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ABC SÁBADO 10 12 2005 Los sábados de ABC 93 Silla Parábola en cordón de plástico y estructura de hierro Para el Hotel Castellana Hilton, de los Feduchi. 1955 EL GUINDO MÓNICA F. ACEYTUNO PRIMERA CAMELIA BLANCA o se deben transplantar los árboles añosos. Y aún así no fui capaz de negarme a recibir el regalo de dos camelias de setenta años que iban a derribar con su casa. Una camelia blanca y otra rosa. El regalo incluía el porte con una grúa y el transplante resultó tan aparatoso que mi hijo mayor, que entonces era muy pequeño, dibujó a la camelia sostenida, con tanto cepellón como copa, en lo alto por la pluma. Milagrosamente y después de muchos años de parecer que iban a morirse, enraizaron, y ahora se diría que llevan aquí toda la vida, aunque de vez en cuando las miro y me pregunto de quién serían estas camelias y cómo era la casa a la que daban sombra. Ando estos días viendo casas viejas de piedra y me doy cuenta de que ya no sería capaz de vivir en ninguna de ellas pues la vida puede que se transforme y a mí me parece que se va quedando impregnada en las cosas que tocamos y en las casas en las que vivimos. Y puede que también en los árboles que plantamos. Hace algunos años, dormí en una habitación infantil en la que no pude pegar ojo. Aún siendo camas muy pequeñas, tuve que despertar a mi marido para que me hiciera un sitio pues estaba muerta de miedo. Meses más tarde me contaron que allí había sucedido un crimen que no pienso describir ni escribir, por lo tremendo. Y cuando ahora entro en las fincas abandonadas y veo las casas de piedra, hay algunas de las que, aún siendo hermosísimas, claras y soleadas, salgo de allí queriendo irme. Y otras en las que se nota que tuvieron paz los que allí vivieron. Cuando miro a este árbol que es la camelia, un arbusto gigante, me pregunto qué vida tuvo en la casa de piedra junto a la que fue creciendo durante setenta años, si había niños jugando a su alrededor, qué mujer la plantó y quién decidió que se fuera. Cada árbol es un mundo que no da vueltas y sobre las ramas del sur, ahora que está a punto de llegar el invierno, se acaba de abrir la primera camelia blanca. Igual que imagino se pregunta el que vive con un corazón transplantado, yo también me he preguntado al descubrirla, de quién sería esta alegría de ver la primera camelia blanca en invierno. N Mesa revistero de Artema para el Inst. Eduardo Torroja, en 1954 Enchufable silla de hierro, diseño de Javier Feduchi. De 1958 Silla Lazo diseñada en madera lacada para el comedor de su casa, por Luis Feduchi, en el año 1953 sido necesarios más de ocho meses de localización y recuperación de piezas, muchas sacadas de trasteros, desvencijadas y en estado lamentable. El recorrido de la exposición transcurre entre varias piezas de Miguel Fisac: sus lámparas son hoy día un prodigio de modernidad. Luego aparecen sillas de los Feduchi, como las de la Peluquería, o las de la sala de fiestas del Hilton. Te asombras, frente a la locura de un mueble bar de Rafael de la Hoz, para llegar hasta la lámpara cubo de Luis Cubillo, los taburetes de Corrales y Molezún para H Muebles, los nuevos fraileros de Paco Muñoz, de Darro, pasando por los diseños de Moreno de Cala, o de Javier Carvajal, Desde aquí, y sin tapujos, reivindicamos la reedición de algunas de estas piezas, que se lo merecen. De la silla Parábola se va a ocupar Simsun, la Riaza ya la reedita Casa Jardín, pero sería estupendo ver en tiendas las lámparas de Fisac, la mesa revistero de Artema o la silla de la Peluquería del Hotel Hilton, de Feduchi. Diseño de mobiliario en el Madrid de los 50 Fundación del Colegio de Arquitectos de Madrid C Piamonte, 23 Hasta el 15 de diciembre