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ABC SÁBADO 10 12 2005 Los sábados de ABC 95 Murano, roble, pasados por el toque del zen. Una buena mezcla para estos tiempos arañas de Murano que guían verticalmente el conjunto; todo ello sin perder la teatralidad de las galerías y los 15 metros del estucado sobre el centro de la pista. Lo único original de su tiempo son los techos de los servicios, desde cuyo lavabo hombres y mujeres pueden contemplarse al través de un ventanal. ciendo cola y una clientela ya mayor para el tecno pero demasiado jóvenes para dejar de salir El Goya abre de jueves a sábado, a diez euros la entrada salvo para accionistas y acompañantes, y el resto de días se alquila, con vista también al inminente Mundial de Fútbol. Junto a las arañas de Murano con velas auténticas, la pista de roble ahumado y la pizarra negra, figura un equipo londinense de sonido de 100.000 watios y 500.000 euros capaz de servir igualmente al estadio olímpico. DJs de todos los países y el propio Glückstein improvisarán eclécticamente con jazz, salsa y músicas del mundo selecciones que se venderán en CDs como en el Buddha Bar de París o en el Café del Mar de Ibiza. Porteras de noche Como en el primer local de Glückstein, el conocido Bar am Lützowplatz, los porteros son ellas, pues las considera la mejor presentación. Con el Goya Glückstein pretende un hito en la historia social, gastronómica y noctámbula de Berlín. No va a ser ni discoteca, ni bar de copas, ni club empresarial sino una sociedad de amigos acomodados, un circle de ricos y bellos: una nueva Babilonia de los sentidos Esta capital tiene por fin un auténtico club a su altura sin chiquillería ha- La música será uno de los platos fuertes del local. Será ecléctica y la selección terminará en CDs a la venta Cocina vasca Glückstein no sólo estaba empeñado en un nombre moderno y universal como Goya, si- no que quería también la cocina más nueva y el sabor más sofisticado, explica el chef Aitor Elizegi, dueño del Gaminiz de Zamudio: Peter vino al País Vasco sabiendo lo que buscaba, le fascina nuestra obsesión del comer Y así un local que hace 70 años se chiflaba con el swing de versiones de los Harmonists como Spanische morita Schöne Isabel aus Kastilien o Mein lieber Schatz, bist Du aus Spanien? tiene ahora por nombre Goya, un Bar de Tapas con pinchos tradicionales, y un Txoko vasco- -aunque abierto a las mujeres- El cocinero Aitor Elizegi ha preparado un menú para el Txoko que deja en manos de Ager Urigüen y de uno de los cocineros locales estrella, Florian Löffler Vau pero estará en los fogones cada mes, preparando las cartas de estación, porque lo vital en la cocina vasca es la variedad que va aportando el producto de estación explica a Los Sábados de ABC. No duda de que la cocina vasca se adapta bien y merece viajar ni piensa ceder en el recetario: los berlineses tienen que notar el cambio de temporada el gran valor de las cocinas de España. En un espacio oculto descubierto bajo el techado del teatro se añadirá en primavera un auténtico restaurante vasco llamado Pablo y del que Berlín puede esperarlo todo gastronómicamente. De la opción tradicional de la nueva cocina vasca de los últimos 30 años, con clásicos como la lubina a la pimienta verde a una carta de evolución, a partir de la fusión de lo vasco y mediterráneo y el paso del bacalao al pil- pil de porrusalda al actual a 40 grados con suma de su agua Elizegi se considera hijo de una generación de caballeros que viajaron a Francia y crearon la fusión para luego descubrir el Mediterráneo. Hace 70 años los Harmonists se despidieron ahogados por los brazos de la esvástica y entre lágrimas con palabras a Berlín: Nuestro cuento termina hoy nos tenemos que despedir pero nos alegraría volver a vernos Nunca volvieron. Christopher Isherwood también lloró en su legendario Adiós a Berlín a la que fue brevemente la ciudad más abierta y tolerante del mundo. El Goya quiere seguir aquella fiesta. Aunque una cancioncilla de la época advertía ya entonces: esto sólo sucede una vez y no vuelve más, demasiado bello para ser verdad! (Das gibts nur einmal Das kehrt nicht wieder Das ist zu schön, um wahr zu sein! VIVIMOS COMO SUIZOS Rosa Belmonte PARECIDOS NO RAZONABLES E s cierto que cada vez que miro una foto mía (no reciente, claro) acabo echándome de menos. Por un lado. No es menos cierto que yo no me parezco a Rupert Murdoch. Por otro lado. Digan lo que digan las bases de datos y los que las hicieron. Y lo canto haciendo karaoke con la voz del gran Raphael. Digan lo que digan... los demaaás. Hay una página web israelí de reconocimiento facial (myheritage. com) que entre 2.400 famosos que tiene pillados en su archivo ha concluido (entre 2.400, tiene narices con sus puntos negros) que soy clavada al ciudadano Kane australiano. Como me lo creo todo, lo primero que he hecho ha sido pedir cita en Corporación Dermoestética. Voy a comparecer con una foto de Murdoch y con otra de Greta Garbo. Fíjese bien, ahora mismo me parezco a este señor. No, no estoy chiflada, que lo dice internet. Verá, lo que quiero es parecerme a esta señora sueca. Como está muerta no se va a molestar. Las cejas no es necesario que las depilen tanto. No sé, estoy por presentarme delante del magnate y decirle que me toca algo y se vaya retratando. Con una televisión o un periódico me sobra. Vale que la percepción que uno tiene de sí mismo puede no corresponder a la que tienen los demás, pero de ahí a que estos tíos de la página web sólo me encuentren parecido con hombres. Hombre. Esta es la historia de cómo he llegado a Rupert Murdoch. Primer intento. Foto con gafas. Después de un rato scanning for faces van y sueltan que mi cara es como la de Eric Clapton. Tu padre. Bueno, siempre habría sido peor cualquier Rolling. O Marilyn Manson (no cae la breva de parecerme a su mujer, la también rarita Dita Von Teese) Segundo intento. Foto sin gafas. Tachán, tachán. El ganador es Edward Norton. ¿El de American Histoy X Tercer intento. Ahora voy a poner una con gafas de sol de famosilla de incógnito, en biquini y en una tumbona del Marbella Club que todavía estoy pagando. Por debajo de la cabeza sólo se me ven los hombros. Otra cosa sería imposible teniendo en cuenta que es una autofoto (y no tengo gadgetobrazos) Y ésta es precisamente la que me asemeja a Rupert Murdoch. Qué tino. Quizá sea por la pasta que cuesta el uso de la tumbona. Después de la experiencia se me han quitado las ganas de seguir intentándolo. Que vamos, no es porque sean hombres, que si me pareciera a Cary Grant no me importaría. Aunque, claro, eso no es posible. Conversación que mantuvo el actor con un guardia del estudio: ¿Nombre? Cary Grant Usted no se parece a Cary Grant Nadie se le parece Pero, vaya, a Rupert Murdoch parece que sí.