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6 Opinión DOMINGO 11 12 2005 ABC AD LIBITUM PROVERBIOS MORALES CON RUEDAS DE MOLINO ARÍA Teresa Fernández de la Vega ha sabido hacer un arte de su propia escasez política. Hueca como un cántaro, atenta al vestuario, solemne en la expresión y oportunamente presente, es la encargada gubernamental de hacernos comulgar con ruedas de molino. En sus comparecencias de los viernes es capaz de decirnos, sin un rictus y sin que se advierta que muy bien podría estar conteniendo una carcajada, que la acción política de este Gobierno está absolutamente coordinada Habla como un oráculo, con solemnes pausas que no necesariamente se corresponden con la estructura gramatical de su discurso, y, quizás por ello, transmiM. MARTÍN te una imagen de serieFERRAND dad y solvencia que, desgraciadamente, no suele coincidir con los hechos a los que se refiere. El conjunto paritario de personas que, mejor para un guateque que para un Gobierno, ha reunido José Luis Rodríguez Zapatero, respetable en sus individualidades e inútil en su conjunto, no es un equipo y ni tan siquiera es una selección de los mejores nombres del PSOE. No se dan en él las notas que puedan señalar una firme comunidad de intereses, y, como fruto de un pacto entre las distintas tribus socialistas, están ahí para el regocijo de sus mentores regionales y, según parece, a la disposición de lo que quieran mandar los aliados catalanes que, después de propiciar la investidura del presidente, van marcando los ritmos de sus contradicciones y, por ello, la velocidad de su decadencia. Ya puede decir De la Vega, incluso forzando su gran capacidad para el embaucamiento, que los pasados y repetidos desencuentros entre Miguel Ángel Moratinos y José Bono son sólo un malentendido Son, antes que nada y aun dejándolos en anécdota, el fruto inevitable de un Gobierno sin rumbo en el que los pocos que tratan de aprobar su asignatura se ven permanentemente zarandeados por las desorientaciones y los cambios de criterio que caracterizan a Zapatero y aprovechan con saña los separatistas que le prestan la mayoría. Es, en la práctica, un Gobierno que, sin ser plenamente consciente de que lo es y sin asumir su responsabilidad como tal, dedica sus mayores esfuerzos, como si fuera la primera fuerza de la oposición, a zaherir y machacar a un PP que tampoco acaba de asimilar que ya va para dos años desde que perdió el Gobierno y que el juego que hoy le corresponde no es sólo el del pataleo. Ante el disparate establecido, sólo benéfico para los españoles que quieren dejar de serlo y han encontrado en ello un medio de vida, cabe recordar lo que Shakespeare le hace decir a Gloucester en el cuarto acto de El Rey Lear: Es calamidad de los tiempos el que los locos guíen a los ciegos Calamidad equivalente a que unos gobernantes, coordinados o sin coordinar, ejerzan como tales sin ideas y, peor todavía, sin principios. LEKUONA M H A muerto Juan Mari Lekuona, cuyo nombre no dirá nada a la mayoría de los lectores, e incluso temo que la ka del apellido ponga en guardia a algunos. El guipuzcoano Juan Mari Lekuona, poeta, filólogo y miembro de la Real Academia de la Lengua Vasca, reunía todas las condiciones para ser fácil presa de los cazadores de tópicos. Probablemente se sintió nacionalista (vasco) toda su vida, aunque jamás hizo sufrir a nadie la mínima intemperancia patriotera. Además, era cura. Y uno de los cristianos más enteros que he conocido. Inteligente, bondadoso y asombrosamente tímido, se hizo querer por todos los que lo conocieron, incluyendo a una buena parte de los poetas españoles de su generación y a otros muchos de las que vinieron después. Amaba su lengua materna, pero no desaprovechó ocasión alguna para aprender lo que pudo de los grandes estudiosos de la lengua y la literatura españolas. Juan Mari nació en una familia pródiga en vocaciones sacerdotales. Uno de sus tíos curas, Manuel Lekuona, fue tamJON bién eminente filólogo: un especialista de JUARISTI excepción en la literatura eusquérica de tradición oral y la figura que representa más honrosamente la transición entre los fundadores de la Filología Vasca (la generación de la Sociedad de Estudios Vascos) y la primera hornada de vascólogos universitarios, encabezada por Julio Caro Baroja y Luis Michelena. Otros dos tíos sacerdotes de Juan Mari, hermanos de don Manuel, fueron asesinados en 1936 por los nacionales, tras tomar éstos Guipúzcoa. Obviamente, Juan Mari pensó siempre que sus tíos habían sido víctimas inocentes de un odio fanático, no a los curas, sino a los vascos. Pero ni como vasco ni como cura abrigó resentimientos estériles. Dedicó sus esfuerzos a dignificar los estudios literarios en eusquera y a abrir espacios de colaboración y comprensión mutua con escritores y filólogos de otras lenguas de España. Aclaro: no Galeuzcas de bolsillo, no federaciones lastimeras de lenguas oprimidas. En vez de perder el tiempo culpabilizando al español, procuró conocer en extensión y profundidad su tradición literaria y filológica, y llegó a estimarlo como se quiere lo propio. Hace ya muchos años, Víctor García de la Concha, director de la Real Academia, puso a Juan Mari un apodo cariñoso que, paradójicamente, lo retrataba muy bien: el Vasco Comunicante. Y digo paradójicamente porque Juan Mari era un caso extremo de laconismo, un vasco de aquellos que Ortega habría calificado de potencia primigenia de la taciturnidad, como los pintores sordomudos Ramón y Valentín de Zubiaurre. Lo que pasa es que Juan Mari Lekuona se las arreglaba para comunicarse de muchas otras maneras que sólo se me ocurre interpretar como manifestaciones nada ostentosas de bondad, o, más exactamente, de un hondo y cristiano amor al prójimo. Un amor que estaba muy lejos de cualquier infantilismo. Juan Mari no sólo era inteligente: era un intelectual y, añado, aunque no hace falta, un intelectual católico. Todo lo contrario de un cura trabucaire. Como poeta, como filólogo y como sacerdote, había conseguido incorporarse, muy firmemente, a la mejor tradición de la modernidad, que consiste, por encima de todo, en un respeto sagrado de la libertad ajena. Algo que empiezo a echar de menos cuando leo, estos días, ciertas rimbombantes críticas de la Ilustración, salidas de muy católicas plumas, que habrían hecho sonrojarse a Benedicto XVI, cuyo nombre invocan (achaque este de cierto sector del catolicismo español, acostumbrado a dar lecciones a los papas) A los no católicos que vemos a la Iglesia con simpatía- -y que en este país no somos tantos- -esta deriva nos preocupa. Personalmente, me inquieta leer afirmaciones como la siguiente: Estamos viviendo tal vez la mayor de las guerras de religión, en la que es herido no sólo el edificio cristiano, sino todos los soportes humanos e históricos que lo sustentan No era éste el cristianismo de Juan Mari Lekuona, cuyos tíos curas murieron a manos de gentes empeñadas en convertir una lamentable guerra civil en una guerra de religión. No refleja tampoco el citado párrafo, estoy convencido de ello, el pensamiento de Benedicto XVI. La metáfora es el lenguaje del deseo, y no me gusta nada el que percibo tras ésta, queridos amigos católicos, por ejemplo, de Alfa y Omega. PALABRAS CRUZADAS ¿Sharón y Peres harán un verdadero partido? AL FINAL, VIDAS PARALELAS GERONTÓCRATAS EN ACCIÓN A RIEL Sharón ha roto la estructura de mando del Likud, el gran partido nacionalista y conservador israelí desde hace treinta y dos años. Sharón llegó al convencimiento de que era necesario ceder Gaza a los palestinos. Gaza había sido invadida en 1967 en la Guerra de los Seis Días. Sharón cree que habrá que llegar a un acuerdo similar en el mayor de los territorios ocupados, Cisjordania. El antiguo general, responsable de las matanzas de Sabra y Chatila, ha evolucionado desde la extrema derecha. ¿Hacia adónde? Hacia la realidad. Simon Peres ha cruzado esa frontera desde el lado opuesto, para unirse a Sharón. El Likud, presidido hoy por el muy corrompido y muy mediocre Benjamin Netanyahu, DARÍO ha saltado en pedazos. Si el Likud- -pareVALCÁRCEL ce pensar Sharón- -me atenaza hasta el extremo de impedir mi proyecto de paz, y yo puedo destruir al Likud, ¿por qué no hacerlo? Según las encuestas, votarán a Sharón y a su nuevo partido, Kadima, más del 60 por ciento de los votantes del Likud, y un 40 por ciento laborista. El asesinado jefe del Gobierno, Isaac Rabin, lo explicó con claridad: ¿con quién negociar la paz? Con el enemigo. Hay otra lección, pre- política esta vez, en Sharón y Peres: la formidable decisión de pelear hasta el final, a los 77 y 82 años: la guerra, el dolor, la enfermedad y la vejez- -parecen decir- -son nuestros verdaderos enemigos. E L Estado de Israel necesita un proyecto de gobierno que lleve a la paz. Un plan basado en lo que debe conceder cada parte. Un bosquejo que no puede ser sólo de renuncias unilaterales, sino que debe contemplar como requisito indeclinable que la Autoridad Nacional Palestina derive en un estado plenamente democrático, alejado del corrupto negociado que manejó Arafat. ¿Marcha hacia ese objetivo Ariel Sharón con el tácito respaldo de Simon Peres? Cuesta creerlo. Sharón sigue convencido de que la fuerza es el elemento decisivo para la paz, al margen de quién tenga como interlocutor. Peres ha recorrido casi todo el espectro político israelí desde el entorno de Isaac Rabin hasta el de Ariel RAMÓN Sharón. Pero el hoy fundador del nuevo PÉREZ- MAURA partido ha tenido la prudencia de no dejar que Peres ingrese en su neonata formación. Su historial político demuestra que Peres tiene la insuperable cualidad de quedar segundo en las carreras que corre solo. No es probable que el Kadima se beneficiara en exceso de su presencia en primera fila. La crisis que vive la política israelí se manifiesta en que desde la gerontocracia haya que lanzar nuevas propuestas de salvación nacional. Quizá haya que convenir que Peretz y Netanyahu no son los hombres del momento, pero exige mucha fe pensar que el futuro de Israel deba pasar por Sharón y Peres. ¿Y usted qué opina? Déjenos su mensaje o su voto en la página web www. abc. es eldebate