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ABC SÁBADO 10 12 2005 Cultura 53 El cine español se resiste a traicionar su identidad para ganar mercado en Estados Unidos b Obaba de Montxo Armendá- riz, abrió ayer en el Lincoln Center la décimo cuarta edición de la Muestra de Cine Español, que se celebrará hasta el día 28 MERCEDES GALLEGO CORRESPONSAL NUEVA YORK. Una vez al año, desde hace catorce, la Sociedad Fílmica del Lincoln Center propicia el encuentro de la familia del cine español en la Gran Manzana, lo que suele dar pie a un revisionismo de metas y contenidos. Este año, bajo la dirección de Fernando Lara, director del Instituto del Cine y las Artes Audiovisuales (ICAA) los cineastas defendieron la personalidad de la obra creativa por encima de las exigencias del mercado, aunque eso juegue en su contra a la hora de introducirse en las pantallas estadounidenses. Caemos en la tentación de juzgar a las películas en función de sus rendimiento en taquilla, pero lo fundamental es la obra creativa, por encima de su dimensión comercial dijo Lara, aplaudido por sus compañeros de mesa. El cine no es sólo mercado, es un elemento de cultura y de expresión personal de una serie de creadores El director general del ICAA no resta mérito a las evidentes ventajas de triunfar en taquilla, pero insiste en que eso, que debe ser trabajo de distribuidores, no puede ser a costa de crear un cine estándar, mediatizado y atento a las fórmulas comerciales Espectacular imagen del interior del Petit Palais de París remozado REUTERS El Petit Palais de París recupera su majestuoso esplendor de la Belle Époque Tras cuatro años de restauración, el museo reabre hoy sus puertas al público b El edificio, que se inauguró con la gran Exposición Universal de 1900 al igual que el Grand Palais, alberga hoy el Museo de Bellas Artes de la alcaldía de París JUAN PEDRO QUIÑONERO CORRESPONSAL PARÍS. Tras cuatro años y medio de trabajos de restauración, por un montante de 72,2 millones de euros, el Petit Palais reabre hoy sus puertas al gran público para presentar las heteróclitas colecciones del Museo de Bellas Artes de París, que harán las delicias de algunos especialistas y el gran público, a quien se ofrece, en particular, una impresionante y variopinta colección de obras maestras de Manet, Monet, Sisley, Gauguin, Vuillard y Aristide Maillol, entre otros. Como el Grand Palais, cuya gran nave se reabrió a primeros de otoño, el Petit Palais se inauguró con la gran Exposición Universal de 1900, y cuentan las crónicas que impresionó por su elegante belleza, donde se confunden escuelas, estilos, materiales, colecciones, de la más variada procedencia. Con el tiempo, llegó a convertirse en un lugar pasablemente lúgubre, mal iluminado, sin calefacción, condenado a las más peregrinas manifestaciones. A finales del siglo pasado, la alcaldía de París, propietaria del edificio, tomó la decisión heroica de cerrar las puertas y comenzar un proceso de restauración que ha durado más de cuatro años. Casi todo el mundo coincide en afirmar que la re- apertura confirmará al Petit Palais como un lugar de cita turística obligada, por la calidad de sus heteróclitas colecciones, que van de la Edad media al siglo XX, con particular atención al gran arte simbolista e impresionista de finales del XIX. Política familiar El Museo de Bellas Artes de la alcaldía de París no ha destacado hasta hoy por la ambición estética o innovadora de sus colecciones. Cuando el resto de grandes museos parisinos, el Louvre, el Pompidou, el d Orsay o el Grand Palais, compiten en audacia de grandes manifestaciones, el Petit Palais ha adoptado una política familiar para poner en evidencia el lujoso esplendor del edificio, al servicio de unas colecciones que no son excepcionales por su originalidad, pero incluyen numerosas obras maestras. Los restauradores, bajo la dirección de Philippe Chaix, tomaron de entrada las decisiones más simples y sensatas. Airear el edificio, dotarlo de los mejores sistemas de calefacción e iluminación, devolver a un gran Petit Palais, símbolo aristocrático de la Belle Époque, todo su majestuoso esplendor, sin pretender ocultar el carácter heteróclito de su fac- Ofrece una variopinta colección de obras maestras de Manet, Monet, Sisley, Gauguin, Vuillard o Maillol tura, que tiene algo de collage construido en piedra, ladrillo, cemento, decorado con mármoles italianos, hierro forjado belga, cristaleras muy 1900, en el corazón de una perspectiva urbana excepcional, entre la explanada de los Inválidos, los Campos Elíseos y el Sena. Devuelta al edificio su lujosa pátina de palacio burgués moderno, el Petit Palais ofrece al gran público la entrada gratuita a sus colecciones permanentes, que no tienen la ejemplaridad del Louvre, ni el carácter monográfico del Museo d Orsay templo de los impresionistas) pero que son muy sugestivas para el vagabundeo turístico- cultural. Los museos londinenses y el Museo d Orsay tienen muchos y grandísimos monet. El Petit Palais tiene una joya preciosa: Puesta de sol sobre el Sena, a la altura de Lavacourt Una maravilla. Hay grandes colecciones con obras maestras de Cézanne. Pero el Petit Palais tiene las legendarias Tres bañistas una gozada. Hay infinitos cuadros de época, todos memorables. El Petit Palais tiene una pieza casi fetichista: la Sarah Bernhardt de Georges Clairin, que tiene el encanto único de restituirnos algo del aura que pudo fascinar a Proust. Mientras los otros museos compiten en grandes exposiciones, el Petit Palais se reabre con una nota de esnobismo populista: la gratuidad de sus colecciones permanentes, en un marco majestuoso. Y una primera exposición menor pero muy atractiva: una muestra de elegantes señoritas deambulando por las orillas del Sena, inmortalizadas por el dibujante británico Quentin Blake. El cine más protegido del mundo Durante la presentación de la muestra de cine español que auspicia el Lincoln Center y que se abrió ayer con Obaba la ausencia de grandes éxitos, como trajesen en años anteriores Almodóvar y Amenábar, planeó sobre los directores invitados. En realidad, como señaló Antonio Pérez, productor de Habana Blues ni siquiera Mar Adentro obtuvo en la taquilla estadounidense el éxito que debería después de ganar un Oscar La realidad es que el mercado estadounidense es el más protegido del mundo señaló Pérez. Entre el 97 y el 99 por ciento del cine que se muestra en sus pantallas es de origen nacional y el resto nos pegamos por ese 1 por ciento confesó Montxo Armendáriz. Aun así, muchos de los realizadores convocados, entre los que se encontraban Ventura Pons, Manuel Martínez Cuenca y Chus Gutiérrez, admitieron que se necesita un empujón más fuerte para aprovechar el momento actual. Para ello, algunos sugirieron seguir el modelo francés, donde la iniciativa privada creó la agencia Unifrance para la promoción de su cine.