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ABC VIERNES 9 12 2005 Madrid 35 La calle de Alcalá, con Sol de fondo, tomada por los coches Ésta es la postal que presentaba Preciados a mediodía de ayer La Plaza Mayor, eje de la Navidad madrileña, en ebullición Érase una vez una ciudad que no necesita grandes abetos adornados y gruesas capas de nieve para cantar a los cuatro vientos, a golpe de zambomba, que ya está aquí la Navidad... Eso sí, como siempre, con varias semanas de antelación. Pasen y compren Cuento navideño antes de Navidad TEXTO: CARLOS HIDALGO FOTOS: JAIME GARCÍA MADRID. La vieja creencia popular de que la Navidad se adelanta cada año un poco más no deja de ser una de las mentiras que recorren las calles siempre que diciembre azuza las hojas del calendario. No hay que dejar lugar al engaño: la llegada del Puente de la Constitución y la Inmaculada serpentea las arterias del centro de la capital a bordo de un espíritu, el navideño, que, si bien tiene de puntual lo mismo que de perenne y artificial, metamorfosea el paisaje urbano. El ciudadano se echa el alma a cuestas, saca de paseo la tarjeta de crédito, y realiza parada y fonda en los comercios y rincones más significativos del Adviento madrileño. Las plazas del Callao y la Puerta del Sol- -ésta última, con su particular protagonismo en Año Nuevo- -vuelven a ser los puntos de encuentro de amigos y familias al completo. La primera estación sentimental está en la Plaza Mayor, que por semanas Los alrededores del Museo del Prado, más descongestionados de lo normal se convierte en una ciudad de Belén en miniatura. La muchedumbre se agolpa para ver cómo la tecnología hace de las suyas: los minicampesinos surcan la tierra a golpe de arado mientras el río- -el del belén, no el Manzanares, que sigue cerrado por derribo -serpentea bajo el puente que flanquea el portal. Muy cerca de allí, otra serpiente, impaciente de domingo, deja su Rastro por la ribera de Curtidores. Es la otra Navidad, la de saldo y pago al contado. Al otro extremo del corazón madrileño se llega por otra arteria, llamada Preciados. La castañera calienta el ambiente y, ahora, el que desfila es el humo entre el ejército de bolsas pegadas a la muchedumbre. Es el espíritu navideño, que desborda la calle y trepa por los balcones, engalanados de luciérnagas parpadeantes que se funden con el neón del centro comercial. A sus pies, el amarillo Movilidad suma 40 euros a la cesta del conductor confiado. Un niño zarandea la mano de su padre y le asegura, con los ojos como platos, que acaba de ver a Baltasar pasar bajo su turbante. Anda, niño, que es un inmigrante angolés le responde casi sin pensar. Sin embargo, un perfume a mirra inunda el ambiente de la plaza. Sí, ya está aquí la Navidad.