmente con el Estado, como hace la Comunidad Autónoma Vasca. Y esto mismo es lo que pretende el Estatut. Los nacionalistas vascos emplean su CARLOS R. cupo (como todo) para propiciar una BRAUN agenda independentista, y a lo mismo aspiran los socios de Maragall y Zapatero. El presidente español sabe que su giro es peligroso, y entonces intenta marear la perdiz y ceder ante los nacionalistas, pero aparentando no hacerlo. Para este juego la participación en la gestión del IRPF le viene como anillo al dedo. A los ciudadanos les vendría bien acabar con ese impuesto reaccionario que castiga al trabajador tanto más cuanto más y mejor trabaje, pero aquí se trata de política, de pasteleos y humaredas, con lo cual ¿a quién le importan los ciudadanos? ¿Y usted qué opina? Déjenos su mensaje o su voto en la página web www. abc. es eldebate ON el mayor cariño, querido Marías, accedo a presentar este libro... Son las primeras palabras del prólogo de Zubiri a la Historia de la Filosofía publicada en 1941. Con la mente abierta a la vez que confusa, miles de jovenes aprendimos en esas páginas brillantes los fundamentos del amor a la sabiduría, desde Tales de Mileto a la razón vital orteguiana. Nunca dejamos de admirar a Don Julián. Más y más filosofía. Rigor en el métodosociológico y en la antropologíametafísica. España, siempre España, inteligible gracias a su magisterio, desde la gestación hasta la devolución. Con sus trayectorias y sus paradojas, con una curiosa distancia entre la complacencia BENIGNO real y el desapego teórico PENDÁS que sienten muchos españoles Por supuesto, el mundo hispánico, Europa, los Estados Unidos. Y cientos de libros y artículos, miles de películas, las Terceras de ABC, ¡cuántos recortes añejos! Luce en todos ellos la claridad del gran escritor, esa peculiar cortesía del filósofo como gustaba decir su muy venerado maestro. Lo principal, el ejemplo, arquetipo moral de la virtud cívica. Valiente cuando no era fácil serlo, previa renuncia al cómodo refugio del escalafón. Creyente desde la hondura de quien sabe conciliar razón y fe. Comprometido con la Monarquía de todos, senador constituyente, sabio que se entrega enla esfera pública. Español integral, dolido por las deslealtades y los oportunismos. Se marchan los mejores, pero dejan huellasimborrables. Cada uno, cómo no, conjuga el yo con su circunstancia. Recuerdo a todos mis maestros universitarios, aunque sólo puedo citar a unos cuantos entre los que ya no están: Luis Díez del Corral, Antonio Truyol, Jaime Guasp, Carlos Ollero... A todos hemos tratado siempre con el don respetuosoy reverencial. He tenido poca relación personal con Marías, aunque muchas noticias fehacientes de su trayectoria vital, a través de amigos comunes. Conservo con orgullo una larga carta suya, en generosa respuesta a un artículo que le envié hace años. Según cuentan, respondía a todos los corresponsales con el mismo afecto y pulcritud. España tiene una deuda pendiente con la excelencia. Una sociedad sana sabe distinguir a los mejores y guardar la memoria de quienes merecen máxima gratitud. La democracia es el único régimen político legítimo, pero la aristocracia es la única forma posible para la transmisión del saber. Del maestro al discípulo. Del sabio al ignorante. Del buen profesoral alumnobien dispuesto. Se acumulan las citas brillantes. Me quedo con esta lúcida reflexión, muy válida para estos tiempos de ruido y de furia: La Españaque pudo ser, la que se hubiera mantenido a la altura de sus exigencias, sin degradaciones ni caídas, coincide con la España que podrá ser si no renuncia a lo más propio y creador, a lo más valioso y original que ha aportado al mundo Gracias por el ejemplo.