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ABC DOMINGO 11 12 2005 Cultura 65 Un grupo de niños atiende la lectura de un cuento en la librería Kiriku y la Bruja de Madrid dado por las libreras que, caso, por ejemplo, de que el chaval pida algo de Harry Potter, conversan con él para descubrir si tiene o no la preparación necesaria para asimilar los avatares del pequeño- -ya va siéndolo menos- del mago. En el caso de que el ansioso pero poco informado lector dé negativo, se logra que acepte otra historia con razonamientos que el niño acepta, porque entiende las razones que se le dan para esperar un poquito más, y que el libro que se lleva le irá preparando para conocer a Harry de la mejor de las maneras. Actividades, he ahí la palabra mágica que logra crear afición. Las creadoras de este mundo singular no lo son por casualidad. Así, Marta cuenta que fundó La mar de letras porque ella fue una niña soñadora, hija de una librera que no vendía libros infantiles, quizá por eso creció en el ensueño de tener alguna vez un sitio en el que se forjaran y divirtieran los más pequeños. Estos empezaron a ir- -puede que pocos padres supieran lo que era aquello- poco a poco. Empezamos con cuatro niños y ahora tenemos dos grupos integrados por lectores de 10 años, aunque siguen asistiendo menores y cinco son asistentes fijos, como también son cinco los monitores Dado que estos se eligen entre los mejores, para completar el sueldo que se les paga, cada niño deja un euro, a modo de ayuda. Pero, eso sí, es el euro que con más satisfacción pueden desembolsar los padres, sólo por ver el brillo constante de los ojos infantiles, las sonrisas y risas, por todo cuanto les provoca descubrir cosas nuevas. Cortés comenta que el negocio que comparte con Achaga, algo en lo que coincienden el resto de libreras, es cuestión de pasión y conocimiento, no de dinero, ya que el margen del libro es muy pequeño A eso habría que añadir que en España la lectura, desgraciadamente, es cosa de pocos más que de muchos. Los temas suelen organizarse por temas y edades. JUAN MUÑOZ La hora de recoger la siembra Desde los más peques hasta los que les sobrepasan en años, todos están encantados de su asistencia a este tipo de librerías. Y eso bien puede deberse a que a muchos de ellos, sus padres, en vez de canciones de cuna, les narraban, con voz sosegada, cuentos infantiles. Ahora puede verse a una de esas privilegiadas, con 16 meses, hojeando un libro a su medida, porque, como dice su madre, ya tiene fuerzas para manejar las páginas Javier Aporador, 9 años, y veterano- -las libreras afirman con emoción que han visto crecer a muchos niños en estas lides, comenta que con 5 ya leía aventuras facilitas aunque sus padres ya le leyeron cuando él todavía no podía hacerlo. El pasado fin de semana acudió a la librería, acompañado por su papá, con la ilusión de comprar El bosque de los sueños de Antonio Rodríguez Almodóvar, premio Nacional de Literatura Infantil, y que se llevó entre sus brazos como una alhaja. ¡Javier va a pasarlo bien! Explica las razones: Podré soñar. Me gustan la magia y la fantasía Niños de China, Ecuador, Colombia, Brasil, Marruecos y España, del colegio público Isabel la Católica se divierten con los cuentacuentos y los actos en librerías. Una profesora afirma que la campaña Fomento de la lectura de la Comunidad de Madrid está siendo un éxito. En algunos de los minicentros los niños depositan un euro para colaborar con diversas ONG. En diciembre, el dinero que se recoja lo recibirá Ayuda en acción Se trata no ya del dinero, sino de que el niño aprenda a ser solidario y conozca el mundo en el que vive. Por cierto, que desde el 14 de diciembre al 13 de enero se montará en La Casa de Vacas del Parque del Retiro una exposición de libros infantiles y juveniles. David Poveda, profesor de Psicología de la Universidad Autónoma de Madrid, asegura que las librerías infantiles son para gozar de la literatura. Leer transmite valores y fomenta la imaginación Esta siembra siempre da buen resultado. Nunca se pierde. Una vez plantada, el niño crece con ella. Minicentros culturales Laurence prefiere, a la palabra librería, la de minicentro cultural debido a que no se dedican sólo a vender. Achaga es autora e ilustradora y asegura que ella y Cortés seleccionan con mimo los libros que llevan a su minicentro Laurence está estos días en la Feria del Libro Infantil que se celebra en París. Son dignas de admiración estas mujeres que se afanan por la cultura y los padres que se preocupan por el hoy y el mañana de sus hijos. De hecho hay niños a los que las libreras han visto, literalmente, crecer. Habría que darles gracias muy especiales a todos cuantos contribuyen a que el niño aprenda que un libro es una joya y leer, la mejor senda para vivir en el mundo de la creatividad y el gozo infinito que es el universo de la literatura.