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52 MIÉRCOLES 7 12 2005 ABC Cultura y espectáculos STÉPHANE LISSNER Sobreintendente y director artístico de la Scala de Milán Confío en que los recortes culturales de Berlusconi no se lleven a cabo Hoy, 7 de diciembre, es San Ambrosio, la fecha en la que, cada año, se abre la temporada de la Scala de Milán. Una obra de Mozart, Idomeneo es el título con el que se presenta el nuevo hombre fuerte de la Scala, el francés Stéphane Lissner TEXTO: JUAN ANTONIO LLORENTE FOTO: ERNESTO AGUDO MILÁN. Ayer, el teatro de la Scala, paradigma de los coliseos líricos del mundo, olía a tinta fresca. La imprenta entregaba sus trabajos y en la puerta principal, los descoloridos cartelones de la última temporada eran reemplazados por los de la que hoy comienza cargada de preguntas. Los ojos de Stéphane Lissner, seguro de su apuesta, brillan de emoción cuando abre el primer programa, incluido en el envío de la imprenta. Bajo su nombre figuran los dos cargos- -sobreintendente y director artístico- -en que le acaba de confirmar el nuevo Consejo de Administración del Teatro, y que llevaba ejerciendo desde el pasado mes de abril, tras la salida de Riccardo Muti. Lissner es el primer superhombre scalígero no italiano en sus 227 años de historia. Es un buen momento para echar la vista atrás, cuando en Madrid se consideró que el joven extranjero como tantas veces se le llamó, no daba la talla para llevar las riendas del Real. Lissner se limita a comentar: Los que escribieron eso no tenían confianza en mí en aquel momento. Pero así son las cosas -La lidia de hoy es la más importantes de su carrera. -Con toda seguridad ésta será una de las tardes más emocionantes de mi vida. Eso es lo que me imagino. ¿Tiene miedo? -Siempre tengo miedo, pero no por mí: por los artistas. Siempre me ocurre lo mismo. -En Milán es ahora todopoderoso y sustituye a dos personas. ¿No le apetece descargar en alguien parte de la responsabildiad? -No, porque éste es mi modo de trabajar. Siempre he estado solo, y me gusta que sea así. Aquí hay cinco direcciones generales, y no está ocupada ninguna de ellas, porque no me gusta que haya nadie entre mí y los directores. Me apetece el trato directo con ellos. -Nada más llegar le tocó por una parte apaciguar a los trabajadores del teatro y, por otra, con la política. ¿Qué le produce más insomnio? -Nada. Con los sindicatos y con los asalariados del teatro tengo unas relaciones muy buenas desde el comienzo. Entre otras cosas, porque me gusta escucharles y luego desembocar en un diálogo. Si tengo claro el proyecto definitivo, el que mejor se adapte a la Scala, llegaré a convencer. ¿Y los políticos? -Aquí me han contratado por mis cualidades profesionales, no porque sea de izquierdas ni de derechas, y me han llamado porque quieren darle una proyección más internacional al teatro, y se han fijado en mi trayectoria. Con los políticos debo mantener las batallas normales para defender mi teatro. Si alguien ataca a la Scala, ahí estoy yo. ¿Qué va a ocurrir con los recortes a la cultura anunciados por Berlusconi? -Creo que no se producirán. Primero se habló de 168 millones de euros de un total de 450. De ahí se pasó a 68, y ahora se dice que esa cantidad será menor. Lo que me hace pensar que al final, si hay recorte, será poco significativo. -Se señaló a su teatro por las costosas producciones. -Eso es absurdo. El coste medio de un espectáculo aquí está en el entorno de la media europea. Lo mismo ocurre con el caché de los cantantes. La Scala ha colocado un tope de 10.000 euros, y todo se acepta con normalidad. -Abre temporada con un Mozart. En el futuro, ¿en qué proporción se escuchará música de compositores italianos? -El cincuenta por ciento. La temporada que viene será con Verdi: un montaje de Zeffirelli de Aida que dirigirá Chailly, y en 2007 será Tristan e Isolda de Wagner, con Barenboim y Chéreau. -En un día tan señalado, con un Mozart dirigido por un joven apenas conocido, y con un reparto de nombres que suenan poco, ¿qué reacción espera del público de Milán? -Si me atengo a los resultados del ensayo general, será un triunfo para todos. La interpretación será distinta, pero siempre es así. Nada tienen que ver entre sí las concepciones de Solti y de Stéphane Lissner, en una reciente visita a Madrid