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46 Sociedad MIÉRCOLES 7 12 2005 ABC Arturo Gonzalo durante la entrevista antes de emprender el viaje a Montreal ARTURO GONZALO AIZPIRI Secretario general para la Prevención de la Contaminación y del Cambio Climático Es difícil que la Cumbre del Clima acabe en éxito, pero hay que mantener vivo Kioto Antes de viajar a Montreal para participar en la Cumbre de la ONU sobre Cambio Climático, Arturo Gonzalo Aizpiri explicó las claves de unas negociaciones que se presentan duras TEXTO: ARACELI ACOSTA FOTO: JULIÁN DE DOMINGO MADRID. Hoy comienza en Montreal la fase ministerial de la Cumbre del Clima, donde los ministros de Medio Ambiente de 189 países intentarán marcar los pasos para la etapa post- Kioto. -La UE siempre ha actuado como motor de los acuerdos del clima, ¿qué espera lograr en esta Cumbre? -Es decisivo que se empiece a discutir cuál va a ser el régimen de compromisos futuros. Hay que recordar que Kioto es sólo un primer paso y no hay compromisos establecidos para más allá de 2012, que es precisamente cuando la humanidad tendrá que hacer el mayor esfuerzo para contener sus emisiones. El consenso científico estima que los países industrializados tendrán que reducir sus emisiones entre un 60 y un 80 por ciento para 2050, cuando el protocolo de Kioto únicamente establece una reducción del 5 por ciento y ni siquiera todos los países industrializados han asumido esa reducción, como Estados Unidos. -Estados Unidos ha vuelto a insistir en que Kioto no es para ellos. ¿No ha habido acercamiento de posturas desde la Cumbre de Buenos Aires? -Ha habido esfuerzos extraordina- rios por parte de todos para ir abriendo esas posibilidades de incorporación de Estados Unidos y es verdad que ha mostrado una actitud extraordinariamente contundente en la línea de que no va a aceptar compromisos cuantitativos de carácter obligatorio. Eso nos puede producir una cierta desazón, pero también es cierto que ha dado algunos pasos, como la declaración de Gleneagles, y no ha dejado de estar presente en todos los foros. No quiero hacerme trampas en el solitario ni engañarme en relación a su postura, pero sí poner en valor algunos pasos que suponen un avance cualitativo. Con todo, el salir de Montreal con un calendario y una metodología de trabajo que haga pensar que vayan a asumir compromisos más allá de 2012 es muy díficil, pero la presión interna en Estados Unidos es hoy más fuerte que hace un año. Es muy difícil que Montreal acabe en éxito, pero hay que mantener vivo Kioto y dar un paso, aunque sea pequeño, hacia el régimen futuro. ¿Y qué papel jugarán este año los países de la OPEP? Porque en Buenos Aires hicieron más oposición que el propio Estados Unidos. -Absolutamente. Los países de la OPEP, y singularmente Arabia Saudí, han tomado iniciativas para dificultar, primero, el que se alcanzaran los acuerdos de Kioto; segundo, para que el protocolo entrara en vigor y, tercero, para que sea plenamente operativo y se alcancen compromisos más allá de 2012. Este año han presentado una enmienda que pretende retrasar la aprobación y puesta en marcha del régimen de cumplimiento. Su argumento es que los países en desarrollo, que incluyen a Arabia Saudí, están sufriendo las consecuencias del cambio climático, problema que han causado los países industrializados, y que los países en desarrollo quieren garantías de que el carácter jurídico vinculante del régimen de cumplimiento sea total. Esto cuando viene de un país con la renta per cápita de Arabia Saudí resulta indignante, como lo es que en el régimen de adaptación quieran incluir las compensaciones por una supuesta pérdida de ingresos petroleros en el futuro. Resulta escandaloso que se tenga que compensar a los grandes productores de petróleo, que en muchos casos tienen rentas per cápita mayores que las de muchos países industrializados. Por eso, algo que puede ser significativo es que se pongan de manifiesto las diferencias que hay en el G- 77 (grupo de países en desarrollo más China) -Pero en el G- 77 tienen muchos clientes. -Nada es fácil, pero nuestros colegas suramericanos, que pagaban el petróleo hace tres años a 25 dólares y hoy lo pagan a 60, no van a aceptar oír que la prioridad en la adaptación al cambio climático es compensar a los productores de petróleo. Todo ello cuando acaban de vivir una tormenta tropical que les ha puesto el reloj diez años atrás en materia de desarrollo. ¿Algunos de estos países en desarrollo tendrían que empezar ya a controlar sus emisiones? -Sí, si enfocamos sólo en Estados Unidos nuestras demandas pasaremos por alto que hay grandes economías emergentes que también tendrán que empezar a ser agentes en este proceso. Hablo de China, India, Brasil, México, Argentina, República Surafricana e Indonesia. Aunque no podemos negar lo inevitable, y es que los países en desarrollo para entrar en algún régimen de compromiso van a pedir el principio de equidad, y ellos tienen niveles de emisiones per cápita mucho más bajos. Si un norteamericano emite 21 toneladas por habitante y año, qué regla obliga a un mejicano a emitir cuatro. Hay que ser flexibles y, a largo plazo, fijar un objetivo que permita avanzar a los países en desarrollo y que obligue a los industrializados a un esfuerzo adicional. Pero, indudablemente, el criterio de emisiones per cápita será imprescindible para un acuerdo futuro. -Ese criterio sería bueno para España, ¿cómo está la discusión en el seno de la UE? -En un primer momento dentro de la UE preocupaba mucho la posibilidad de establecer criterios per cápita porque supondría aceptar que esas grandes economías emergentes multiplicarían sus emisiones y el planeta no se lo puede permitir. Alemania ya ha apoyado este principio y creo que la UE tiene una visión más realista para ajustar compromisos futuros. Esto supondría para España un régimen más equitativo después de 2012, porque en el año 2002 las emisiones per cápita de Luxemburgo eran 23 toneladas por habitante y año, las de Alemania, 12,3, las del Reino Unido, 10,7, y las de España 9,8. Estamos por debajo de la media y estamos por debajo de otros países que aparecen como más cumplidores. -En la Cumbre se presentarán los últimos datos de emisiones. ¿Resulta embarazoso para España haber rebasado tanto su compromiso? -Tan embarazoso como para Canadá. Tenemos los mismos 30 puntos de diferencia del objetivo, lo que pasa es que como a España se le reconocía un incremento, tenemos un aumento mayor. Hemos tenido un extraordinario crecimiento económico y en cuatro años nuestra población ha aumentado un 10 por ciento. Eso no tiene parangón, aunque es cierto que ha habido un déficit de políticas públicas de ahorro y eficiencia energética. Por eso hay que seguir trabajando para que nuestras emisiones comiencen a dar señales de moderación.