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40 Madrid MIÉRCOLES 14 12 2005 ABC (Viene de la página anterior) situación irregular en España, al menos uno de ellos tiene antecedentes por tráfico de drogas. Finalmente, debido a que la Guardia Civil no obtuvo ninguna prueba concluyente, el juzgado no pudo decretar la prisión preventiva para los tres detenidos, que, el día pasado día 2, tras permanecer 72 horas en dependencias policiales, tuvieron que ser puestos en libertad. No iban a por él La Guardia Civil, pese a ello, continúa con las pesquisas para averiguar qué pasó aquella tarde de septiembre. Los datos fundamentales están sobre la mesa. Francisco Quintana salió con su bicicleta y fue atropellado por una furgoneta- -presuntamente, la de los tres inmigrantes- -de forma fortuita. Parece ser que no iban a por él. Sin embargo, la investigación apunta a que los desconocidos, lejos de prestarle el auxilio que necesitaba, se pusieron muy nerviosos, cogieron el cuerpo, aún con vida, de la víctima- -y todas sus pertenencias- -y buscaron la carretera de Burgos (A- 1) Quizá la lluvia veraniega que cayó aquella tarde sobre Madrid les hizo pasar inadvertidos, pese a los nervios, cuando transitaban por la autovía. Eso sí, varios testigos vieron el vehículo en cuestión aquella tarde pasar por ahí. Los implicados tomaron un desvío de la carretera, pasaron junto a una factoría de cementos, y aún condujeron durante unos pocos kilómetros, ya por un camino rural. Después de más de 20 kilómetros de huida, se adentraron en el paraje de Rascambres, que no es más que un páramo en un coto de caza privado, cuyas viviendas más cercanas se encuentran a varios cientos de metros de distancia. Allí, entre la maleza y junto a un pinar donde los romeros realizaban parada y fonda las noches de peregrinación, nada más llegar al erial, se bajaron del vehículo y sacaron a Francisco. Probablemente, creyeron que estaba muerto. O, quizá, no. Pero lo que es una realidad es que Quintana aún respiraba cuando le rociaron 2 litros de gasolina por la cara, el pecho y las manos. El combustible lo llevaban, muy probablemente, en el maletero, pues no se ha podido comprobar que lo compraran en una estación de servicio cercana, según la investigación. Francisco José Quintana Calvo ABC Durante el interrogatorio, los arrestados no se vinieron abajo: ninguno cantó Las inspecciones y las pruebas de ADN practicadas no consiguen involucrar a los tres inmigrantes lía. Ni cortos ni perezosos, se lo vendieron a un tercero. Finalmente, la Guardia Civil dio con él, pero no tenía rastros de ser con el que se había cometido el homicidio. No había señales en la carrocería, pero tampoco signos evidentes en el interior. Las pruebas de ADN realizadas así lo afirman. Ciclistas voluntarios se sumaron a la búsqueda del vecino de Tres Cantos salvable para los agentes de la Comandancia de Madrid. Eso sí, en un principio, todo era confusión. El asesinato, el 1 de agosto, sólo un mes y medio antes de la muerte del ciclista, de un empresario constructor de Alcobendas muy cerca del cementerio de La Paz pareció en un principio un nexo de unión entre ambos óbitos. Pero, pese a que el cuerpo de Santiago Fidel fue hallado por dos ciclistas de la zona y que también apareció carbonizado, la Policía Nacional pronto supo que ambos casos no tenían nada que les relacionase. Fidel fue asesinado, presuntamente, en un secuestro exprés o lo que es lo mismo, por dinero. Sin embargo, Francisco José Quintana Calvo era un ciudadano medio, casado y con una niña de 6 años. Tan sólo dos semanas antes de su muerte, él y su mujer acogieron con gran alborozo la noticia de que pronto serían padres de nuevo. La tragedia truncó la alegría, aunque el futuro niño tendrá la memoria narrada de quién fue su padre: un informático de profesión que confesaba la religión protestante y tildado por amigos, familiares y vecinos como una excelente persona, serio y formal. Confusión inicial Sea como fuere, las pesquisas continúan con el mismo celo. Los cabos se atan y los indicios se concretan. Las evidentes dificultades que se encontraron no han sido un escollo del todo in- ¿Manipularon el lugar donde hallaron el cadáver? Lo más inverosímil. Ésa fue la razón de la muerte de Francisco Quintana. Se habló de todo tipo de hipótesis para explicarla: desde un mal encuentro- -que fuera testigo involuntario de un hecho delictivo que no debía ver- -al robo por parte de una banda de asaltaciclistas en la zona residencial de Tres Cantos, pasando por insinuaciones de un posible crimen pasional o una venganza por asuntos laborales. Nada de eso. La biografía de la víctima era demasiado intachable para una muerte tan terrible. Además, las peculiares circunstancias en que se encontró el cuerpo hacían pensar en que había algo más detrás del asunto. Nadie, en un principio, pensaba en el mero atropello, aunque nunca se descartó al completo esa línea de investigación, pero tampoco ninguna otra. Eso sí, parece que, pese a que se trató de un accidente fortuito y no hubo una planificación, los autores sí se movieron por un instinto casi primitivo y, en un arrebato, omitieron la ayuda a su víctima. ¿Sabían que seguía vivo tras el atropello? Eso, quizá, nunca se sepa, y el hecho de que le prendieran fuego pudo responder no tanto a terminar con su agonía, sino a un afán de eliminar rastros de la identidad del cadáver. De lo que sí parece que hay indicios es de que los implicados- -o alguien que pasó por Rascambres después de la primera inspección ocular de la Guardia Civil- -pudieron intentar manipular la escena donde se halló el cadáver. El martes siguiente a la muerte, al mediodía, un grupo de periodistas encontró una garrafa de gasolina vacía y manchada de barro a unos 200 metros de donde se halló el cuerpo. Inmediatamente, el Instituto Armado fue avisado, y varios agentes de la Benemérita se acercaron al paraje. En su primera visita, la noche del domingo en que una vecina de la zona dio el aviso de alarma por la presencia del cuerpo sin vida del malogrado Francisco José Quintana Calvo, el recipiente no estaba. Alguien, posteriormente a la visita de la Guardia Civil, pudo dejar el bidón allí, quizá como pista falsa para inculpar a terceras personas inocentes. Parece que la treta no logró su finalidad. Aún respiraba cuando le quemaron La autopsia reveló que tenía restos de carbono en los pulmones, lo que significa que respiraba aún cuando le quitaron la ropa y le prendieron fuego. Tres días después, la noche del domingo 18, una mujer que paseaba por la zona halló, boca arriba, el cuerpo sin vida de Francisco José Quintana Calvo, de 38 años. Mientras, quienes lo hicieron vivían con el corazón en un puño los primeros ritmos de las investigaciones. Pero cometieron más de una imprudencia. Alguna, incluso, fatal para ellos. Mientras los hechos se precepitaban, los autores intentaron deshacerse como pudieron del principal elemento que podría conducirles a la cárcel: el vehículo con que se cometió la trope-