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ABC LUNES 12 12 2005 Opinión 5 MEDITACIONES UNA DE ASTÉRIX L Gobierno está donde tiene que estar Veamos. Los ministros de Exteriores discutían en Bruselas la propuesta británica de Presupuestos. ¿Todos? No, faltaba uno: el español. Los ministros de Exteriores de los países de la OTAN recibían las explicaciones de Condoleezza Rice sobre los vuelos de la CIA. ¿Todos? No, faltaba uno: el español. Esta historia de Moratinos, que ayer mismo insistía en la pertinencia de su eterna gira africana, recuerda cada vez más al prólogo de las historietas de Astérix. El propio responsable de Exteriores se parece cada vez más a Asurancetúrix, el bardo de la aldea gala, sobre el que había división de opiniones: él pensaba que era genial y el resto, que no. Moratinos insiste en que tenía que estar en África, tocando la lira, y el resto, no. De chiste. MARCO AURELIO E LEER Y PENSAR LA GENERACIÓN DEL 27 VISITA A DON QUIJOTE DE JESÚS GARCÍA SÁNCHEZ Visor Madrid, 2005 428 páginas 22 euros LA PASIÓN DE LA GENTE DE BIEN E permitirán las tres o cuatro lectoras que todavía me soportan que insista en un asunto de apariencia baladí que, sin embargo, influirá muy negativamente sobre la convivencia social. Me estoy refiriendo, como ya habrán adivinado, al asfixiante cortejo de prohibiciones que en breve convertirán en heroico el mero hecho de prender un cigarrillo y que acabarán dictaminando la condena del fumador a un estado próximo a la muerte civil. Quisiera empezar este alegato citando el parlamento que sirve de atrio al Don Juan de Molière; Sganarelle, criado del protagonista, afirma mientras sostiene una tabaquera en la mano: Digan lo que digan Aristóteles y toda la filosofía, no hay nada comparable al tabaco. Es la pasión de la gente de bien, y quien vive sin tabaco no es digno de vivir. No sólo regocija y purga los cerebros humanos, sino que además instruye las alJUAN MANUEL mas en la virtud, y se aprende con su DE PRADA uso a ser un hombre de mundo. ¿No os dais cuenta, en cuanto lo consumimos, de qué manera elegante nos comportamos con todos, y qué felices somos ofreciéndolo a diestra y siniestra, allí donde nos encontremos? Antes mismo de que nos pidan, nos adelantamos al deseo de la gente: tan así es que el tabaco inspira sentimientos de honor y de virtud a todos los que lo consumen La apología del tabaco pronunciada por Sganarelle se trata, en realidad, de un elogio de esas aparentes naderías sobre las que se funda la convivencia de los hombres. Durante siglos, el tabaco ha servido- -como el vino- -para favorecer la fluencia de ideales compartidos, estrechando vínculos y limando asperezas; durante siglos, el tabaco ha sido el embajador de nuestros mejores rasgos: la generosidad espontánea, la cordialidad y la bonhomía. Símbolo por antonomasia de concordia ¡cuántas disputas y rencillas se habrán sellado prendiendo un cigarri- M Cervantes como nexo Frente a quienes hablan de desmesura, veo que este cuarto centenario esta promoviendo excelentes iniciativas, como la Biblioteca Cervantina de Visor. Un buen ejemplo de excelente oportunidad es este libro, en el que una generación de 1927 que excede a los poetas (entran desde Max Aub a Rosa Chacel, García- Bacca, Teresa León o Arturo Barea) habla de Don Quijote, trayendo textos críticos en los que, como subraya con agudeza el prólogo de Jenaro Talens, suponen un cambio de rumbo muy notable respecto al 98, pero también una pública separación de los viejos mitos, para insertarse en una modernidad definitiva, que la Guerra Civil había truncado. Pero lo que resulta emocionante es que esa España quebrada por el exilio de dentro y de fuera, esa generación rota, tenga a la inmortal obra de Cervantes como punto de unión restaurador de lo mucho que los unía, por encima de ellos mismos. Todos ellos ven en Don Quijote mucho más que literatura, y hay en los españoles del exilio un tenue pero emocionado abrazo a la tierra a la que siempre llamaron España y que Don Quijote y Sancho habían recorrido. El de Cervantes, se ve muy bien en estos españoles de dos mundos, fue siempre mucho más que un libro. JOSÉ MARÍA POZUELO YVANCOS llo! el tabaco ha propiciado alianzas, auspiciado gestos altruistas y estimulado entendimientos. Ha favorecido, en definitiva, el acceso al mundo de la moral y la cultura: al inspirarnos sentimientos de honor y de virtud ha impulsado las transacciones mercantiles, ha aguzado el ingenio de los artistas, ha mitigado nuestras más secretas desolaciones. Todo este componente civilizador del tabaco no debe hacernos olvidar, por supuesto, sus efectos perniciosos sobre nuestra salud; misión de la autoridad es advertirnos de estos efectos y combatir el consumo inmoderado de tabaco, así como las molestias que dicho consumo pueda ocasionar entre quienes no gusten del mismo. Pero este necesario empeño, cuando se confunde con el bizantinismo demonizador, acaba introduciendo en la conducta social taras que el tiempo no hará sino enquistar, haciendo más irrespirable nuestra convivencia. Sorprende que nuestros antiamericanos de pose y boquilla, que han hecho del vituperio de toda tendencia con tufillo trasatlántico un sonsonete desafinado, no se hayan detenido a considerar el influjo enrarecedor que la persecución del tabaco ha ejercido sobre la sociedad estadounidense. Existen estudios muy aleccionadores que relacionan la progresiva deshumanización de este modelo de sociedad, su autismo paranoico y su propensión a la violencia con la represión de conductas sociales hasta hace poco admitidas y hoy execradas, entre las que se destaca el consumo de tabaco. Esta represión tendrá consecuencias aún más detestables en la sociedad española, de natural lúdico y expansivo, creando malformaciones en el comportamiento que nos harán más híspidos e intratables, más desconfiados e hipocondríacos, más hoscos y agresivos, más infelices en suma. Tardaremos en apreciar las consecuencias funestas de esta desquiciada cruzada antitabaquista; quizá, para entonces, ya seamos incapaces de degustar las pasiones propias de la gente de bien.