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ABC LUNES 12 12 2005 Sociedad 51 El sida convierte a las mujeres en un chivo expiatorio a quien culpar sometiéndolas a la exclusión social pequeña estancia de escasos metros se concentra toda su vida. Un frigorífico, la cama, la cocina, una estantería donde conviven el televisor, los cosméticos y toda clase de utensilios. Después de separarse de su primer marido, con el que se casó con 22 años y con el que tuvo un hijo, Angie relata que conoció el amor y se volvió a unir a otro hombre- -que le dio otro hijo- -y que fue éste quien le contagió el sida. Tras la muerte del cabeza de familia buscó en la prostitución una tabla de salvación. Sé que estoy enferma, y que no tengo dinero para costearme un tratamiento, pero no voy a dejar que me señalen por esto. Mucha gente cree que las mujeres traen el sida- -se sonríe- No es verdad y hay que decirlo. Tenemos que protegernos, pero muchos clientes ofrecen más dinero a cambio de no usar preservativos y es tajante al afirmar: No tengo miedo, tan sólo cuando pienso en qué será de mis hijos Pocas mujeres hablan del sida en voz alta. De hacerlo se convertirían en intocables Tanto a ellas como a sus hijos se les niega el acceso al hogar de su familia y la posibilidad de trabajar en un empleo. En Bangalore, a unas cinco horas por carretera de Tirupati, cerca del 70 de las 300 personas atendidas por la ONG local Milana son mujeres viudas por el sida, afectadas o con hijos con VIH. Un niño de siete años, en manos de la OMC Vinuth corretea por el patio que hay delante de su pequeña casa pintada de rosa. Ignora que mañana personalidades de todo el mundo se reunirán en Hong Kong durante la cumbre de la OMC y que decidirán sobre su futuro, sobre el precio de las medicinas. Claro que, por otra parte, los que acudirán a la cita también desconocen que a sus siete años es un auténtico torbellino a pesar de echarle a diario un pulso a la muerte. Tal vez por ello resulta más fácil tomar decisiones. Vinuth apenas deja a su madre, Chandrika, que prepare la cena y saca los dibujos del colegio, y enseña un Chaplin pintado de azul, y huye debajo de la cama en busca de un muñeco, y al mismo tiempo saca una enorme bolsa de plástico para juguetear con los botes de pastillas antirretrovirales a los que tiene un privilegiado acceso gracias a una donante. Ésta es para el lunes, esta para el miércoles, aquélla para el desayuno... explica en un perfecto inglés. Su madre no oculta su rencor al relatar que fue su marido quien la contagió el sida, que tenía otra mujer y que acabó suicidándose. Antes de darle la cena, Chandrika abre una de las cápsulas y separa con paciencia 125 de las 250 bolitas que contiene. La falta de ARV para niños la obliga a dividir las dosis para adultos. El pequeño cuerpo de Vinuth, con 16 kilos a sus 7 años, acumula un total de 22 pastillas diarias en un intento desmedido por frenar el sida. Quiero ser médico dice. Lo que él no sabe es que nunca lo será, que después de años de tratamiento ya no queda ni la esperanza. Su delgadez y su cotidiano cansancio escriben un final que su madre no ignora y ante el que no puede contener las lágrimas: Estaré a su lado hasta el último momento Suicidio con fertilizante Meena termina de coser a máquina una pequeña bolsa serigrafiada que reclama medicamentos más baratos y que tienen como destino la cumbre de la Organización Mundial del Comercio, que mañana se inicia en Hong Kong. Ahora sonríe, pero hace poco más de un año, tras la muerte de su marido por sida, con uno de los tres pequeños con VIH y expulsada de su propia casa, decidió acabar con su vida y con la de sus hijos. Estaba desesperada y no tenía a quién acudir. Ese día- -se emociona al recordarlo- -añadí a mi comida y a la de mis hijos fertilizante Por suerte un familiar suyo la visitó en ese momento y evitó la tragedia. Angie o Meena son sólo nombres de una larga lista de mujeres, hombres y niños que sufren las consecuencias de una pandemia en un país en donde el acceso a los antirretrovirales (ARV) es un auténtico privilegio. Algo que conoce bien el doctor Nagaraj, quien no oculta su inquietud ante la posibilidad de que el precio de los antirretrovirales se incremente como consecuencia de la Ley de Patentes aprobada por el Gobierno indio para cumplir con el Acuerdo sobre Propiedad Intelectual y Comercio de la OMC. La producción de genéricos podría verse afectada y los precios podrían subir entre 15 y 20 veces se lamenta Nagaraj mientras hace pasar a una familia que aún no sabe que engrosará la lista de intocables por el sida.