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ABC MIÉRCOLES 14 12 2005 Madrid 41 Una corrala centenaria. Unos dueños que dejan que se deteriore hasta provocar su ruina afirman los afectados. Diez familias y diecinueve personas, la mayoría ancianos y enfermos de escasos recursos. Hoy serán desahuciados. Irán a un piso de la EMV El fin de una corrala en ruinas TEXTO: M. J. ÁLVAREZ FOTOS: CHEMA BARROSO MADRID. Ni como ni pego ojo. Hasta que no me den la llave de mi casa no respiraré tranquilo así se explicaba el lunes Jesús Rodríguez, de 70 años. Su angustia era compartida por otras diez familias- -19 personas- residentes en el número 3 de la calle del Sombrerete, en pleno corazón de Lavapiés. El problema no es otro que la orden judicial de desahucio de la corrala centenaria- -120 años- -que se llevará a cabo a las 10.30 horas de hoy. En esta escalera se han escrito miles de historias, las vividas durante décadas por las 30 familias que la llegaron a ocupar en su día hasta que les llegó su hora o la abandonaron por las ínfimas condiciones de habitabilidad de la finca, que se corresponden al chabolismo vertical. Resistir hasta el final EFE Tres meses de misterio 15 de septiembre. Francisco José Quintana Calvo sale de su casa con la bicicleta en torno a las seis de la tarde. Una media hora más tarde, llama a su esposa, Míriam, y le avisa de que volverá a casa en dos horas. Su mujer le llama sobre las nueve de la noche, pero no obtiene respuesta. Poco después, vuelve a intentarlo, pero el teléfono móvil ya está apagado. Por lo tanto, a esa hora podría haberse cometido ya el atropello mortal. 18 de septiembre. Tras varios días de búsqueda sin descanso, una vecina de El Molar encuentra, mientras da un paseo por un paraje cercano a la A- 1, el cuerpo sin vida y parcialmente abrasado del ciclista tricantino. 20 de septiembre. Los análisis realizados al cadáver certifican que se trata del de Paco Quintana. Las investigaciones van avanzando: primero, en el entorno personal más cercano de la víctima, también el laboral. Se toman declaraciones, se investiga el correo personal, el ordenador del trabajo, el de su casa, su listado de llamadas. Nada raro. 29 de noviembre. A las seis y media de la mañana, una operación policial llevada a cabo por la Guardia Civil termina con la detención de tres personas. Son extranjeros que se encuentran en situación irregular en España. Se les interroga por su presunta implicación en el atropello mortal del vecino de Tres Cantos. Ninguno de ellos reconoce su participación y, 72 horas después y, sin pruebas, el juez les deja en libertad. Todos han escritos muchos capítulos de sus particulares crónicas humanas, con nombres y apellidos. Los más débiles, como siempre ancianos, enfermos o personas de escasos recursos, han resistido hasta el final la falta de ventilación, el baño compartido en el patio común, la humedad o el frío que se mete en los huesos, hasta el punto de que están con el abrigo puesto en el interior. La culpa de esta situación la tienen los dueños, que han dejado que se arruinara el edificio para especular afirman al unísono. Su deterioro gradual hizo que hace seis años el Ayuntamiento de Madrid apuntalara el interior de la finca ante el riesgo de derrumbe. El juez res- cindió a los propietarios los contratos firmados con los inquilinos, que veían cómo les eran devueltas las exiguas cantidades que abonaban- -50 euros, máximo; demasiado para tanta precariedad- -por mini- pisos de 12, 15, 18 o 25 metros cuadrados. Se me está olvidando andar y no puedo ni limpiar dice Manolo, de 79 años. Los peldaños de madera crujen, el entorno es deprimente y la enfermedad del edificio se ha trasladado a sus moradores. Los últimos en llegar fueron los Li, procedentes de China hace 19 años, y que, desde hace mucho, son tan españoles como el resto. Baoguo y Lín, y sus cuatro hijos, de nombres tan castellanos como Ana, Javier... están satisfechos en parte. Les acaban de decir que se irán a un piso de la Empresa Municipal de la Vivienda. Todos podrán seguir en el mismo colegio, el San Alfonso decía su padre, intranquilo aún por un segundo asunto pendiente. El negocio de Li, en el aire No sé cómo voy a ganarme la vida. Tengo un negocio de venta de ropa en el bajo del inmueble. Firmé un contrato por su traspaso por 10 años y han pasado cinco. Yo pago 288 euros mensuales. El Ayuntamiento no me ofrece una alternativa. ¿De qué van a comer mis hijos? Hoy, la mayoría, dormirá en un hostal. En cuanto firmen el contrato y den de alta los servicios de gas, luz, etc. ocuparán su nuevo piso sin moverse de la zona Salvadora, Francisco y sus hijos, Juan de Julián... Todos dirán adiós a la corrala. Jesús tiene su zulo impecable La incertidumbre ante dónde iban a habitar ha acabado. La mayoría irá a un hostal y, en 2 o 3 días, a su nueva casa El inmueble se construyó hace 120 años y tuvo que ser apuntalado hace seis por el riesgo de derrumbamiento