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ABC VIERNES 16 12 2005 Opinión 3 LA TERCERA DE ABC ALCALÁ POR ANTONIO MINGOTE Quiero navegar por el océano de lo pasajero ¿es que el periódico, mi ámbito, no tiene el sello de lo pasajero? y, a ser posible, regocijante. Y tal vez con alguna incursión en la locura, la divina donación, que dijo Sócrates... ECÍA Goethe, con perdón, que el discurso debe parecer improvisado, porque revela facilidad. Nuestros discursos- -dice el ilustre alemán- -trabajados y castigados durante años, no son nada Así que, siendo como soy tan influenciable por las consignas de los ilustres, más si se trata de rotundos germanos, he estado semanas improvisando este discurso de manera que no se notara mucho la elaboración y pareciera improvisado. Pero al final, en lugar de revelar facilidad como quiere el poeta, me temo que sólo revela la angustia del orador con escasa desenvoltura oratoria. Por supuesto que lo primero que quiero dejar claro es que mi admiración por esta vieja y gloriosa universidad, y respeto por su claustro, no va a menguar ni un ápice sólo porque hayáis aceptado en vuestra compañía a un ignorante como yo. Pero en fin, puesto que sois sabios, he pensado que alguna razón habréis tenido, y acepto con humildad el honor que hoy me otorgáis, confiando en que todo se aclarará en su momento. Efectivamente, la permanente dedicación de esta Universidad al Humor Gráfico me hace suponer, y lo supongo con gozo, que no es a mí sino a los dibujantes de humor a quienes se rinde este homenaje. Comprendo que por mi edad, por mi ya largo trabajo, por la permanencia en la prensa durante tantos años, soy uno de los que pueden representar dignamente al gremio. D procurando esa lejanía necesaria para encontrar la perspectiva que permite descubrir la realidad de las cosas, porque con frecuencia hay que alejarse de las cosas para verlas en su totalidad, como realmente son, que es cuando resultan tan chocantes. Así conviene, siempre que no se tenga la pretensión de aleccionar políticamente. Decía Goethe (y perdón otra vez, pero es que Goethe nos sale mucho a los filósofos) decía que si un poeta se entrega a un partido político está perdido como poeta, tiene que decir adiós a su espíritu libre y a su visión amplia (son sus palabras) y encasquetarse la visera de la estupidez y el odio ciego. Y lo que se dice de los poetas sirve para los humoristas, sus parientes más próximos. No se puede hacer humor desde la ideología política. (Ni desde ninguna otra, me parece) Y no os quiero ofender precisando cómo la ideología es el obstáculo para las ideas, porque quiero suponer que en eso estáis todos al cabo de la calle. Es natural que esta universidad de la patria del más grande de nuestros humoristas atienda y aliente y proteja como lo está haciendo esta rama del humor que es la caricatura de prensa. El apoyo con que siempre contamos, la cordialidad con que se nos recibe, el estímulo que supone para nosotros esa constante dedicación, hace que estemos sinceramente agradecidos. En nombre de mis compañeros, gracias, gracias, gracias. Me gustaría explicar ahora cuál es la razón y fundamento de nuestro trabajo; primero, por ver si yo mismo me entero de por qué hago lo que hago. Y segundo, por si os lo aclaro a vosotros antes de que os arrepintáis de mi nombramiento. Yo me dedico a eso tan chocante, y marginal y tal vez prescindible, como es el humor gráfico en un periódico. Es decir, hago chistes con dibujo, o dibujos con un pie más o menos chistoso. Muchas veces me pregunto si lo que hago se ajusta a alguna norma, responde a alguna necesidad, cumple alguna misión. Y me respondo que no. Ni norma, ni necesidad ni misión. Es decir superfluo. Aunque, en mi opinión, beneficioso, lo que me tranquiliza. Quiero navegar por el océano de lo pasajero ¿es que el periódico, mi ámbito, no tiene el sello de lo pasajero? y, a ser posible, regocijante. Y tal vez con alguna incursión en la locura, la divina donación, que dijo Sócrates (y vuelvo a pedir perdón, pero es que en cuanto lees un libro te tropiezas con Sócrates, y qué os voy a decir de Sócrates que vosotros no sepáis) Decía, digo, el filósofo que los bienes mayores los proporciona la locura, mientras que de la cordura pocos beneficios o ninguno se puede esperar. Pero es la locura pacífica, la locura fingida, la locura del bufón que se aprovecha de su título para decirle cuatro frescas al poderoso. La locura pacífica del humorista que comenta lo que pasa buscándole al gato de la actualidad los tres pies de la incongruencia, de la ridiculez, de la crueldad. De la injusticia, en suma. Sobrevolando la noticia, no por orgullo o vanidad sino Maneja el humorista la ironía, propia de la contradictoria, cambiante realidad. El espejo invertido de la ironía resalta con más nitidez lo que hay de cómico o de estrafalario en un suceso, un retrato, una opinión. Pero en España, donde la lectura no es el quehacer favorito del personal, el lector, con la musculatura de la comprensión poco entrenada, toma al pie de la letra lo que lee, y el humorista debe emplear gran parte de su tiempo en explicar que lo que se ha entendido es justamente lo contrario de lo que se ha dicho. Un trabajo penoso añadido, aunque hay que reconocer que la cosa resulta divertida en ocasiones. El chiste gráfico en la prensa es, creo yo, como el rellano de la escalera que subimos resoplando. El lector se repone allí de la fatiga que produce una penosa lectura, dramática en ocasiones, poco satisfactoria casi siempre y a menudo conflictiva. El humorista le espera en el rellano para decirle una broma, interpretarle un suceso, darle una explicación que mitigue el desconsuelo, hacerle la cosquilla de un chiste, lamentar con él una desgracia, ofrecerle el alivio de una compañía comprensiva. La principal actividad del humorista es el razonamiento. El humorista razona sobre el tema que sea, despojado de tópicos, prejuicios, lugares comunes, que son los que contaminan, enmascaran, falsifican todo lo que tocan. Se trata de alcanzar la verdad y desnudarla, que es cuando la encontramos más satisfactoria y cómica a la vez. Seguir razonando cuando el hombre sensato, pero apresurado, lo ha dejado ya todo bien sentado (permitid que me repita, no tengo tantas ideas como para no hacerlo) razonar hasta más allá de lo razonable, hasta que la verdad aparezca despojada de adherencias perniciosas, como el sectarismo, que todo lo corrompe. Es de suponer, al menos el humorista lo supone, que el humor puede ayudar a comprender algo confuso (siempre que el humorista lo haya comprendido antes) Y en todo caso sabe el lector que el humorista no pretende convencer a nadie de nada, porque no es dogmático ni aleccionador. Es sólo un espectador que cuenta lo que ve desde su atalaya, desinteresadamente, y comunica con humildad sus impresiones al prójimo que lo quiera oír. Ese deseo de ayudar a comprender ha sido lo que me impulsó tiempo atrás a ilustrar el Quijote, hacer ver, sobre todo a los jóvenes, por medio de unos dibujos con humor lo divertida que puede ser la lectura de un libro donde tantas cosas divertidas suceden, un libro que su autor quiso que fuera cómico. Y lo es además. Del Quijote, que es tantas cosas, siempre hay que decir además. De modo que el lector se divierte además de enaltecerse, de sentir y comprender, reír, llorar acaso, como el poeta romántico dijo que lloraba, entender de la justicia, la grandeza, la miseria y el heroísmo, la crueldad, la amistad, incluso el amor. Comprender, en fin, por qué el Quijote es un libro inmortal que a todos nos honra y enaltece, y que si los españoles tenemos motivos para ser orgullosos este es tal vez el principal. Soy consciente de mis limitaciones, comprendo que hacer ver todo eso por medio de dibujos es una empresa para la que tal vez no estoy lo suficientemente dotado. Pero nada me hubiera hecho renunciar a intentarlo. No he pretendido superar a los extraordinarios artistas que me han precedido en la aventura; desde el formidable Doré hasta mi admirado amigo José Ramón Sánchez, cuyo Quijote, minuciosamente documentado y magistralmente dibujado, me ha servido de mucho; sin olvidar a Urrabieta Vierge, Segrelles, Lorenzo Goñi, Enrique Herreros (con tres diferentes y estupendos Quijotes en su haber) y tantos más dibujantes y pintores admirables. No he pretendido superar a nadie, pero pienso que el libro es un océano de genio donde siempre queda sitio para otro navegante. Y me he arriesgado a navegar por él con poca pericia tal vez, pero con enorme amor al libro y veneración a su autor. Lo que puede justificar mi atrevimiento. Permitidme ahora que agradezca públicamente a ABC, mi periódico, su generosidad y su favor al permitirme expresar durante más de cincuenta años cuanto me ha parecido oportuno; sin trabas, imposiciones o consignas, lo que significa disfrutar del más inestimable de los regalos: la libertad. Es el humor lo que me ha traído aquí y espero que sea con humor como se considere la oportunidad o conveniencia de engalanarme hoy con las muy respetables galas de doctor. De cualquier modo, gracias. Y que Dios os lo pague.