Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC MIÉRCOLES 14 12 2005 Internacional 35 EL CHIVO EXPIATORIO E Familiares de Mehdi Ben Barka, asesinado en 1965 en París, reclaman justicia ante la sede del Parlamento en Rabat Los represaliados por el régimen de Hassán II aparecen en Marruecos como fantasmas, mientras las organizaciones de Derechos Humanos denuncian que algunos de los responsables de las matanzas siguen en el poder Centenares de cuerpos salen a la luz en fosas comunes TEXTO Y FOTO LUIS DE VEGA. CORRESPONSAL RABAT. En Casablanca se sabía que junto al parque de Bomberos de Hay Mohammadi había una fosa común. Lo sabían los vecinos, los familiares de los enterrados, la Policía y el Gobierno. Una fosa común con decenas, puede que centenares de muertos de la represión de la revuelta del pan en junio de 1981. Los ciudadanos salieron a la calle en protesta por el aumento de los precios de productos básicos, y el régimen de Hassán II los calló a tiros. Oficialmente sólo hubo 66 muertos. Las organizaciones humanitarias dicen que varios centenares o un millar. La Instancia Equidad y Reconciliación (IER) nombrada por Mohamed VI para aclarar los excesos del régimen entre 1956 y 1999, ha conseguido que el pasado fin de semana se revolviera la tierra de esta siniestra parcela que se utilizaba como terreno de prácticas por los miembros de Protección Civil. Aún no se han hecho públicas las cifras oficiales, aunque ya se habla del hallazgo de entre 70 y 100 cadáveres. Pero todo se ha hecho en silencio, sin testigos- -ni familiares, ni informadores, ni activistas- -y, como ha denunciado la prensa local, con el ánimo de echar más tierra sobre la tierra. ¿Cómo explicar la precipita- ción de las autoridades a transferir los cuerpos a tumbas individuales impidiendo a los medios realizar su trabajo? se pregunta el diario independiente L Economist. El de Hay Mohammadi no ha sido el único hallazgo macabro de aquella época que se denomina los años de plomo en los que murieron o desaparecieron izquierdistas, sindicalistas, saharauis, islamistas, rifeños y militares. Fez, Tazmamart, Casablanca... Un centenar de cuerpos procedentes de las revueltas de 1990 se han encontrado a finales del mes pasado en Fez. Una treintena han aparecido en el tristemente famoso centro de detención clandestino de Tazmamart y otros tantos junto al cementerio de los mártires de Casablanca. Otros enterramientos esperan salir a la luz en distintas zonas de las grandes ciudades, de la cordillera del Rif o en el Sahara Occidental, la ex colonia española ocupada por Marruecos desde 1975. Organizaciones como el Forum Verdad y Justicia o la Asociación Marroquí de Derechos Humanos (AMDH) han denunciado que algunos de los responsables (de aquellos abusos) siguen aún en el poder como señala a ABC Abdelilá Benabde- salam, portavoz de la AMDH. Estamos contra la impunidad y pedimos que los responsables sean trasladados ante la Justicia El nombre de los represaliados por el régimen de Hassán II que más suena estos días es el del opositor Mehdi Ben Barka, asesinado en París en 1965. La Justicia francesa intenta arrojar luz sobre el caso 40 años después y acusa a Rabat de impedírselo con argumentos como desconocer la dirección de personas tan conocidas como los hoy generales Benslimane y Kadiri. A pesar de todo, para algunos la IER, que presentó el pasado 30 de noviembre al Monarca su informe final aunque sigue sin hacerse público, está siendo fundamental para que los marroquíes se reconcilien con el pasado. Es más, consideran esta institución un caso histórico en el mundo árabe. Para otros se queda corta. Primero, porque su capacidad de actuación no alcanza el nivel judicial y se teme que los crímenes seguirán impunes. Y segundo, porque el mandato de la IER impide hurgar en lo ocurrido desde 1999, cuando accede al trono Mohamed VI, hasta hoy, aunque siga habiendo denuncias de atrocidades similares a las que se cometían en la época de su padre. l ex general Gotovina se ha declarado inocente. El militar croata, detenido hace una semana en Tenerife, se sienta en el banquillo del Tribunal de La Haya acusado de siete crímenes de guerra y contra la humanidad. Dice la fiscal Carla del Ponte, que Gotovina y el antiguo presidente Tudjman formaron una asociación de malhechores dedicada a la limpieza étnica de la población de la Krajina Y añade que al menos 150 serbios fueron masacrados por orden directa del ex general y que otros 200.000 fueron deportados en dirección a Belgrado. A mí no me cabe la menor duda. Lo que me llama la atención es la ALFONSO alharaca montada en ROJO torno a Gotovina, porque sus crímenes fueron cosa menor en el contexto de la antigua Yugoslavia. Y para colmo, lo hizo cumpliendo órdenes del Gobierno de Zagreb auxiliado por el Pentágono, respaldado por Alemania y con el visto bueno de la organización que dirigía Javier Solana. Suena fuerte, pero Gotovina es un chivo expiatorio y el horror de lo ocurrido en la Krajina croata palidece comparado con la sangrienta limpieza étnica perpetrada con los serbios de Kosovo o con los de Sarajevo bajo paraguas de la OTAN y con la bendición de la Casa Blanca, que se empeñaba en dar una lección a la Serbia del díscolo Milósevic. Cubrí de cerca los hechos por los que ahora se juzga a Gotovina y en aquel tórrido verano de 1995, cuando las flamantes tropas croatas expulsaron para siempre a los descendientes de los belicosos cristianos ortodoxos que cuatro siglos antes se habían aposentado en aquellas tierras para no doblegarse ante los turcos, no quedaba un alma. Era como si hubiera caído una bomba de neutrones. Una extraña variedad del terrorífico artefacto que no matase a los animales y sólo hiciera desaparecer seres humanos. La ropa seguía en los tendederos, las rancias fotos familiares permanecían en los aparadores, los pucheros estaban sobre los fogones apagados, las gallinas picoteaban por los patios, los cerdos hozaban en el estiércol y las vacas mugían angustiadas esperando que alguien acudiera a ordeñarlas. Los 200.000 campesinos serbios que habitaban hasta entonces la Krajina, los que en 1991 se habían alzado en armas y proclamado la independencia de sus agrestes provincias, como Croacia la había proclamado de Yugoslavia, se habían esfumado empujados por el miedo. El detonante de la fuga fueron esos 150 muertos que ahora se agitan en su fosa común perturbando el descanso de Gotovina. Los que los ametrallaron cuando ya se habían rendido y permanecían encerrados en un establo, querían provocar la estampida. La guerra es así, pero quizá haya llegado el momento de preguntarse si lo que la civilizada Europa ha contribuido a hacer en Kosovo o en Bosnia es moralmente diferente. Yo creo que no.