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ABC DOMINGO 11 12 2005 La Entrevista 11 Después de los fracasos de mediados del XVII, cada década España quedaba más atrasada China es un imperio bastante frágil porque no tiene lo que ha salvado a Occidente, el pluralismo ria, pues nacen como repúblicas inspiradas en EE. UU. pero luego no desarrollan su democracia? -Hay que pensar que no estaban bien preparadas para el autogobierno porque siempre habían tenido a la Corona como punto de referencia. Les faltaba un Estado. Tampoco se tiene en cuenta que el proceso de independización dura mucho más en Hispanoamérica, lo que produjo una militarización de sus sociedades por tener que luchar tanto tiempo, y eso creó una cultura militarista que se expresaría con los caudillos, lo cual grava mucho la formación de estados liberales. -Luego, EE. UU. sustituyó a Gran Bretaña como potencia imperial. -Y es un imperio muy distinto. Nosotros fuimos imperialistas conscientes en el XIX. En Gran Bretaña se pensaba en términos de imperio. En cambio, los norteamericanos son imperialistas a pesar de ellos mismos. De pronto se han encontrado dominando el mundo desde el punto de vista militar y tecnológico. Tienen sentido civilizador, pero en el fondo no quieren ser imperialistas y no conquistan territorios como los grandes imperios. ¿Por qué tiene tan mala prensa el imperio norteamericano? -Le pasó a España con su leyenda negra y también el imperio británico cosechó, por su arrogancia y superioridad, reacciones parecidas del resto del mundo. Eso siempre les ocurre a los imperios. Hoy, EE. UU. es una sociedad con grandes recursos, no sólo económicos, sino también por sus tradiciones democráticas. La sociedad norteamericana siempre tiene alternativas, goza de gran vitalidad y es muy positiva; si una política va mal, se cambia. Su flexibilidad y su capacidad de reacción son enormes. Creo que en Europa se juzga mal e injustamente a Norteamérica. -Otro imperio clásico asoma hoy la cabeza: China. ¿Qué piensa de esa gran nación? -China tuvo la burocracia más desarrollada de todos los imperios clásicos, incluso más que la española. Aunque se había cerrado herméticamente al exterior, porque para ellos el mundo entero era el Reino del Cielo. Es impresionante lo que está pasando hoy en China. Estuve como turista hace un par de años y sentí algo de miedo, tengo que confesarlo, ante el dinamismo de esa sociedad. Pero también veo que su imperio, si vamos a llamarlo así, es bastante frágil. Se trata de un territoio de enorme extensión que además no alberga un solo país, sino varios, pero hasta ahora no ha logrado lo que para mí ha salvado al mundo occidental, que es el pluralismo. Sir John Elliott, autor de una extensa y prestigiosa obra, y gran autoridad en nuestra historia de los siglos XVII y XVIII 1808 y los grupos que querían la independencia eran muy pequeños. Tal vez hubiera sido posible rescatar las colonias, de haber habido una política más sensata. Si las Cortes de Cádiz hubieran tratado en ciertos aspectos con más sensiblidad a los criollos; si los mestizos y aun los indios notables hubieran tenido derecho al voto; si la política de Fernando VII no hubiera sido tan absurda... Pero la anulación de la Constitución de 1812 empeoró las cosas aún más. Es en ese momento cuando ya empiezan los movimientos serios de independencia. -Al lado de la descolonización británica, la española parece un desastre, porque aún hoy ustedes tienen la Commonwealth... -Es que España pierde de golpe casi todos sus dominios con la excepción de Filipinas y Cuba. En cambio, nosotros teníamos un enorme imperio global a fines del XIX, que además vivía un gran momento de la expansión territorial, por ejemplo, en la India. Perdimos el primer imperio con la fundación de EE. UU. pero se conservaron las islas del Caribe y Canadá. Y, a pesar de romperse el vínculo, no hubo interrupción del comercio y eso es crítico, porque los norteamericanos importaban muchísimo de la metrópoli durante las primeras décadas de su independencia. ¿No tienen las colonias españolas una evolucón política contradicto-