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48 Sociedad SÁBADO 10 12 2005 ABC Salud CIRUGÍA RECONSTRUCTIVA CALEIDOSCOPIO JOSÉ MARÍA FERNÁNDEZ- RÚA Los beneficios de un trasplante total de cara superan a los riesgos Un editorial del British Medical Journal considera que operaciones como la de Francia son necesarias ABC MADRID. Tras la tempestad, llega la calma. Y la reflexión. El revuelo de estos últimos días alrededor del primer trasplante parcial de cara, llevado a cabo en Francia, deja lugar ahora a las valoraciones razonadas de los especialistas. Valoraciones, por cierto, que resultan claramente positivas. Con los ecos de la histórica intervención aún resonando en los titulares de los principales medios de comunicación del mundo, un editorial publicado por el prestigioso British Medical Journal refleja el debate de los expertos sobre la cuestión. De un lado, los que optan por primar los beneficios asociados a esta clase de prácticas quirúrgicas para personas con graves deformidades faciales; de otro, los que destacan los riesgos, en especial los relacionados con la necesaria supresión a largo plazo del sistema inmune. Este último es, según el citado edito- PSIQUIATRAS Y DEMENCIAS L rial, el mayor de los problemas a los que se puede enfrentar quien se someta a un trasplante de cara. Sin embargo, estos pacientes no requieren, en principio, un nivel mayor de inmunosupresores que los que hayan sufrido, por ejemplo, un trasplante de riñón. La clave, subrayan los expertos, está en el motivo por el que se realiza tanto una como otra operación: mejorar la calidad de vida. Y esa razón, opinan, es igual de poderosa a la hora de cambiar un riñón que un rostro completo. Y luego están los efectos psicológicos. Según el editorial, un cambio psicológico no significa necesariamente un problema. Y el impacto, opinan, puede ser anticipado, planeado y manejado mucho antes de realizar la operación. Tampoco convence a los editorialistas la supuesta alteración de identidad que supone verse a sí mismo con otra cara, cosa que, por otra parte, ya lo hace la cirugía plástica. os psiquiatras y más concretamente los especialistas en psiquiatría geriátrica parece que están cogiendo más protagonismo que los neurólogos- -ambas especialidades biomédicas están encuadradas en el área de las neurociencias- -a la hora de diagnosticar y tratar a los pacientes con demencias, entre ellos a los que padecen el mal de Alzheimer. El médico alemán Alois Alzheimer describió inicialmente la enfermedad que lleva su nombre en 1906 en una paciente de cincuenta y pocos años. Detalló delirios, depresión, trastornos del comportamiento y deterioro cognitivo. Un siglo después los investigadores no han conseguido curar la enfermedad, aunque el arsenal terapéutico existente contribuye a mejorar la calidad de vida de estos enfermos, cuya cifra se aproxima al medio millón en España. Los psiquiatras dicen que existe una grave falta de coordinación en la atención a las demencias, que afecta a la coordinación entre distintos niveles asistenciales Y a la interdisciplinaridad y a la cooperación entre servi- cios sanitarios y sociales. Dos sociedades científicas españolas- -Psiquiatría y Psicogeriatria- -han culminado el nuevo consenso sobre demencias, en el que entre otras cosas se denuncia la falta de coordinación en la atención a estas enfermedades, así como una sobrecarga del cuidador por la escasa cooperación entre servicios sanitarios y sociales. Respecto al diagnóstico, en este documento en el que han participado más de medio centenar de especialistas, se destaca la importancia de realizar un diagnóstico precoz del síndrome demencial, así como una aproximación etiológica lo más precisa posible, estableciendo un diagnóstico diferencial con la depresión y otras enfermedades psiquiátricas. En este sentido, subrayan la importancia de caracterizar adecuadamente la presencia de trastornos psiquiátricos y del comportamiento, El doctor Luis Agüera Ortiz, coordinador del programa de psicogeriatría del hospital 12 de Octubre de Madrid y uno de los expertos que han participado en este consenso, matiza que son los trastornos psicológicos y conductuales los que mayor sufrimiento ocasionan a pacientes y cuidadores. A esto hay que añadir que son los que mayor coste generan. En su opinión, cualquier médico debería ser capaz de iniciar la sospecha diagnóstica de la demencia.