Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC DOMINGO 11 12 2005 Sociedad 61 medio ambiente y la biodiversidad Así que introdujeron nuevos cultivos: cítricos (naranja, papaya) y sobre todo cacao. Por entonces Abraham andaba descalzo durante dos horas por un camino arcilloso- tremendamente resbaladizo con las lluvias dice- -para llegar al colegio de San Antonio. La familia continuó sobreviviendo durante años, con cosechas mal pagadas, precios abusivos de los intermediarios... Hasta que en 1977 los campesinos se unieron en 12 cooperativas para sacar mejor partido en la comercialización de sus productos. En 1989, cuando asesores alemanes les dieron a conocer la fórmula del comercio justo, eran 38 cooperativas, cada vez más grandes y fuertes dice sonriente. El despegue de la región A partir de entonces la región de Alto Beni comenzó a despegar. La pequeña fábrica de chocolate artesanal se convirtió en una gran planta, que vende hoy sus productos en el mercado local. Nuestros padres no tenían conocimientos, pero tuvieron la idea y la emprendieron con éxito El grano de cacao se empezó a exportar a Estados Unidos y Europa. Con ese grano muchas compañías suizas elaboran sus exquisitos chocolates y bombones. Otra cadena industrial completa, desde la recogida de los frutos en las tierras hasta el envasado, permite obtener fruta deshidratada (papaya, banana) que se vende en Suiza. Y todo ello a precios más justos y equilibrados lo que permitió que también los dos hermanos menores de Abraham estudiaran una carrera universitaria. Ambos son ahora profesores. Llegaron las comodidades a las casas (luz, agua) los colegios, los caminos empedrados, los centros de salud... Y la reforestación. Había que reparar el daño causado inconscientemente a la selva en aquella primera lucha por la supervivencia. Nuestros productos son de calidad y se cultivan con un estricto respeto por el medio ambiente. Durante los últimos quince años reforestamos zonas de selva que se habían perdido cuando llegaron los primeros campesinos. Por cada árbol talado plantamos como mínimo cinco Y el rostro de Abraham vuelve a iluminarse: Ahora tenemos la oportunidad de educar a nuestros hijos y disfrutamos de una vida digna y un futuro El chocolate, como el que muestra Abraham, es uno de los productos de comercio justo preferidos por los españoles Los productos que se venden a través del comercio justo son otra alternativa solidaria. De ese mercado se benefician miles de personas en países en vías de desarrollo. Y como ejemplo, un campesino boliviano cuenta su propia historia Un comercio para la revolución TEXTO: MARÍA JOSÉ PÉREZ- BARCO FOTO: JULIÁN DE DOMINGO MADRID. El rostro de Abraham despliega una amplia sonrisa cuando echa la vista atrás y recuerda los logros conseguidos en los últimos 28 años en la región de Alto Beni (Bolivia) una rica zona selvática que se ha convertido en un ejemplo para los campesinos de Bolivia y de otros muchos pueblos del planeta. Lo cierto es que detrás de esa sonrisa se esconde una gran admiración, incluso veneración, por la emprendedora aventura que iniciaron sus padres, junto con otros muchos agricultores, hace ya más de cuarenta años. Una labor que adquirió tintes de revolución social en un momento determinado gracias a que los productos de aquellas tierras llegaron a los mercados de los países más desarrollados a través del comercio justo. Abraham reconoce que esa fórmula le permitió estudiar una carrera universitaria. Podía ir en bici a la facultad, tuve por primera vez zapatos y ropa decente recuerda. Ahora es ingeniero técnico agrícola, analista finaciero y diplomado en gestión y desarrollo de cooperativas empresariales. Con miles de esperanzas y proyectos para su región, que adora, pierde su mirada en los recuerdos más frescos de su infancia. Con cinco años llegó a Alto Beni, junto a su madre y otros cinco hermanos, después de caminar durante semanas desde una zona más empobrecida, Totora, un región desierta del altiplano boliviano, donde sólo se podía aspirar a sobrevivir. Su padre, don Florentino Pasa dice Abraham con orgullo, ya había comenzado a labrar la tierra hacía seis años (doce hectáreas que entregaba el Gobierno por familia) Los primeros campesinos no tenían formación ni conocimientos. Por eso deforestaron la selva, los bosques, para dar uso agrícola a los suelos Pero muchos se quedaron en el camino. Era difícil sobrevivir. Enfermedades como el dengue, el paludismo y la malaria y las picaduras de serpiente causaron la muerte de muchos agricultores Cuando llegó Abraham a Alto Beni llegó también la primera cosecha. Entonces fue arroz, pero no era el producto ideal porque atentaba contra el Gracias al comercio justo podía ir en bici a la facultad y tuve por primera vez zapatos y ropa decente Ahora tenemos la oportunidad de educar a nuestros hijos y disfrutamos de una vida digna y un futuro Las reglas de oro En las tiendas de comercio justo, normalmente gestionadas por ONG, se puede adquirir una gran variedad de productos: alimenticios (café, chocolate, té, azúcar, mermeladas, galletas, ron, miel) artesanías (bisutería, artículos de hogar, útiles de cocina, juguetes, bolsos, objetos decorativos) y textiles (desde prendas de vestir, hasta ropa de cama y tapices) Estos también se pueden encontrar en supermercados y grandes superficies. Se trata siempre de productos de calidad que van acompañados de su información (de dónde vienen, de qué materiales están hechos, quién los ha fabricado) Los precios están fijados con justicia: se basan en el coste de producción, se han reducido los intermediarios y existe la garantía de que las condiciones laborales de los trabajadores son dignas, con un salario justo. Al adquirir estas mercancías sabemos además que se han cumplido otras reglas de oro: para su fabricación no se ha explotado a niños y se respeta el medio ambiente; tampoco se ha discriminado a personas por razón de sexo o religión, y las relaciones comerciales se establecen a largo plazo. Es un consumo responsable cuyos beneficios siempre van destinados no sólo a las familias productoras más empobrecidas de América Latina, África y Asia, sino también al desarrollo y bienestar de toda una comunidad. Gracias a esta fórmula en España se recaudaron, en 2003, 10,6 millones de euros, y aunque se trata de un mercado que crece con el tiempo, todavía estamos lejos de países como Alemania, Reino Unido, Holanda y Suiza, que llegan a facturar más de 50 millones de euros anuales. Cataluña, Madrid y Andalucía son, por este orden, las comunidades donde más se venden estas mercancías. El café y el cacao son las preferidas por los españoles.