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ABC MIÉRCOLES 14 12 2005 Opinión 5 MEDITACIONES DICEN, DECÍAN... ECÍA José Luis Rodríguez Zapatero hace quince días: Reduciremos en un horizonte razonable el tipo del Impuesto de Sociedades hasta el 25 por ciento en el caso de las pymes y al 30 por ciento para el resto de las empresas Decía dos días después Miguel Ángel Fernández Ordóñez, secretario de Estado de Hacienda: La reforma afectará sólo a los empresarios normales y no a los que están cerca de los gobiernos Dijo ayer de nuevo Fernández Ordóñez: Sólo acometeremos la rebaja de cinco puntos en el tipo del 35 por ciento si se recortan las deducciones; porque de lo contrario se perderían 4.000 millones de euros y seríamos suicidas Se está a la espera de que Zapatero diga o se desdiga, porque, en cualquier caso, Fernández Ordóñez desdirá a Zapatero. MARCO AURELIO D LEER Y PENSAR ES QUE ESTABA FRITITO MAPAS DEL TIEMPO. INTRODUCCIÓN A LA GRAN HISTORIA DE DAVID CHRISTIAN Editorial Crítica Barcelona, 2005 726 páginas 38,90 euros El animal humano Una de las funciones primordiales del historiador es- -o al menos, debería ser- -la de ofrecer perspectivas amplias sobre los problemas que acucian a sus contemporáneos. En este sentido, tanto los políticos profesionales (en el caso de que lean, que ya es suponer) como los simples ciudadanos pueden educarse mediante la lectura de obras de historia en un cierto sentido crítico respecto a los acontecimientos que les afectan, inscritos por la magia de los libros en tendencias a largo plazo y gradualismos insospechados. Este entretenido y ambicioso libro apunta en esa dirección. Como propuesta de unión de la historia natural y humana en una sola narración, comienza en el big- bang, hace unos 13.000 millones de años, y fija sus episodios fundamentales en la creación de la tierra hace 4.600 y en la aparición de los primeros homínidos bípedos, nuestros primos más lejanos, hace siete: apenas un suspiro. Desde entonces, la evolución humana ha venido marcada por la aparición de la agricultura, los estados y civilizaciones, el comercio y la imparable tendencia a la globalización. Al fin, al autor sólo le queda por escribir el futuro, aunque no deja de intentarlo. MANUEL LUCENA GIRALDO AÑANA jueves investirán con toda justicia a Antonio Mingote doctor honoris causa en la muy cervantina y más que complutense Universidad de Alcalá de Henares. Gaudeamus igitur puro. Jocunda juventud perpetua de Mingote, cada día más brillante, hondo, rotundo. Enorme, diríamos en mi tierra. Sobrado. Sabiendo que la Universidad alcalaína tiene entre sus doctores a Mingote, dan ganas de matricularse allí, para ilustrarse en saberes ahora tan escasos como el sentido común, la coherencia, la valentía de decir lo que se piensa. Y me reconcilia, además, la investidura de Mingote con el título de doctor honoris causa Creía que para que lo hicieran a uno tal había que ser un chuflón, un pintamonas, un profesional de la progresía, uno que dice que es muy de izquierdas, pero que vive como un marqués con cargo al presupuesto y a la Visa oro oficial. A Mingote le confieren el doctorado ANTONIO sin haber ido a Chiapas en gran clase BURGOS y hotel de cinco estrellas para solidarizarse con los zapatistas; sin haber llevado en su honestísima vida pancarta alguna ni pegatina con el no a la guerra siendo por ello además el más pacifista de todos los que nos hacen ver el absurdo bélico. Mingote demuestra que lo pueden hacer a uno doctor honoris causa justificada, sin llamarse Rigoberta Menchú, Saramago, Pérez Esquivel, Garzón, Bardem... o cosas peores. Pronunciado el vítor académico del maestro, debo, empero quitar una anécdota de su biografía, en cariñosa corrección fraterna a Antonio Astorga, que la narraba en su honor. Al César lo que es del César, a Mingote lo que es de Mingote... y a Antoñito Procesiones lo que es de Antoñito Procesiones. Contaba antier Antonio Astorga en ABC: Hace algunos años MINGOTE pronunciaba una conferencia en Sevilla sobre la desaparición de La Codorniz De repente, un señor le clava los ojos con cara de pocos amigos. M Mingote comienza a ponerse nervioso. Algunos minutos después, ante la persistente mirada del curioso impertinente, Mingote prueba a comerse las comas, a mojar los puntos y las íes en salsa, a saltarse los párrafos... Y el pesado con cara de estreñido, erre que erre, no le quita los ojos de encima. A Mingote no le queda otra salida que zamparse las páginas de su discurso mientras los nervios le asaltan. Llega el final de la conferencia, el mirón se le acerca, se apropia del vaso de agua que don Antonio tenía delante de sí y se lo bebe de un trago: ¡Ez que eztaba zequito, maehhtro! le espeta el espontáneo. Mingote, perplejo, respira tranquilo Mingote debe de respirar tranquilísimo, ¡porque eso no le ocurrió nunca a él! Eso le ocurrió, que tiene más mérito, a don Esteban Bilbao Eguía, presidente de las Cortes Españolas con Franco, en el Ateneo de Sevilla. El que se atrevió a echarle el ojo al vaso del omnipotente don Esteban, a levantarse y a bebérselo enterito, glup, glup, no fue un desconocido curioso impertinente. Fue nada menos que Antonio Sanz, Antoñito Procesiones un cervantino personaje que alcanzamos a conocer, fundador y cobrador de la sociedad unipersonal La Gloria de España cuyos miembros contribuíamos con un real semanal para un alto fin: que Antoñito se pudiera comprar cigarros puros, que le encantaban. Tanto como ir junto a toda banda que tocase en una procesión o desfile. De ahí el título popular de nobleza de este niño grande de Sevilla, que murió ya setentón, acogido por los hermanos de San Juan de Dios. Sevilla lo cuidaba y mimaba con la delicadeza y la ternura de un viejo niño subnormal. En cuyo honor, querido Mingote, no iré a lo tuyo doctoral de Alcalá. No sea que traiga mucha sed del Ave, le eche el ojo a tu vaso, me levante, me lo zampe como mi paisano y colombroño, y, volviéndome al auditorio, justifique mi acción con las mismas verdaderas palabras históricas de Antoñito Procesiones en el Ateneo de Sevilla tras beberse el agua de don Esteban Bilbao, que fueron: Señores, es que estaba fritito...