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ABC VIERNES 9 12 2005 Opinión 5 MEDITACIONES ACUDIR AL CLÁSICO LEVABAN un tiempecito entretenidos en buscar otros culpables pero cuando pintan bastos (caída libre en las encuestas y grave papeleta europea, con un recorte casi brutal de fondos) los socialistas prefieren acudir a sus clásicos. Y entre ellos a Aznar, el gran culpable de todo Ayer volvieron a sacarlo a pasear y a hacerle responsable del previsible batacazo que van a recibir los intereses españoles cuando lo acordado en Niza pase a la historia. Por si fuera poco, el secretario de Estado de Comunicación convocó a la prensa para hacer saber que Zapatero será firme en la defensa de los intereses de España La aclaración resulta muy inquietante. Pero si nos escabechan en Europa, que quede claro que la culpa es de Aznar MARCO AURELIO L LEER Y PENSAR PREPÁRESE QUE LLEGA ENERO HORAS EN UNA BIBLIOTECA DE VIRGINIA WOOLF El Aleph Barcelona, 2005 295 páginas 19,5 euros Sabiduría de Bloomsbury El ensayismo de Virginia Woolf en el Times Literary Suplement había quedado eclipsado por su papel como precursora del feminismo. A partir de Books and Portraits edición de Mary Lions en la woolfiana Hogarth Press y de sus Collected Essays Miguel Martínez Lage compone un variado muestrario crítico de la escritora, auténtico canon de la cultura anglosajona. Del Walden de Thoreau a las memorias de Sarah Bernhardt; de la biografía y el cine como artes emergentes a la influencia de la Revolución Francesa en las modas y modales decimonónicos. Rousseau conminó a las mujeres a volver a la naturaleza, explica Woolf: La Revolución las dejó sumidas en la pobreza... pasaron a vestir con algodón puro y percal blanco, sin puntillas ni adornos ni exuberancias... El efecto de estas ninfas bien torneadas, al bailar en lo alto de una colina entre árboles esbeltos, es exquisito, pero también helador Leyendo sus ensayos descubrimos una Woolf inédita, que formula una crítica radical de las modas: Sólo los grandes artistas, que no se concentran en otra cosa, saben representar su época. Los sastres y los ebanistas, por lo general, la caricaturizan Sabiduría de Bloomsbury. SERGI DORIA ALTAN escasos veinte días para que se ejecute una ley repleta de ribetes absurdos consensuada por el Gobierno y la oposición. A partir del primero de enero usted no podrá fumar más que en su casa. Eso en el caso de que su personal de asistencia doméstica, si es que lo tiene, se lo permite. Bien está que en determinados lugares no se fume: la cabecera de la cama de hospital de un enfermo de enfisema pulmonar, por ejemplo, no es el mejor sitio para prenderse un cigarrillo. Si no se fuma en los centros de trabajo se mejora, indudablemente, la atmósfera, vale. También en los cines, sea. Y en los autobuses. Y en el tren. Estoy dispuesto hasta a negociar los estancos. Lo que haga falta con tal de ser pulcro y políticamente correcto: poner cara de espanto cuando alguien prende un cigarro forma parte de la estética cursi y ridícula de nuestro tiempo, pero reparen en CARLOS algo que nuestros fascistoides reHERRERA presentantes políticos han decidido en el Senado, incluidos los tontos del Partido Popular: usted no podrá acceder con sus hijos a un bar en el que haya alguien fumando. Piénsenlo bien. Esa barra prodigiosa a la que usted acude los domingos con su hija de catorce años al objeto de saborear una tapa de boquerones o de jamón quedará, a partir del día 1 de enero, reservada a usted. Exclusivamente. A esa misma hija le pueden administrar, sin usted saberlo, la famosa píldora del día después Incluso le pueden proporcionar una guía de sexualidad escrita por cualquier imbécil en la que le aconsejen el roce homosexual o la tórrida promiscuidad de la adolescencia desinhibida como ocurrió en Castilla- La Mancha. Cosa que debería decidir usted, no el ministerio de turno. Pero entrar en un bar en el que haya un tipo fumando en la esquina de la barra, ni hablar. ¡Hasta ahí podríamos llegar! F Ese es el signo de nuestro tiempo: una serie de mentecatos estúpidos deciden por nosotros lo mejor para nuestros hijos. En Cataluña, sin ir más lejos, no dejan entrar a los niños en los toros, temiendo que puedan adquirir el virus detestable de la torería o de la españolidad. Lo justifican aduciendo que la violencia estética podría malcriarles. Sin embargo, no se preocupan de que agarren unas cogorzas espantosas cada fin de semana en las calles de cualquier ciudad. A partir del primer día de enero, los guardias vigilarán con mucho fervor represivo que ningún adolescente se encuentre en escenarios fumadores, pero consentirán cínicamente que se concentren en cualquier esquina a machacarse el hígado con ginebra de garrafa administrada por cualquiera de las tiendas de chinos o de españoles que proliferan por todas las esquinas. La miseria personal que caracteriza a la mayoría de nuestros munícipes les lleva a considerar que son futuros votantes a los que no molestar bajo ningún concepto. Si usted, en función de su soberanía educativa, decide que sus hijos pueden convivir con los humos asumidos de su entorno, sepa que pasará a formar parte de la grey detestable que no vive acorde con el tiempo de corrección política que una serie de merluzos ha dictaminado. El Estado, representado por unos sandios con carné, le ha sustituido a usted. Y usted a tragar. La misma Nochevieja se vivirá el esperpento de tener que fumar fuera de la sala de celebraciones a partir de las uvas. Y eso que me decía Rajoy que, al final, el sentido común se iría imponiendo en casos como ése. No sé qué entiende por sentido común, pero de lo votado por la panda de inútiles de sus senadores se desprende todo lo contrario. ¿Será verdad que son todos iguales? Prepárense los obesos, por cierto, que son los próximos. Y conste, por cierto, que esto lo escribe uno que hace veinte años que dejó de fumar.