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ABC MARTES 13 12 2005 Opinión 5 MEDITACIONES DE MUDANZA A cuenta, que nos vamos. Se van a su nueva sede barcelonesa los empleados de la CMT y la Administración paga las consumiciones: la matrícula del colegio bilingüe para los niños, los actuales y los que vengan; los billetes de ida y vuelta en avión para la familia que se queda en Madrid: el 60 por ciento de la letra del alquiler de la nueva vivienda, con vistas a las Ramblas... Alrededor de dieciocho millones de euros para costear la primera deslocalización administrativa de la reciente y muy prometedora España posautonómica planificada por el Gobierno. Ayer salió en dirección a su nuevo destino una primera avanzadilla de trabajadores de la CMT, cuyo caprichoso traslado a la Ciudad Condal se ha saldado con una salida masiva de antiguos empleados, un notable incremento en el capítulo de gastos, muy extraordinarios, y la inactividad de sus dependencias. Tiempo de mudanzas. Nacionales. Urgentes. MARCO AURELIO L LEER Y PENSAR LA PISCINA DEL CHALÉ ISLAMISTA REPENSANDO EL MULTICULTURALISMO DE BHIKHU PAREKH Ediciones Istmo Madrid, 2005 522 páginas 18 euros U Riqueza o pesadilla La convivencia de culturas en el seno de una sociedad puede convertirse en riqueza o en pesadilla. Depende del acierto en el tratamiento de los problemas que plantea. Según Parekh, la tradición política dominante en Occidente no se encuentra bien equipada para afrontar este reto. Cabe pensar que otras tradiciones lo están aún peor. Hay que huir de dos errores de signo opuesto: el universalismo y el relativismo cultural. No es fácil navegar sin sucumbir a estos dos escollos, pero el segundo es mucho más amenazador. La prueba está en que los requisitos que el autor propone son más propios de las sociedades liberales que de las demás, algunas de las cuales los rechazan violentamente. La solución se encuentra más cerca de la tolerancia limitada que de la pretensión de que todo posee el mismo valor. El libro es más valioso en el planteamiento del problema que en las soluciones. Aunque es verdad que la advertencia sobre los peligros que el multiculturalismo entraña para la sociedad liberal sólo son relevantes para quienes la valoran positivamente. IGNACIO SÁNCHEZ CÁMARA N día sí y otro también cae alguna red islamista en la Europa que debate agriamente los presupuestos comunitarios. Ayer fue en París, como hace unos días fue detenida en la Costa del Sol una célula del Grupo Salafista para la Predicación y el Combate argelino. Practicaban robos limpios residían en un chalé de Estepona con piscina en forma de riñón, sufragaban atentados. Cuanta más certeza tenemos de la amplitud de esas redes, más hay quien niega la dimensión del riesgo, clasificando como islamófobos a los que persisten en la idea de que existe un islam moderado y un islam radical, aunque por ahora los moderados casi nunca condenen explícitamente a los radicales. En Francia el último presunto islamófobo prácticamente linchado por la prensa de izquierdas ha sido Alain Finkielkraut, uno de los pensadores más lúcidos de la época. Después de las noches de caos en VALENTÍ Francia, Finkielkraut declaraba al PUIG periódico israelí Haaretz que los disturbios nocturnos eran un ataque de violencia nihilista contra la República Francesa: alertó contra la noción romántica de unos jóvenes en rebeldía en nombre de los desposeídos de la Tierra y sugirió que- -según indicaban las detenciones y las escenas filmadas- -algunos de los asaltantes podían ser negros o musulmanes, nacidos en Francia pero vinculados primariamente a una entidad étnico- religiosa que impedía su integración. Esas cosas las saben en Holanda, en Francia, en Atocha, en toda Europa, pero existe una especie de gran contrapeso políticamente correcto que las niega y además condena su constatación. A Finkielkraut se le ha acusado de agitar las aguas del mal. Grave coerción en una Europa que proviene de la Ilustración y se autopostula como lugar de la razón y la tolerancia. Una prieta coalición de periodistas en busca de causa absoluta, de profetas comunitaristas y adalides del multiculturalismo está ahí para negar que el gueto no es siempre producto de la sociedad de acogida y que puede ser consecuencia de la mentalidad del inmigrante. Hay quien se cree capacitado para negar la Historia, como se negó la existencia del muro del Berlín o del gulag soviético. En otros arrabales y guetos, en otros chalés con piscina, el reclutamiento de jihadistas ya es un flujo estadístico. A lo mejor andan por ahí enviados de los Hermanos Musulmanes que, con la espingarda en una mano y la urna en la otra, tienen ahora casi noventa escaños en el Parlamento egipcio. Para los Hermanos Musulmanes, con escaño o sin escaño, el islam es la solución. No pocas investigaciones coinciden en que el núcleo de los Hermanos Musulmanes- -expandido en toda Europa- -actúa hoy en virtud de una estrategia de alcance mundial que se conoce como el Proyecto el islam es la solución, Occidente es el mal. Desde luego, quienes han pretendido lapidar mediáticamente a Finkielkraut no van a rectificar cuando aparezcan más conexiones, más redes, más chalés islamistas. Necesitan construirse una verdad para poder relativizar todo lo demás. El islam radical tiene también sus compañeros de viaje, sus tontos útiles. El descrédito del multiculturalismo en Europa no da ningún motivo para alegrarse. Fue un tender la mano de la forma más bienintencionada, incluso a costa de leerse manuales filosóficos que rebosaban irrealismo histórico y optimismo antropológico. Era la mala conciencia por el pasado colonialista de Occidente, como si a la hora de concebir políticas inmigratorias eso tuviera que obligar a la laxitud en cuanto a asilo político o reagrupamiento familiar. Ahora estamos en la etapa de saber que hubiese sido mejor requerir del inmigrante una integración más voluntariosa. También sabemos que los inmigrantes se integran en nuestras sociedades en uno u otro grado según sus creencias, sus orígenes y la perpetuación de su entorno. Desafortunadamente, no es difícil intuir que llegamos algo tarde. vpuig abc. es