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4 Opinión VIERNES 16 12 2005 ABC PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO LUCA DE TENA PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA CONSEJERO DELEGADO: SANTIAGO ALONSO PANIAGUA DIRECTOR: JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS Directores Adjuntos: Eduardo San Martín, Juan Carlos Martínez Subdirectores: Santiago Castelo, Rodrigo Gutiérrez, Carlos Maribona, Fernando R. Lafuente, Juan María Gastaca, Alberto Pérez Jefes de área: Jaime González (Opinión) Mayte Alcaraz (Nacional) Miguel Salvatierra (Internacional) Alberto Aguirre de Cárcer (Sociedad- Cultura) Ángel Laso (Economía) Jesús Aycart (Arte) Adjunto al director: Ramón Pérez- Maura Redactores jefes: V. A. Pérez, S. Guijarro (Continuidad) A. Collado, M. Erice (Nacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura) E. Ortego (Deportes) F. Álvarez (TV- Comunicación) L. del Álamo (Diseño) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) Director General: Héctor Casado Económico- financiero: José María Cea Comercial: Laura Múgica Producción y sistemas: Francisco García Mendívil MAESTRO DEL PENSAMIENTO J TABACO, LEY Y PRÁCTICA SOCIAL tel, mucha gente tolera de buen grado el mismo humo que tanto le incomoda en circunstancias menos lúdicas. En todo caso, el Congreso retorna en lo esencial al texto original- -más restrictivo que el aprobado en el Senado- -ya que no será suficiente el uso de mamparas y se reducirán de nuevo los periodos para la adecuación de locales. La oposición del PSOE y sus socios a la financiación pública de los tratamientos para dejar de fumar (según la enmienda que impulsaron PP y CiU en la Cámara Alta) demuestra que el Gobierno es más proclive a llenar las páginas del Boletín Oficial que a financiar las medidas correspondientes. Elena Salgado dice que no debe ser una prioridad del Sistema Nacional de Salud y que sería una intromisión en las competencias autonómicas. Es posible. Sin embargo, las leyes resultan más creíbles y socialmente eficaces cuando se aportan los recursos apropiados para su puesta en práctica. La ministra confía mucho, al parecer, en la voluntad del fumador, alentada por amplias campañas de información, aunque- -después de algunos titubeos- -parece que los usuarios tendrán que pagar la mitad del coste de sus llamadas al teléfono de ayuda. El 69 por ciento de los españoles no fuma, aunque es difícil registrar estadísticas fiables sobre el comportamiento del fumador ocasional, muy influido por el ambiente y la circunstancia. La Administración espera reducir el porcentaje de adictos al tabaco en un 5 por ciento, gracias a la nueva ley. Es importante, por supuesto, evitar que el hábito se adquiera a una edad temprana, como sucede por desgracia en nuestro país con demasiada frecuencia. Pero es exigible en ésta y en cualquier otra materia que las leyes alcancen un punto de equilibrio entre lo deseable y lo posible. No parece justo echar la culpa de todos los males a las grandes compañías, intervenir descaradamente en el precio de los productos o convertir a los titulares de pequeños establecimientos en guardianes del ordenamiento jurídico. Se adivina una pugna con resultado incierto entre la norma jurídica y la práctica social. ¿Conseguirá la ley acabar con el humo tradicional en tantos bares y restaurantes? A aprobación definitiva por las Cortes Generales de la Ley de Medidas Sanitarias contra el Tabaquismo puede significar una auténtica revolución en las costumbres más arraigadas en la sociedad española. Su entrada en vigor, prevista para el próximo 1 de enero, será el punto de partida para la adaptación a la nueva norma de todo tipo de espacios públicos y privados. En España, el hábito de fumar cuesta la vida cada año a casi 50.000 personas, entre ellas algunos cientos de fumadores pasivos. Las campañas de información y las restricciones introducidas poco a poco en la vida social y laboral no han conseguido persuadir a casi nadie. Por ello, la nueva ley emprende el camino arriesgado de las medidas maximalistas y la amenaza de fuertes sanciones. Nadie discute la buena intención del legislador, pero muchos se preguntan hasta dónde puede llegar el intervencionismo de los poderes públicos en materias que afectan sensiblemente a la vida privada. De momento, la propia ministra de Sanidad ha tenido que salir al paso de algunas polémicas. Por una parte, considera demagógica la afirmación de que los fumadores no podrán fumar en su propia casa en presencia del empleado doméstico. Ya veremos en la práctica. Por otra, asegura- -con razón- -que es discriminatorio preguntar en una entrevista de trabajo sobre la adicción al tabaco. Lo cierto, sin embargo, es que ya está empezando a suceder. El sector de la hostelería ha planteado problemas muy serios, denunciando que se trata de una ley imposible de cumplir y de aplicar. Las exigencias parecen excesivas para los locales más modestos. Los propietarios que opten por la prohibición van a perder una parte considerable de la clientela, sin compensación de ningún tipo. Los que prefieran instalar zonas adecuadas tendrán que afrontar reformas complejas y cuantiosas. Todo ello en un plazo muy breve, por mucho que el Ministerio ofrezca una tramitación ágil de las licencias municipales de obra. Son también los hosteleros los más afectados por un severo régimen sancionador, porque no será sencillo cambiar de un día para otro los hábitos ciudadanos. Es fácil constatar que, cuando están por medio mesa y man- L ULIÁN Marías es uno de nuestros más grandes pensadores contemporáneos, un intelectual cristiano y liberal. Pocos hombres pueden, como él, contemplar al final de una larga vida un paisaje semejante de plenitud y realización, aunque no siempre haya sido reconocido con generosidad y justicia. Como siempre que nos deja un maestro, nos queda su magisterio. Su vocación auténtica fue la filosofía. Alumno y discípulo de Ortega y Gasset, en la excelente Facultad de Filosofía de la Universidad Central de Madrid en los años 30, Marías no se limitó a difundir e interpretar la gran obra de su maestro, sino que, fiel a ella, elaboró, desde su nivel, una filosofía personal. Su pensamiento surge orientado por dos fidelidades y convicciones fundamentales, de rango desigual, pero dependientes entre sí: el cristianismo y el liberalismo. Acaso su contribución más perdura- Julián Marías ABC INFLACIÓN Y PENSIONES TRO año más, la desviación del IPC hasta noviembre produce un serio desajuste en el presupuesto para el pago de las pensiones de la Seguridad Social. Con la última subida de la inflación, dos décimas durante el pasado mes, la tasa interanual se situó en el 3,4 por ciento, 1,4 puntos por encima de la previsión oficial de inflación, igual a la subida aplicada a las pensiones desde el pasado enero. Por ello, la Seguridad Social deberá desembolsar unos 1.800 millones de euros para compensar esta pérdida de poder adquisitivo, ya que es la inflación interanual de noviembre la que fija la revalorización automática de sus pensiones. Para una pensión de 687 euros mensuales, actual cuantía media, supone 132 euros de paga única para compensar esa merma en el bolsillo de los pensionistas, que se abonará en el próximo mes de enero. Asimismo, provoca un incremento adicional desde principios del próximo año del 1,4 por ciento, unos 18 euros al mes para la pensión media, al que habrá que sumar la nueva subida aprobada por el Gobierno para 2006, fijada con carácter O general otra vez en el 2 por ciento, igual a la inflación prevista. Y otra vez, los más de ocho millones de pensionistas de la Seguridad Social tendrán que esperar a noviembre de 2006 para saber si su pensión mantiene su poder adquisitivo. Fijar un objetivo de inflación claramente por debajo del previsible es, en primer lugar, restar poder adquisitivo desde enero a las pensiones, aunque luego se compense. Además, este voluntarismo induce al propio Gobierno y a los agentes económicos y sociales a desconfiar de su logro, con los consiguientes efectos perniciosos sobre la economía: mayores subidas en salarios, muchas veces con claúsulas automáticas de revisión que olvidan las peculiaridades de cada empresa; alzas en los precios que compensen futuras subidas del IPC, y una dejación preocupante del Gobierno en tomar medidas que atajen la carrera alcista de la inflación, que resta competitividada a la economía. Y hasta una encubierta propaganda al vender como acción protectora del Gobierno hacia los pensionistas una revalorización garantizada por ley. ble consista en la elaboración de una antropogía y una sociología personalistas. En este sentido, declaró que los dos mayores errores morales del siglo XX habían sido la aceptación social del aborto y la generalización del consumo de drogas. En sus libros, ensayos y artículos de prensa se ocupó no solo de filosofía, sino también de la actualidad política y social, de la realidad de España y, por lo tanto, de Europa y América, de literatura e historia. Merece destacarse su devoción por el cine, al que consideró como el arte más propio de su tiempo y el más idóneo para expresar la realidad de la vida humana. Sufrió, como muchos españoles, la incomprensión y el desdén de los radicalismos, pero encontró el reconocimiento mayoritario de los españoles en los años de la Transición, que explicó e iluminó con sus artículos y en cuyas tareas políticasparticipó como senador por designación real. Su palabra siempre estuvo al servicio de la concordia y la paz entre los españoles, de la defensa del humanismo cristiano y de la democracia liberal. Obtuvo, entre otras muchas distinciones, el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades y el Mariano de Cavia. Colaborador de ABC durante las últimas décadas, nuestros lectores conocen sobradamente su saber, su moderación y la claridad con que expresaba su pensamiento. Ni una sola línea salió de su pluma nacida del resentimiento o del rencor. Todo hombre es heredero obligado a acrecentar la herencia recibida. Así lo ha hecho Marías. A él se le puede aplicar con justicia el calificativo del que tanto se abusa: intelectual. Cumplió, de manera ejemplar, el doble imperativo del intelectual: buscar la verdad y, dentro de las limitadas posibilidades humanas, declararla, convenga o no y pese a quien pese.