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ABC MIÉRCOLES 7 12 2005 Espectáculos 55 Mañana se cumplen 25 años del asesinato de John Lennon a manos de Chapman, un joven perturbado que le asesinó en una calle de Nueva York. Libros y películas recuerdan al ex Beatle que convirtió su vida en una bandera contra la violencia Un sueño abatido a tiros TEXTO: MERCEDES GALLEGO, CORRESPONSAL NUEVA YORK. Para muchos, los años 60 acabaron súbitamente una fría noche de 1980 con el estampido de cinco disparos. A las 11 de la noche de lo que tenía que haber sido un vulgar lunes 8 de diciembre, moría en la acera John Lennon, y con él los espejismos de otros soñadores como el ex Beatle, que creyeron poder cambiar al mundo tapando los fusiles con margaritas, y haciendo el amor entre nubes de marihuana. El mundo despertaba abruptamente a la sordidez de los años 80, donde el sida y la heroína reemplazarían a la inocencia perdida. Algunos siguen buscándola cada 8 de diciembre en Strawbery Field, ese rincón de Central Park al que Lennon miraba desde su ventana, mientras trataba de escapar del mito en el que se había convertido. En esa ventana aparece cada 9 de octubre una vela que pone Yoko Ono para celebrar su cumpleaños, pero nunca su muerte. En esta noche de diciembre los que padecen la nostalgia son quienes buscan sus sueños rotos. A la luz de las velas y los mecheros, sus ojos brillan en la oscuridad. Algunos, cortados por el aire frío, los más, embargados por la mística del momento. Los desconocidos se agarran de las manos, por unas horas el sueño de Lennon parece poder cumplirse, Imagina que todo el mundo viviera la vida en paz Se suben a los bancos, corean sus letras al son de guitarras desgarradas con fuerza por gente que, como Lennon, aún cree en el poder de la música para cambiar al mundo. Aquel 8 de diciembre de 1980 no era la primera vez. Chapman ya había estado antes en Nueva York dispuesto a acabar con Lennon, pero no lo hizo. También esa tarde, cuando la pareja salía de casa en dirección a los estudios, Chapman pudo haber apretado fácilmente el gatillo mientras le pedía un autógrafo. En lugar de eso acarició en el bolsillo el frío revolver del calibre 38 que se había comprado legalmente por 197 dólares en Honolulú y le tendió un ejemplar de su último disco, Double Fantasy para que se lo firmara. Nadie logra visualizar qué pasó por la mente de este joven perturbado durante esas horas en la oscuridad de la calle, pero sabemos que Chapman hablaba en su mente con los pequeños hombres de una ciudad imaginaria en la que él era el alcalde. El antihéroe que en el otro bolsillo llevaba un ejemplar de El guardián entre el centeno nos dejó a todos atormentados por la absurda ironía de matar a alguien que pedía Dar una oportunidad a la paz y que luchaba contra sus propios demonios. Avalancha de libros y películas Hoy Lennon tendría 65 años, y su querida Yoko Ono, 72. Ella sigue viviendo para perpetuar su nombre, como si fuera la única manera de evitar que su propio sueño se rompa. Hace dos años donó los derechos de Imagine a Amnistía Internacional porque pensó que nadie mejor que esta organización representaría el espíritu de la canción que se convirtió en himno. Odia estos aniversarios, porque, para ella, Lennon era algo tan físico que sigo echando de menos su presencia dijo la semana pasada en una entrevista concedida al diario Wisconsin State Journal Aun así, se ha sumado a la avalancha de libros y películas que ha desatado estas necrofílicas bodas de plata para contrarrestar la vendetta privada que ha disputado la primera mujer de Lennon, Cynthia Powell, con su libro John Al contraataque en defensa del héroe que ha cultivado, la artista de origen japonés ha arrastrado a gente como Mick Jagger, Elton John, Joan Baez, Bono y Carlos Santana a nutrir el aura del ex beatle en Memmories of John Lenon Dice que si estuviera aquí estaría protestando contra otro sinsentido, la invasión de Irak, pero la era en la que las margaritas paraban guerras se acabó con su muerte. Y en la nuestra, la de las epopeyas en busca de armas de destrucción masiva y cruzadas de oro negro, sólo las novelas de Agatha Christie tienen un final cerrado, con causa y motivo, en el que el juego de todos los personajes cuadra como en un puzzle. No importa cuántos aniversarios celebremos y cuántos libros se escriban; la muerte de Lennon siempre será un absurdo sinsentido, incapaz de cerrar el vacío que dejó en los corazones de quienes creyeron en su conciencia social. Venganza contra el falso profeta Lo hacen cada año, llueva o nieve, y cuando los aniversarios se hacen redondos, como éste, redoblados por el eco del recuerdo en los medios de comunicación, el coro aumenta de tamaño. En verano los forofos se pasean entre las matas floreadas de Strawbery Hill en patines, deslizándose a toda velocidad por los senderos asfaltados que bordean a grupos de neoyorquinos sentados en la hierba alrededor de la cesta de picnic Pero Mark Chapman, que tanto pensó su lugar en la historia cuando le dijo impasible a la policía Yo he disparado contra John Lennon no tuvo en cuenta las inclemencias del tiempo para los futuros aniversarios de esa noche trágica. Él mismo tuvo que haberlas sentido, mientras esperaba durante seis horas la vuelta de Lennon al edificio Dakota para cumplir su macabra venganza contra su particular falso profeta. Desde la prisión de Attica, cerca de Bufalo (Nueva York) donde él también lleva 25 años en las catacumbas, verá esta noche la nieve por la ventana, y un día más se acordará de lo que hizo. No es que parezca tener remordimiento, salvo cuando se enfrenta al tribunal que por tres veces le ha negado la libertad condicional. Sus palabras hirientes, retrato de una mente enferma que no ha consentido aceptar ayuda médica en ningún momento, con el John Lennon argumento evangelista de que la religión le ha curado, se pasean estos días por televisión, en uno de los varios documentales que intentan desentrañar el sinsentido de su acto El hombre que asesinó a John Lennon Es eso, el vacío de un crimen incomprensible que ni él mismo puede explicar, lo que le ha dado el pase a la fama que buscaba. Durante un cuarto de siglo el mundo ha tratado de econtrar una razón para explicar por qué un joven de 25 años, con una vida turbulenta pero sin expediente delictivo, se enfureció tanto contra el que un día fuese su héroe y planeó friamente matarlo.