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50 Sociedad LUNES 12 12 2005 ABC La concentración de fieles en uno de los centros de peregrinación más importantes del mundo, el templo hindú de Venkateshwara, alimenta el negocio de las meretrices que sufren los estragos del VIH. Ayuda en Acción les tiende la mano en un país que las condena al ostracismo Tirupati: peregrinación al santuario del sida y la prostitución TEXTO Y FOTOS: R. BARROSO TIRUPATI (INDIA) Las inundaciones en Tamil Nadu obligan a dar un pequeño rodeo y, después de 20 horas para recorrer poco más de 600 kilómetros, se llega a Tirupati. La ciudad se ha convertido en un auténtico hervidero humano invadido a diario por los miles de peregrinos que acuden hasta el templo de Venkateshwara en las colinas de Tirumala, a 27 kilómetros, para orar a Vishnu. A las siete de la mañana, los fieles ya han comenzado a amontonarse y se someten a rigurosos controles de seguridad. Los recientes atentados terroristas en Nueva Delhi y el temor a una masacre en uno de los lugares de peregrinación más importantes del mundo hacen extremar las precauciones. La devoción por contemplar la piedra de basalto negro en la que se reencarnó el dios hindú Vishnu es tal que en un sólo día llegan a concentrarse hasta 100.000 peregrinos. Desde que se cruza el control y a falta de recorrer los 20 kilómetros que distan hasta el templo, decenas de carteles recuerdan la sacralidad de los montes por los que se circula: se prohíbe fumar, beber alcohol, jugar a las cartas o escupir. VIH por 50 céntimos A pie, en coche o en autobús, los fieles se disponen a esperar durante toda la mañana. Muchos de ellos exhiben sus cabezas rapadas en señal de devoción. A pesar de dedicarse durante horas a sus deberes espirituales, la masiva afluencia y la diversidad de gente han generado una industria bien alejada de los valores que defienden pero que, sin embargo, muchos frecuentan: la prostitución. En Tirupati, con una población estable de 300.000 personas, existen 3.000 trabajadoras sexuales, lo que convierten a esta ciudad en un lugar donde las prácticas de riesgo están a la orden del día y en un Estado, el de Anda Pradesh, donde más de 500.000 personas viven con el VIH. Los últimos informes revelan que la epidemia se ha extendido de las zonas rurales a las urbanas y de los grupos de alto riesgo a la población en general reconoce Diego Postigo, coordinador de la campaña Stop Sida de Ayuda en Acción. Pero, para más inri, en toda India (al igual que en otros muchos países en vías de desarrollo) el sida crece entre la población femenina. En un lugar como Tirupati, donde muchas mujeres ofrecen su cuerpo por apenas 30 rupias (poco más de 50 céntimos) la labor de las ONG a la hora de dar información para evitar las prácticas de riesgo resulta incuestionable. A esta tarea lleva dedicada desde hace cuatro años Ayuda en Acción, a través de Action Aid y de la organización lo- Los fieles, con sus cabezas rapadas en señal de devoción, esperan largas horas para entrar en el templo de Venkateshwara No las educamos a no trabajar en el sexo. Tienen derecho a dedicarse a lo que quieran, pero se trata de apoyarles para mejorar su seguridad, su educación y sus condiciones sanitarias precisa Meera, coordinadora de WINS. Trabajadoras secretas del sexo La estigmatización y el ostracismo al que se ven sometidas, en ocasiones por su doble condición de prostitutas y enfermas de sida, las obliga al silencio. Muchas forman parte de lo que se denominan secret sex worker porque emigran durante algún tiempo a ciudades vecinas para ejercer fuera de la mirada de conocidos o alejadas de la calle. Pero lo cierto, es que, de una forma u otra, todas ellas acaban sufriendo la marginación de sus vecinos y familiares. En India, el sida convierte a las mujeres en un chivo expiatorio a quien culpar a pesar de que en muchas ocasiones ha sido su pareja quien se lo ha transmitido. Muchas escuchan por primera vez la palabra sida cuando durante el embarazo y, en muchas ocasiones, la transmisión de la enfermedad al feto resulta inevitable. En un barrio abigarrado de casas vive Angie. En una Angie, trabajadora sexual, en la pequeña estancia que conforma su casa cal WINS. Así se ha logrado crear un grupo de apoyo donde las trabajadoras sexuales comparten sus problemas, adquieren conciencia de sus derechos y reciben formación para evitar el sida, una enfermedad sobre la que las diferentes religiones presentes en este vasto país no han mostrado, hasta el momento, ninguna voluntad de hablar. Los líderes religiosos hindúes argumentan que el VIH no está en la agenda de Dios y que ellos no hablan del tema igual que no lo hacen del tabaco, el alcohol, la carne ni los preservativos, y lo mismo pasa con los dirigentes cristianos, sijs o musulmanes. La pobreza obliga a muchas mujeres a dedicarse a la prostitución para completar los ingresos que obtienen con negocios como la venta de verduras. Algunas deben mantener hasta diez relaciones diarias para ganar lo suficiente.