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52 MARTES 13 12 2005 ABC Cultura y espectáculos Una joven admira La perla y la ola de Paul Baudry CHEMA BARROSO La pintura del XIX vuelve al Prado El museo saca a la luz las 25 obras donadas hace un siglo por el mecenas Ramón de Errazu b Los 20 óleos y 5 acuarelas, fecha- dos entre 1862 y 1895, fueron realizados por Mariano Fortuny, Raimundo de Madrazo, Martín Rico, Ernest Meissonier y Paul Baudry NATIVIDAD PULIDO MADRID. Una de las asignaturas pendientes del Prado es la pintura del siglo XIX, oculta desde hace demasiado tiempo por culpa de las interminables obras del Casón del Buen Retiro. Concretamente, no se ve desde que éste cerrara sus puertas en agosto de 1997. El grueso de la colección ha dormido todos estos años en un almacén de Alcalá de Henares, salvo viajes ocasionales de algunas obras por distintas Comunidades Autónomas. Tan sólo hubo una excepción: el edificio de Villanueva acogió en 2002 una gran exposición dedicada a Carlos de Haes. Pero el Plan Museográfico diseñado por Miguel Zugaza sorprendió a todos con unos planes no previstos inicialmente para el XIX: quedará integrado con las colecciones históricas del museo tras su ampliación, mientras que el Casón pasará a ser un Centro de Estudios. El Prado no olvida su colección del XIX advertía hace tres años Miguel Zugaza. La hermana pobre del Museo del Prado- -como se ha denominado, no sin razón, a la pintura del XIX- -vuelve a casa, aunque de momento sólo sea por Navidad... y tres meses más. Este regreso (temporal) del hijo pródigo al Prado se debe a la conmemoración del centenario de una donación, la más importante que ha recibido nunca el museo de pintura del siglo XIX: la que hizo al museo en 1905 Ramón de Errazu. El coleccionista legó 25 obras (20 óleos y 5 acuarelas) fechadas entre 1862 y 1895 y realizadas por Mariano Fortuny, Raimundo de Madrazo y Martín Rico, amigos del mecenas, a los que se suman dos pintores franceses: Ernest Meissonier y Paul Baudry. La exposición ha sido comisariada por Javier Barón, jefe del Departamento de Pintura del siglo XIX del Prado, quien, con su equipo, ha llevado a cabo un minucioso y exhaustivo trabajo no sólo de limpieza de las obras, sino de investigación y documentación de las mismas y ha arrojado luz a la biografía de Ramón de Errazu, que hasta ahora era prácticamente un misterio. La modelo Aline Masson de Raimundo de Madrazo Tras las obras de ampliación del Prado, este conjunto de obras se integrará con las colecciones históricas del museo Gabinete decimonónico Las salas 51 A y 51 B del museo se han tornado en un gabinete decimonónico, con las paredes color granate, de las que cuelgan diez obras de Mariano Fortuny, cuatro de ellas acuarelas: Idilio Menipo (copia de Velázquez) Un marroquí y Paisaje de Portici El conjunto incluye piezas maestras como Viejo desnudo al sol (muy en la línea de Ribera) o Desnudo en la playa de Portici Muy bien representado también en el legado Errazu (con nueve óleos) está Raimundo de Madrazo, amigo íntimo del coleccionista, a quien inmortalizó en un estupendo cuadro, que se considera el mejor retrato masculino del artista. Junto a él, excelentes retratos femeninos (en dos de ellos posa como modelo Aline Masson) desnudos y paisajes. Como curiosidad, un pequeño óleo sobre tabla de la colección Errazu, Jardín de la casa de Fortuny fue pintado a cuatro manos: lo Viejo desnudo al sol de Fortuny comenzó en 1872 Mariano Fortuny y lo completaría años más tarde Madrazo. De Martín Rico se muestran cuatro paisajes pintados al aire libre: especialmente interesante, una preciosa vista de Venecia. Paul Baudry firma otro de los cuadros más llamativos de la exposición: La perla y la ola un polémico desnudo que perteneció a Eugenia de Montijo y que causó un gran revuelo cuando se presentó en el Salón de 1863. Aparte de la calidad de las obras, Errazu cuidó con mucho mimo los marcos (de bronce o maderas nobles como el ébano y el palosanto) Esta estupenda colección- -muy próxima a los pintores, según el comisario- -se expuso por vez primera en el Prado el 16 de mayo de 1905 en un espacio al que se denominó entonces Sala Errazu y que se calificó en la época como verdadero santuario del arte moderno En 1971, el conjunto pasó a engrosar los fondos del Casón con el resto del XIX. Esta exposición es, según apuntó ayer el director del Prado, un anticipo, un entremés para abrir boca a la celebración del XIX, que se llevará a cabo con la ampliación del museo No escondió Zugaza su ansiedad por presentar este conjunto integrado con su discurso histórico. Y es que los maestros decimonónicos se medirán cara a cara con Velázquez, Goya, Ribera y compañía. Todo un reto.