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44 VIERNES 9 12 2005 ABC Sociedad Benedicto XVI subraya que la guía de su Pontificado es el Concilio Vaticano II El Papa cree que el hombre no se fía de Dios porque sospecha que le quita algo de su vida b En este cuarenta aniversario, recuerda que sus predecesores trabajaron incesantemente por la fiel interpretación y aplicación del Concilio Vaticano II JUAN VICENTE BOO. CORRESPONSAL ROMA. Benedicto XVI subrayó ayer el principio mariano de la Iglesia, superior al principio petrino o jerárquico, en una profundísima homilía sobre el 40 aniversario del Concilio Vaticano II, que definió como el mayor acontecimiento eclesial del siglo XX y la guía de su Pontificado. El Papa agradeció a María su vela maternal sobre mis predecesores- -Juan XXII, Pablo VI, Juan Pablo I y Juan Pablo II- cada uno de los cuales, con gran sabiduría pastoral, ha guiado la barca de Pedro en el rumbo de la auténtica renovación conciliar, trabajando incesantemente por la interpretación y la aplicación fieles del Concilio Vaticano II Según el Papa, el encuadre mariano del Concilio, inaugurado en la fiesta de la Maternidad de María de 1962 y clausurado el día de la Inmaculada de 1965, es mucho más que un marco: es una orientación de todo su camino Reviviendo el momento en que Pablo VI declaró a María Madre de la Iglesia Benedicto XVI recordó que los padres conciliares saltaron espontáneamente de sus sillas y se alzaron para aplaudir en pie. De hecho, en ese título, Pablo VI recapitulaba la doctrina mariana del Concilio y daba la clave para su comprensión El Papa, ayer, durante su primera ofrenda floral a la estatua de la Inmaculada en la Plaza de España en Roma El título de Madre de la Iglesia ayuda a iluminar la estructura interior de la enseñanza del Concilio sobre la Iglesia. El Vaticano II se expresó sobre los componentes institucionales: los obispos y el Pontífice, los sacerdotes, los laicos y los religiosos. Pero ese as- EPA La Iglesia, en su prospectiva, es femenina, pues el centro de la Iglesia es María y no Pedro EL CONCILIO, BRÚJULA DE LA IGLESIA JESÚS DE LAS HERAS MUELA Director de ECCLESIA enedicto XVI, al hacer memoria el día de la Inmaculada de los 40 años del Vaticano II, subrayaba la estrecha vinculación entre la Virgen y el Concilio Vaticano II. María fue para la Iglesia la imagen de quien escucha la Palabra de Dios y sabe ponerse en sus manos providentes. El Vaticano II, el principal acontecimiento eclesial del último siglo, fue tiempo generoso de escucha de la Palabra de Dios. Fue espacio de la gracia B para la acción del Espíritu. Fue ocasión privilegiada para retornar a los orígenes y a las esencias. Fue kairós para que la Iglesia, en suma, fuera más fiel a su misma naturaleza y misión y estuviese más atenta a los signos de los tiempos en su servicio a los hombres. Y desde esta escucha de la Palabra de Dios, desde este discernimiento de los signos de tiempos, el Concilio ofreció sus respuestas de diálogo, comprensión, apertura, perdón, conversión y misericordia. Estas respuestas, ecos y resonancias de la Palabra de Dios y de los siglos de los tiempos, son cuarenta años después plenamente válidos y están llenos aún de profecía, novedad e interpelación. El Concilio Vaticano II ha sido y es la brújula segura de la presencia y de la acción evangelizadora de la Iglesia, luz de las gentes que se muestra a sí misma como discípula de la Palabra- Dei Verbum -y en camino y en actitud samaritana ante los gozos y las esperanzas de la humanidad, a la que sirve. El Concilio Vaticano II fue así el Concilio pastoral que necesitaban la Iglesia y el mundo. Fue el Concilio de los laicos, el Concilio del ecumenismo y del diálogo interreligioso, el Concilio de la dignidad de la persona y de la libertad religiosa, el Concilio misionero que puso en hora el reloj de la Iglesia en su relación con la sociedad. No cabe ninguna duda del acierto, actualidad y gracia del Vaticano II: saber aggionar a la Iglesia para su presencia y servicio a una humanidad en cambio y transformación vertiginosos. Y quizás por ello, sin el Vaticano II la Iglesia hubiese perdido el compás de su saber estar en el mundo, sazonándolo e iluminándolo, pero sin ser del mundo. pecto petrino de la Iglesia forma parte del aspecto mariano En María encontramos la esencia de la Iglesia sin deformaciones La homilía de ayer recapitulaba algunas reflexiones que Joseph Ratzinger ha madurado como teólogo y que expuso hace unos años afirmando que la Iglesia, en su prospectiva, es femenina, pues el centro de la Iglesia es María y no Pedro. Fue la Virgen quien la recibió de Jesús al pie de la Cruz El pecado original Sorprendiendo a la Curia y a los observadores vaticanos- -que esperaban un balance de los 40 años del Concilio- Benedicto XVI completó su homilía analizando el pecado original, del que fue exenta María por su Inmaculada Concepción. Ese pecado hereditario aflora a lo largo de todos los tiempos pues cada uno de nosotros llevamos en el corazón una gota de veneno de aquella actitud de desobediencia narrada en las imágenes del Libro del Génesis El hombre contemporáneo no se fía de Dios porque sospecha que le quite algo de su vida, que ponga límites a nuestra libertad El Papa realizó por la tarde su primera ofrenda floral a la estatua de la Inmaculada en la Plaza de España. El embajador de España ante la Santa Sede, Jorge Dezcallar, el cardenal Julián He-