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ABC DOMINGO 11 12 2005 87 López Caro pide a los jugadores del Real Madrid que presionen hoy al Málaga por todo el campo María José Rienda gana el gigante de Aspen, valedero para la Copa del Mundo de esquí alpino Y SOBRE LOS SELECCIONADORES... CAMACHO IÑAKI SÁEZ LUIS Me dio confianza en los momentos más delicados Me dio galones y responsabilidad dentro de la selección Pide responsabilidad y ofrece mucha confianza garía en el Real Madrid, pensaba en hacerlo bien, en tener una oportunidad o en ser cedido a otro club. -Pasó de tener un hobby a un trabajo en noventa minutos. -Efectivamente. Después de jugar, y como las cosas salieron bien, pensé que me iría cedido un año o dos a otro equipo para coger experiencia y confianza y que después volvería al Real Madrid. -Entonces utilizaba el Metro para ir a entrenarse con el Real Madrid. -Desde septiembre hasta marzo, que fue cuando saqué el carné de conducir. Medio año atado al Abono Transporte. ¿Cómo era un día entonces? -Salía de casa e iba andando unos diez minutos hasta la estación en Móstoles. Desde allí, hasta Aluche en tren; de Aluche, en Metro, hasta la estación de Begoña, y, luego, andando hasta la Ciudad Deportiva. Tardaba entre una hora y cuarto y una hora y media. ¿Y la gente le conocía en el Metro? -Empecé a jugar con el primer equipo en septiembre, aunque estuve un mes con el filial hasta que se lesionó Illgner, y la gente comenzó a reconocerme a finales de enero o en febrero. ¿Y era un agobio? -No. Los aficionados hablaban entre ellos y se decían ese es el chaval que ahora juega de portero en el Madrid Me miraban como diciendo que está jugando en el primer equipo, pero en poco tiempo estará de nuevo en el filial. Yo iba con mi chándal tranquilamente y no decía nada, sólo escuchaba. -En esa etapa compaginaba los estudios con los entrenamientos. -Me levantaba a las seis y media de la mañana para estar en Madrid a las ocho menos cuarto. De ocho a nueve y media tenía clase de auto escuela. Luego, desde Plaza Castilla me iba andando hasta la Ciudad Deportiva. Llegaba a las diez y cuarto y me cambiaba deprisa para entrenarme a las diez y media. A la una, me iba hasta el Hotel Chamartín, donde se concentraban los jugadores de fuera de Madrid, comía y de ahí, al Instituto en Móstoles. Volvía a casa cerca de la nueve de la noche. ¿Cómo ve ahora la llamada del Madrid al Instituto para que viajase con el primer equipo a Rosenborg? -La veo muy cerca. En noviembre hizo ocho años y parece que fue ayer. Es un recuerdo para toda la vida. He visto las imágenes en televisión y creo que ese día había un premio y me tocó a mí. Mi mejor crítico soy yo; luego, mi hermano y mi padre, que es especialmente duro y exigente Nadie del club se preocupó por mí en los momentos duros; me respaldaron mi familia y mis amigos Fue como te ha tocado un viaje con la primera plantilla del Real Madrid y tienes que hacerlo con ellos. Y yo encantado. -Desde entonces todo fue un camino de rosas hasta que de repente desaparece de equipo. -Fue un cambio brutal y una situación dolorosa. Porque ese año estábamos muy bien situados en las tres competiciones. Cuando salgo de la titularidad, estamos a un punto del Valencia en la Liga, con una ventaja de seis o siete puntos con el tercero; clasificados para los cuartos de final de la Liga de Campeones, y en puertas de la final de la Copa del Rey. ¿Recuerda su primer partido en el banquillo? -Me quitan de la titularidad dos veces. En la primera, a falta de cuatro partidos para ganar la Liga, perdemos contra el Celta (3- 0) y veo el partido contra el Español en el Bernabéu (2- 2) desde el banquillo. Luego, viene la segunda, la más dolorosa, me dejan sin Liga, sin Champions y sin Copa. -Parece que le dolió mucho porque se acuerda de todo sin apenas hacer memoria. -Sí. Fue un golpe bajo. No fue tan duro como puede ser una lesión. ¿Todavía se pregunta o sabe por qué le limpiaron -Tengo una ligera idea, pero tampoco me importa mucho. ¿Por qué gritó con tanta rabia eso de me lo merezco, me lo merezco después de ganar la Copa de Europa en Glasgow? -Porque entonces tenía 20 años y se dijeron muchas cosas sobre mí que no eran ciertas. Nadie me tenía que dar explicaciones, pero tuve que aguantar cosas que me dolieron, y con esa edad se hace todo más difícil. Que si mi vida privada era un desastre, que si me estaba creyendo cosas que no eran así... ¿Cuándo ve esas imágenes en las que lloraba sin consuelo piensa que fue demasiado blando o tontorrón o que lo hizo de corazón? -No me arrepiento. Sentía eso. Entendí que con mi actuación había recompensado esos dos meses injustos en la suplencia. No es agradable sustituir a un compañero por una lesión, pero nada más entrar al campo me dije que tenía que dar gracias a Dios por darme esa oportunidad para que mi nombre aparezca en esta final. ¿Pensó que podía abandonar el Madrid en ese momento? -No. Sólo tenía dudas de mi juego. Sabía que todo estaba muy complicado para mí, pero no podía bajar los brazos. Menos mal que dos meses después llegó el Mundial y me di cuenta que si valía para esto. ¿El Mundial le ayudó a recuperar la autoestima? -Sí. Porque, después de tanto tiempo sin jugar, que el seleccionador, en este caso Camacho, se acuerdora de mí para jugar fue un acto de confianza que me vino muy bien. Me sentí reforzado. ¿Alguien del club se preocupó por usted en los momentos más duros? -No. Encontré más respaldo en mis amigos y en mi familia.