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6 Opinión MIÉRCOLES 14 12 2005 ABC AD LIBITUM TRIBUNA ABIERTA MARGOT WALLSTRÖM VICEPRESIDENTA DE LA COMISIÓN EUROPEA LA OPOSICIÓN RETROSPECTIVA N lo que respecta a la gobernación del Estado, por mucho que sus portavoces anden desmelenados para contarnos sus glorias, José Luis Rodríguez Zapatero no deja de dar palos de ciego. Golpea a troche y moche sin tener muy claro lo que pretende, salvo en lo que respecta a su perpetuación en La Moncloa. Sus ya cumplidos veinte meses de ejercicio presidencial arrojan un balancetan negativo que son más los problemas suscitados en ese tiempo que los planes de futuro urdidos en él. Caminamos, pasoa paso, hacia la descomposición del Estado y ya estamos en la etapa de su debilitamiento. Entradentro de lo posible, e incluso de lo probaM. MARTÍN ble, que Zapatero y su FERRAND desorganizado equipo ministerial- -tan escaso, tan contradictorio- -hayan llegado a la conclusión de que, ante su incapacidad para gobernar, bueno será actuar como oposición, tal como hacían antes del 14- M. De ahí su nuevo talante de oposición retrospectiva. Sacar ahora de los archivos la desgracia del Prestige, o la torpeza iraquí germinada por José María Aznar en Las Azores- -la gran actividad del Gobierno- no servirá mucho para alcanzar el bienestar de los españoles ni para mejorar las condiciones de nuestro momento económico; pero, eso parecen creer, disimula las torpezas del equipo más escaso en talento y corto en iniciativas de todos los surgidos en las urnas desde las primeras elecciones democráticas, las del 77. En esa alarmante inversión de valores hay mucho de mera incapacidad, pero tampoco escasean los compromisos adquiridos en el trámite socialista para alcanzar el poder y solidificar su escasa mayoría. Zapatero no gobierna y, para salvar la cara, agrede al PP, monopolista de la oposición, con historias viejas y argumentos huecos. Es, por otra parte, lo que selleva. El muy divertido consejero de Comercio, Turismo y Consumo de la Generalitat y joya intelectual de ERC ejerce el victimismo que constituye la columna vertebral de su ideología comparando el boicot que algunos- -pocos- -insensatos tienen declarado a los productos catalanes con la persecución nazi a los judíos. El PSOE, el PSC y la ERC, después de alcanzar el poder en sus ámbitos respectivos y lejos de encararse con el futuro, se engolfan con el uso y el abuso del pasado. Así, sin más, lo mismo se desentierra a Felipe V que el chapapote que dañó las costas gallegas y, puestos, a la mitad de los muertos de la Guerra Civil- -los republicanos- -y cuantos odios puedan quedar prendidos ensu recuerdo. No hace falta ser muy listo- -hipótesis descartable- -para advertir los demoledores efectosque para la convivencia entre los españoles puede tener ese constante ejercicio retrospectivo; pero, dándolo por bueno, tampoco se queda corto el riesgo que produce no mirar hacia adelante. Podemos terminar todos empotrados en un muro de talante hueco. IDEA EUROPEA FRENTE A CONTABILIDAD Necesitamos urgentemente un acuerdo. No reduzcamos, sin embargo, el ejercicio a una deprimente riña sobre si el último euro va a un país o a otro advierte la autora, que apuesta por la ayuda económica a los nuevos Estados de la UE como inversión a largo plazo E L OS momentos más difíciles de la historia de la UE se han producido durante las negociaciones presupuestarias. Podemos recordar la determinación de Margaret Thatcher cuando afirmaba quiero que me devuelvan mi dinero o la desagradable y complicada fase previa al acuerdo de Berlín sobre las últimas Perspectivas Financieras. Es difícil evitar la sensación de déjà vu. Sin embargo, el significado de las negociaciones sobre el presupuesto que actualmente están desarrollándose, antes y durante el próximo Consejo Europeo, distan de carecer de consecuencias estratégicas para el futuro de la Europa ampliada. Europa no puede permitirse el lujo de mirarse permanentemente al ombligo, lo que conduce inevitablemente a la debilidad a través de la fragmentación. Para la UE en su conjunto, éste no ha sido un año fácil, tanto desde el punto de vista político como desde el económico. En las postrimerías de la primavera llegaron los rechazos de los referendos francés y holandés a la propuesta de Constitución de la Unión Europea. En el frente económico hemos asistido a una ralentización que ha retrasado nuestros esfuerzos hacia la competitividad a escala mundial. El crecimiento europeo se sitúa ahora en torno al 2 por ciento anual, menos de la mitad que Estados Unidos. El crecimiento es más fuerte en los nuevos Estados miembros, donde los costes para las empresas son más bajos; no obstante, ello origina esos temores bien conocidos de que los fontaneros polacos estén quitando los puestos de trabajo a los trabajadores del oeste de Europa. El desempleo sigue siendo elevado en la UE, con un paro juvenil que supera el 20 por ciento. Las restricciones presupuestarias limitan el alcance de las políticas sociales y las desigualdades aumentan. Las graves consecuencias, especialmente para los jóvenes y determinados grupos sociales, saltaron dramáticamente a las pantallas de nuestros televisores el pasado mes, cuando adolescentes airados incendiaban automóviles en las calles de Francia. La Unión, que puede estar orgullosa de los logros alcanzados en estos últimos años, en particular del éxito de la mayor ampliación jamás realizada, tiene ahora dificultades para comunicar el mensaje de unidad, fortaleza y ambición compartida. En este contexto se enmarca la búsqueda de un acuerdo sobre las Perspectivas Financieras. Parece difícil aceptar el argumento de que la Unión Europea se puede ampliar, ofrecer mayor competitividad, menor desempleo y más seguridad, todo ello a precios de saldo. Me parece que nadie creería a un vendedor que prometiera la calidad y prestaciones de un BMW al precio de un Lada. Un importante capítulo de los debates se refiere a la cohesión en la Unión ampliada. La extensión de la solidaridad financiera a los nuevos Estados miembros, a una escala comparable o mayor que el Plan Marshall, se encuentra en la base de la idea misma de Unión Europea. La transformación sin precedentes, en cuanto a calidad de vida, que, junto con los cambios democráticos, ha tenido lugar en Portugal, España y Grecia debería extenderse ahora a los nuevos miembros. Tal como se ha demostrado, el flujo de fondos europeos a estos países, de hecho, regresa en forma de oportunidades comerciales para el mercado único en su conjunto. Por lo tanto, se trata más de inversión que de caridad. Necesitamos reconstruir un clima de ambición compartida y configurar una nueva visión de lo que yo llamo la manera europea en otras palabras, temas comunes que enseñen a los ciudadanos el valor añadido europeo. En este contexto, el seguimiento de la reunión de Hampton Court presenta parti-